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15.9.13

Melancolicoso: revolviendo la cocina.

A raíz de una conversación en un grupo de internet en el que participo, surgieron una serie de posts sobre los objetos de bazar que cada integrante tiene en particular estima. Del repasador del catalanet ya hablé en su momento, pero hay más recuerdos en la cocina de esta cronista.

18.3.12

Melancolicoso: Vuelve el perro arrepentido...

...con sus miradas tan tiernas,
con el hocico partido,
con el rabo entre las piernas.

Además de Juan, del último viaje a Baires me traje a Berni. A Berni me lo regaló mi papá cuando todavía vivíamos en el Pasaje. Berni es un cachorrito de San Bernardo, y originalmente venía con su barrilito al cuello.

4.3.12

Melancolicoso: El regreso del oso pródigo

Mis nombres preferidos cuando yo era chiquita eran Ramón y Francisco. Mi mamá contaba que todos mis muñecos que no eran muñecas propiamente se llamaban así. Ramón. Francisco. Ramoncito. Francisquito. Ramonet. Franciscu.
Por eso causó sensación en mi casa cuando mi tío José, a vuelta de un viaje a los EEUU me trajo un osito y le puse... Juan.
Juan, además, fue el primer (y por muchos años el único) peluche que tuve que podía lavarse, proceso al que mis otros muñecos rellenos tercermundistas y setentosos no podían someterse so pena de muerte  lenta y dolorosa. Esta característica le permitió adquirir veteranía entre el resto de los muñecos, con lo cual para cuando  empecé de nuevo a tener peluches, en la adolescencia, ya no era "un" osito sino "Mi" Osito.
Muchos, muuuuchos años después, cuando ya ganaba mi propio dinero, un día le pregunté a mi tío si se acordaba de cuándo había sido ese viaje. Por suerte conservaba el pasaporte viejo y supe que Juan había llegado a mi vida el 18 de febrero de 1980.
Después de unos años separados, en el último viaje me lo traje de vuelta. Vino en el equipaje de mano, evidentemente. Y la primera noche dormimos juntos. Obvio.


30.10.11

Melancolicoso: el catalanet

Hay objetos que se cuelan en el cofre del tesoro sin que una se dé cuenta. Y es que no son glamorosos, ni representativos artísticamente hablando, ni son de marca, ni un recuerdo del abuelo. Son objetos cotidianos, de usar hasta que se gastan y se reponen por otro similar, pero por un motivo u otro, que a veces ni una sabe porque son motivos de esos que la razón no entiende, adquieren un valor emocional que supera exponencialmente el (escaso) valor monetario que alguna vez tuvieron.
Uno de esos objetos es el que yo llamo el repasador del catalanet. Cuando yo era chiquita mi papá tenía una tienda de decoración, y de allí provino la tela que mi iaia tenía de cortina de la cocina en el pasaje y que en mi casa fue montañas de repasadores (de hecho no tengo uno sino cuatro). De dónde sacó mi papá esa tela con un pagès con barretina y todo, porrón y butifarra en mano, en el Morón de los setentas es para mí un misterio (que tal vez luego de leer esta entrada se resuelva en los comentarios, je).
La cuestión que en mi casa, desde que tengo memoria, y mi memoria va lejos, había un repasador del catalanet en uso. Ese tipo de dibujo sesen/setentoso siempre me gustó, el catalanet es lo bastante naïf y lindo para gustar a una niñita. Supongo que además me llamaría la atención el hecho de que fuera inequívocamente catalán, porque aunque la catalanidad en casa era algo naturalLLL*, aun siendo chiquita era lo bastante pensante para darme cuenta de que la normalidad de mi casa no se extendía al resto del universo (cosa que algunos adultos no logran comprender jamás).
Tanta había sido siempre mi fascinación por el personaje, que cuando me fui de casa para vivir con Nacho mi mamá me dio los dos repasadores del catalanet más nuevos que le quedaban para mi nuevo hogar. Me los traje a Europa cuando nos vinimos, aunque en los últimos años fui dejándolos de usar, por prolongar lo más posible el momento de que se gasten tanto que haya que tirarlos. En el último viaje a Buenos Aires, en el 2009, revolviendo cosas viejas en las profundidades del placard descubrí dos más, nuevos sin estrenar. Me los traje, obvio. Están en la misma pila de ropa que las sábanas bordadas de mi moisés, el vestido de bautizo de mi madre y los calzones de mi bisabuela. ¿Dónde más?

*Léase con acento barcelonés 

2.1.11

Melancolicoso: ¡Vinieron los Reyes!

~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
Este año todavía no, claro, faltan un par de días, pero una vez allá lejos y hace tiempo los Reyes no sólo vinieron; también se tomaron la molestia de responder mi cartita (tomada a dictado por mi madre)




No sé por qué me late que el Rey Mago psicopatero que escribió la carta era pelado con un grano en la nariz, jajajaja.

26.12.10

Melancolicoso Christmas Edition: La primera vez

~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~

Cuando yo era chiquita, la magia de ir y encontrarse un regalito donde ayer no había nada no se limitaba a los Reyes Magos. En mi casa pasaba seguido, pero la destinataria no era yo.

Mi iaia recibía cartas.

Cartas que yo sabía que alguien había escrito y mandado, y que las traia el cartero, pero verlas ahí, adentro del  buzón de chapa negra cuando mi iaia lo abría era para mí maravilloso.

En esa época, en que ni siquiera soñábamos con que algún día existiría internet y los teléfonos eran escasos y caros (larga distancia sólo para Grandes Ocasiones), el correo era todavía la principal, por no decir única, via de comunicación entre amigos o parientes alejados. Mi iaia se carteaba con su cuñada Ma. Anita, con su sobrina Quimeta (nombre repetido en la familia) y con sus amigas del alma, Rosita Falcó y Consuelo "Lelu" Suárez, además de correspondencia ocasional con algún otro conocido, tarjetas de navidad, postales de vacaciones, etc.

La cuestión es que recibía cartas. Y yo la envidiaba con toda la inocencia de mis tres, cuatro, cinco años... Más de una vez le había preguntado cómo tenía que hacer yo para recibir cartas. Me contestó que para recibir cartas, primero tenía que escribirlas, así los otros me contestaban. ¿Pero a quién le iba a escribir si no sabía? Además toda mi familia y mis amistades vivían cerca. Las cartas eran para la gente que vivía lejos, que no podés pasar por la casa a tomar un café o llamar por teléfono. Creo que en esa época, ni siquiera consideraba que fueran algo para comunicarse dentro de un mismo país.

Para recibir cartas, primero hay que escribirlas. Así que cuando terminé primer grado, le escribí a Rosita Falcó. No sé que le puse. Creo que fue una postdata a una carta que le escribió mi iaia, pero no tengo la más pálida idea de la extensión ni del contenido de la nota. Sin embargo, eso no es lo importante. Lo importante es que poco tiempo después recibí la primera carta de mi vida. Una tarjeta de Navidad hermosa que atesoro como oro en polvo y cuyo texto me hace llorar de emoción con cada lectura.
*

Quimeta falleció ese mismo año. Era la única familia directa que le quedaba a mi iaia en Catalunya, y perdió las ganas de escribir. No escribió nunca más. No llegaron más cartas a casa hasta muchos años después, cuando empecé a cartearme con otra gente y le tomé el gusto a la amistad postal. ¿Se lo tomé o ya lo tenía?

Ninguna de las cartas de mis penpals le llega a los talones a la de Rosita. Y cuando abro el buzón y encuentro una carta, vuelvo a sentir la misma ilusión, la misma magia, que cuando veía a mi iaia abriendo el buzón en el Pasaje.
 ______________________________________________
*Traducción: Que seas muy feliz toda la vida - Querida Nuri: Ayer recibí tu carta tan linda, así como la de tu iaia. Yo ya le había enviado unos días antes a tu iaia una tarjeta en la que le mando un saludo especial para ti. Pero al recibir hoy tu tarjeta tan simpática no puedo menos que responderte directamente para darte las gracias. Yo me pensaba que eras una niña muy pequeña y resulta que eres una señorita que ya sabe escribir en catalán y castellano. Yo te quiero, Nuri, ¿sabes por qué? Porque con tu iaia nos hemos querido mucho toda la vida. Te mando muchos besos, y dale unos cuantos a ella de mi parte Rosita.

5.12.10

Melancolicoso: Melancoliterario (2)

A diferencia de los libros-tesoro del domingo pasado, los de hoy ya fueron míos desde el vamos.

Heidi


¡Si me conocen mínimamente era obvio que no podía faltar!  Pero no se trata de la novela de Johanna Spyri, sino de la historietización de la serie animada. Piensen que me la compraban en el pasaje.

28.11.10

Melancolicoso: Melancoliterario (1)

Yo tenía diez perritos:
cinco negros, dos blanquitos,
uno rubio, otro gris,
y otro, pobre, sin nariz.
El que nariz no tenía
subió una noche al tranvía.
Empezó llueve que llueve:
ya sólo me quedan nueve.

Estas son las primeras líneas, que recuerdo de memoria, de un cuentito que era de mi mamá cuando era chica y luego mío. Se llama, apropiadamente, Los Diez Perritos.

21.11.10

Melancolicoso: Las Puyas -Quimeta Mix

En casa de mi madre vivían, además de ella, mi tío y mis abuelos, Las Tías. La tía Quimeta y la tía Trini eran primas hermanas de mi abuelo Juan, y se habían críado juntos. Quimeta, Trini y su hermano Antoni habían quedado huérfanos de chicos y mi bisabuela, a pesar de que según afirman quienes la conocieron era una tremenda HdP, se hizo cargo de los hijos de su hermano. Como era costumbre en la época los niñitos fueron a colegio religioso donde las niñas aprendían a tejer, coser, bordar, de ir a jugar nada que es pecado.  Antoni murió joven con lo que poco y nada sé de él. Trini y Quimeta nunca se casaron, vivieron siempre en casa de mi abuelo y se ganaban la vida gracias a las labores de costura (Trini bordaba como los dioses, Quimeta se tejía todo).

La cuestión es que Quimeta era un Personaje cuyas distracciones eran legendarias. Una vez se le ocurrió pintar la jaula del canario. La pintó de celeste. Con el canario adentro, que quedó como si le hubiera dado varicela pitufa. Otra vez puso a hacer huevos y se olvidó. Rato después se oyó una fuerte explosión proveniente de la cocina. Acudidos que fueron al lugar de los hechos, los habitantes de la casa se encontraron con un bonito gotelé de huevo duro decorando el techo y las paredes de la cocina. Quimeta falleció, apropiadamente, un 28 de diciembre, cuando yo tenía meses. 

Como la tía Quimeta, además, había ido al cole apenas lo suficiente para no quedarse analfabeta, su escritura, pobre, no era ninguna maravilla. Sumemos a eso su Personalidad, y entenderemos por qué el objeto que ilustra el melancolicoso de hoy supo estar colgado de un marquito en el comedor de mi casa y todo.


En la receta faltan dos cosas fundamentales ¿las encuentran? Como pista, acá está el producto terminado:

Las puies son unas masitas fritas, similares a tantas que pululan por la cocina europea. Mi iaia las hacía seguido, me encantaaaba cortarlas con los cortapastas de florcita, de arbolito y de perrito; luego al freírlas se deformaban, la florcita quedaba marchita, el arbolito mocho y el perrito tullido. Si quieren hacerlas mejor no hacerlo con la receta de Quimeta... usen mejor la de mi iaia!

14.11.10

Melancolicoso: Mucha pluma

Tengo siete estilográficas siete*, y todas en uso.

Pero las que merecen estar en esta sección son dos, más una yapa.

Cuando empecé primer grado escribíamos con lápiz, al principio. Después nos hicieron llevar lapicera de pluma, supongo que porque, a diferencia de la birome, se puede borrar con borratinta. O porque la directora del colegio tendría su fetiche propio con ellas. O porque conceptos como escribir prolijo y bien todavía eran considerados importantes en el proceso de escolarización, y la pluma siempre escribe más lindo que la birome; sobre todo entonces que no había "rollers" de gel. Éstas últimas se empezaron a ver cuando terminé la primaria, y para la Navidad de mis 13 años le pedí a Papá Noel la Parker Vector, roller ball y pluma  (♪Parker Vectooor roller-ball ♫ Qué diseño, qué color, Parker Vector roller.baaaaaall! ♪). Mi primaria fue escrita enteramente a pluma. En la secundaria la mayoría de mis compañeros usaban ya birome, tachando o usando Liquid Paper™ según fuera necesario. Yo también, muchas veces, pero siempre volvía a la pluma.

Y es que como acabo de decir, la experiencia de escribir con pluma le pasa el trapo a la birome. La uniformidad del trazo, la facilidad con que se desliza por el papel; ¡las veces que toco un papel y pienso "qué lindo que debe escribir acá la pluma"! y no veo la hora de probarle alguna de las que tengo, y pienso cuál le escribirá más lindo (porque a lo mejor un papel le va muy bien a la Pilot, pero no a la Vector, por ej.). Hay papeles que no se llevan bien con las plumas, con los cuales es mejor no insistir y limitarse a la birome que mejor les cuadre.


Pero me estoy yendo de tema, y si sigo disertando sobre las bondades estilográficas no me va a quedar nada para contar de los objetos del día. Por orden cronológico inverso:

Cuando yo tenía 9 años mi papá viajó por primera vez a Catalunya. En esa época los Pitufos eran furor, y entre los regalitos que trajo papá de vuelta me tocó esta lapicera con dibujos de la aldea pitufa y de Fortachón (hoy casi borrados del todo). La lapicera es de marca Sailor y venía con cartucho de tinta "color pitufo", o sea, entre turquesa y cian, del que papá, previsor, me trajo 3 cajitas. Las hice durar lo más que pude, pero un buen día se acabó el último cartucho color pitufo. Yo, previsora, ya había comprobado que a la Sailor no le iban otros cartuchos de ninguna otra marca que la propia. Por lo tanto y durante los siguientes 15 años, me dediqué a rellenar ese último cartucho con jeringuilla. Ya en Barcelona, se me ocurrió preguntar un día en la Central de la Estilográfica si tenían cartuchos Sailor... ¡y había! No en color pitufo, claro, así que me los compré en negro. De paso, gracias a Internet, me enteré de que Sailor es una marca japonesa de puta madre (aunque debería haberlo sabido por el trazo perfecto de la pluma y el color intenso de la tinta). Igual en la última carga la llené con pitufa turquesa... digo... tinta pitufa!


Como mencioné antes, promediando primer grado nos pidieron una lapicera "de cartucho". Yo, hasta ese momento, ni siquiera sabía de su existencia. Pero al pasar el pedido en casa mi mamá, sin inmutarse, me dio su Parker 45. A ella se la había regalado la empresa cuando trabajaba en Eaton Ejes, como testimonia el grabado en el capuchón.Yo era una de las pocas en el aula que tenía una lapicera buena. Obvio que con el correr de los años y por el efecto rebaño también tuve la Scheaffer escolar y unas cuantas 303 (naranja, turquesa, plateada, rosa... ¡qué truchas que eran, por Dios! No sé cómo escribía con eso, la pluma la mirabas fuerte y se doblaba).
Cabe acotar que así como las Parker escriben que es una maravilla, los cartuchos, a pesar de su compartimiento mágico con tinta de reserva, son una mierda pinchada en un palo. ¿Por qué? Porque son increíblemente duros de abrir. Tanta fuerza había que hacer, que en un momento sucedió lo temido: se partió el pitorro que encaja en el cartucho. Ahí quedó la pobre Parker, mutilada por culpa de su propia familia. Fue a partir de ese momento que comencé a perforar cada cartucho parker a mano (de la Vector, remember) antes de colocarlo. Hace poco años cambiaron la punta del cartucho pero sigue siendo la misma mierda con distinto plastiquito, o peor. Incluso escribí una carta a Parker explicándoles mi drama, que fue contestada con indiferencia corporativa, diciendo que con los años el pitorro se debilitaba (!) y sugiriendo que pusiera la lapicera en vertical y apretara el cartucho contra la mesa para perforarlo (con lo que sólo consegui doblar el cartucho como una banana, dicho sea de paso).
Por suerte a principios de este año conseguí en Mercado Libre el repuesto de la parte rota, y mi Belle Mère me lo trajo cuando vino para estos pagos. Parker rides again :)


Hace dos semanas fui tan pelotuda que sin darme cuenta tiré el último cartucho Sailor vacío de la cajita que había comprado en Barna, y en Alemania no venden. Pero le pedí a San Google y logré matar dos pájaros de un tiro: me compré un convertidor de un distribuidor suizo, y acá en la city hice lo propio con las Parker. ¡Se acabó la tiranía del cartucho en esta casa! (aunque eso no represente de modo alguno el fin de mis experimentos con tintas de colores y jeringas en los que termino con los dedos manchados y corriendo a agarrar una toallita de papel para embeber el desastre).

Este es uno de los plumines de mi avi Juan. En casa había unos cuantos, que jamás se usaban, claro. Alguna vez experimenté con él, para ver cómo era eso de escribir mojando la pluma en la tinta cada vez, "como era antes", y me cansé fácil, claro está. Más recientemente lo usé para escribir los sobres de las invitaciones a mi casamiento. En el anteúltimo viaje me los traje todos. ¡Escriben tan lindo!


*La Parker 45, la Parker Vector, la Sailor de los Pitufos, la Rotring Artpen (M), la Pilot Vortex, la Online Piccolo Tri-color y la Lego Clikits 1.9

25.4.10

Melancolicoso: mi mundo es un pañuelo

¿Queda alguien que use pañuelos de tela? ¿Aparte de los señores que los usan para secarse el sudor de la frente? A riesgo de sonar peligrosamente antediluviana, cuando yo era chiquita no había pañuelitos de papel. Era el de tela o el papel higiénico que, dicho sea de paso, no era doble capa troquelado mega suave ultraabsorbente con dibujos de cachorritos de labrador, era poco menos que una lija para el ano. Así que una se sonaba los mocos con un pañuelito de verdad. Y como una se resfriaba -y se resfría- cada invierno varias veces, la pila de los pañuelitos no era nada despreciable. Cuando estaba resfríada me iba a la escuela con un pañuelo en cada bolsillo del guardapolvo, más el que tuviera en el bolsillo del pantalón, y a veces igual volvía a casa sonándome sobre mojado. Debajo de la almohada siempre tenía dos: uno a cada lado, pues es incómodo demás estar dormitando sobre el costado derecho y tener que darse vuelta para buscar el pañuelo porque quedó del lado izquierdo de la almohada o viceversa.
A mi perro Bartolo, cochino él, le encantaba chuparse los pañuelos. Cuando conseguía robarse uno de la pila de ropa para lavar, se lo llevaba al jardín y lo lamía prolijamente sujetándolo con las patitas. Jamás rompió ninguno.
Mis pañuelos preferidos, y supongo que nadie se sorprenderá al oirlo, eran los que tenían puntillitas en el borde. En segundo lugar venían los finitos casi transparentes, por la suavidad de la tela. En algún momento, en las profundidades de algún mueble de casa, encontré pañuelos viejos de mi mamá, todos bordaditos y puntillosos, y se volvieron mis preferidos... los usé poco pues derivaron a la caja de los tesoros.

Cuando era muy chiquita, además, mi iaia cada tanto recibía pañuelos de un conocido de Catalunya que los fabricaba, un tal Guasch. A mí me parecía súper glamoroso eso de que conociera un fabricante de pañuelos. Además los pañuelos de Guasch eran muy bonitos, y la calidad mejor que la de los que comprábamos habitualmente. Por no decir lo exótico que me resultaba eso de que tuvieran la marca incorporada.

 A medida que se desgastaban y rompían, se iban reponiendo. En Morón solíamos comprar en la calle, generalmente venían en packs de dos o tres con diseños similares en colores distintos, así que entre mi mamá y yo elegíamos los diseños y nos repartíamos los colores: ella se agarraba los marroncitos, yo los rosas y celestes. En una ocasión, en un puestito frente a la desaparecida perfumería Yvonne, que estaba en 25 de Mayo entre Rivadavia y Brown, me compró un set de siete pañuelos infantiles con los días de la semana... en inglés, que en ese entonces para mí era iun idioma totalmente ajeno. El que más me gustaba era el del martes, porque el martes venía María a limpiar, y estaba bueno, cambiaba la rutina de la casa, para mí era más como si viniera una tía que una limpiadora. Una masa, María.
El pañuelito del martes fue el único que me quedó de ese set.

Y para amenizar, un clásico total a tono con el tema de hoy:

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18.4.10

Melancolicoso: Dedicado a mi amiga Nordita

Hoy es el cumpleaños de mi amiga Nordita, así que aprovechando la volada y los tesoros del día, que de ella provienen, le dedico la presente edición melancolicosa.

Cuando me vine a Europa, Nordita me regaló a Boo a modo de souvenir. Si vieron la película Monsters, sabrán que Boo es la nena a la que Sully está encargado de asustar. Y si no vieron la peli, véanla que está muy buena. Esta Boo es de la Cajita Feliz de Merdónals, empresa en la que mi amiguita trabajó mucho tiempo. La verdad que al lado de la de la peli salio bastante fierita, pobre Boo, pero el muñequito de monstruo es tan tierno!

Muchos años antes de esto,  resulta que un día fui a lo de mi amiguita y, sobre su mesita de luz, vi el muñequito más bonito que una se pueda imaginar. "¡¡¡Ahhhhhh qué liiiiindooooo!!! ¿De dónde lo sacaste?" "¿Qué cosa?" El bichito, claro. Amor a primera vista. "¿Lo querés? Llevateló, te lo regalo" "¿Boluda en serio me lo das?" ¡De verdad, yo no podía creer que mi amiguita me lo estuviera regalando! Pero me lo dio, nomás. "Se va a llamar Lamparito", sentencié. "Vos estás mal de la cabeza", o algo por el estilo, concluyó Nordita. Pero Lamparito es una masa.
 
¡Y tiene poderes!


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11.4.10

Melancolicoso: Y el negro que me apantalle.

Muchos años antes de que los Loco Mía los convirtieran en símbolo freak, los abanicos, los de toda la vida, formaban parte de mi vida diaria. En cierta manera. Porque en realidad eran de mi iaia, para quien no eran más que un instrumento de uso cotidiano destinado a apantallarse en época estival. En Buenos Aires es un accesorio en desuso, reservado a las viejas que bajaron del barco hace 50 años. Sólo cuando desembarqué en España me di cuenta de que allí es de uso corriente, sin importar la edad, y que los abanicos de plástico y encajes que se traen los turistas de recuerdo no son más que eso, souvenires para los guiris. Los abanicos de verdad, los que usa el pueblo, son los de láminas de madera, los que usaba mi iaia, los que incluso se pueden comprar en las tiendas chinas por poco dinero.

Me encantaba -todavía me encanta- el ruidito que hacen al abrirlos o cerrarlos de un saque, técnica adquirida y sólo aplicable a abanicos que ya estén baqueteados por el uso.

El abanico fetiche de mi iaia -que era bastante grande y tenía pintadas unas flores tipo margarita en azul- se le terminó haciendo mierda todavía en vida, así que pasó a usar este marrón, que a mí me parecía muy fiero. La última lámina se le hizo moco y está pegada con Poxipol.
 Este es otro abanico que solía usar mi iaia, también bastante destruido; le faltan láminas, de ahí la poca apertura y la gomita glamour cero sujetándolo para que no se descajete todo.
Este lo usaba poco, porque es chiquito, pero me lo prestó para cuando actué de Dama Antigua en 3r grado, para el 9 de julio.

Al final, un día le pedí que me regalara un abanico sólo para mí, y me dio este, que elegí yo misma. por supuesto lo usaba sólo cuando estaba en lo de mi iaia y nos apantallábamos en estéreo. 

Los abanicos son lindos, ocupan poco espacio, no gastan electricidad y quedan glamorosos. Pero el hombre es un animal de costumbres, y una ya nació en la era del ventilador y el aire acondicionado, y llegó tarde al apantallaje como hábito y no como medida desesperada en caso de sofoco. 


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4.4.10

Melancolicoso: Fichus

La otra vuelta en la librería del pueblo, junto a la caja, tenían un display con sobres de figuritas de no me acuerdo qué. Más allá del tema de la colección, que seguro es pedorrísmo como la mayoría de los actuales productos para niños, me quedé flasheando: ¡todavía existen las fichus!

Las 'fichus' marcaron nuestro paso por la primaria. Cada año salía una colección nueva - o varias, aunque una siempre llevaba la delantera. Los sobrecitos traían 3 ó 4 figuritas y salían muy baratos, no recuerdo cuanto, pero era normal comprarse de 3 a 5 por día y, si una había ligado plata extra, comprarse 10 de golpe era todo un placer.

A medida que el álbum se iba llenando, las repetidas se acumulaban, a veces en pilas tan altas que apenas podíamos manejarlas con nuestras manitos de infante. Llegado cierto punto, hacíamos uso de la "trampa" que las editoras (Cromolandia, Ultrafigus, Cromy et al) ponían a disposición del coleccionista, para llenar el álbum: Se trataba de enviar a la editora la lista de figus que faltaban, junto con un cheque o giro postal por el importe total. En este caso, cada figurita faltante se cobraba al precio de un sobrecito, cosa que en su momento me parecia carísimo pero tiene su lógica: si te faltaban por ejemplo cinco, fijo que ibas a tener que comprarte más de cinco sobrecitos para completar el álbum. Y es que por más que las editoras aseguraran que todas las figus se inprimían en igual cantidad, siempre había alguna que te faltaba a vos y a todas tus amigas.

Mi primer álbum de figuritas fue el de Sarah Kay, en el '82. Constaba de cerca de 200 figus (no llegaba) y la ultimas 50 o así eran autoadhesivas. Estaba dividido por temas: los juegos, la casa, navidad, el amor... Los dibujos de Sarah Kay son una belleza por donde se los mire. Las nenas de Sarah Kay juegan, estudian, trabajan o se enamoran sin perder nunca la inocencia y la alegría de vivir.

  
Al año siguiente le tocó a Frutillitas. Nada sabíamos de este personaje: sólo que era linda y que estaba en las figuritas. Sólo mucho tiempo después atiné a ver por cable los dibujitos originales. Ahí me desayuné que su nombre original era Strawberry Shortcake (que me parecía y me sigue pareciendo una cagada). Los dibujitos, una garcha. Pero el merchandising se la bancaba. Las fichus tenían perfume de frutilla (en realidad un olor dulzón indeterminado). Un año después, en el 84, salió el 2do álbum de frutillitas, que también junté. Las fichus con el borde de puntitos más chiquitos corresponden a este último.
Paralelamente, mi hermanito, a la sazón un niñito de jardín, juntó el álbum de Snoopy. Este también tenía parte de las figus adhesivas.

En el 85 salió un tercer álbum de Frutillitas, pero no tuvo éxito, no sé bien por qué, pero lo cierto es que ni yo ni mis compañeritas lo juntamos. En el 86 le tocó el turno a los Ositos Cariñosos, otra caterva de personajes super lindos que eran mejor en fichus que en el dibujito original. Lo más curioso es que nos enganchábamos a juntar estas figus sin conocer dichos originales, solo porque eran lindas.  Creo que esto habla por sí solo del valor estético de los personajes de entonces. Como los Ositos Cariñosos eran de la misma factoria (American Greetings Co.) que Frutillitas, el álbum incluía una aventuta de esta última en versión "baby". También este álbum fue el primero que vino con figuritas "raspá y olé" que despedían aromas pretendidamente florales o frutales. También incluían algunas figuritas que no eran en realidad parte del álbum, sino stickers con letras decoradas, para poner donde una quisiera.
Al año siguiente, otro personaje-de-álbum-de-figuritas-derivado-de-dibujito-desconocido-y-pedorro: Rainbow Brite. Las figuritas ya venían todas autoadhesivas, y la novedad es que traían algunas troqueladas en colores flúo (lo que se ve rosa choto en la 2da fichu de la foto...). En el espacio libre que dejaba el troquelado, estrellitas flúo para pegar donde una quisiera.
La última colección de fichus que hice, ya casi sola porque el resto de la peña se había vuelto adolescente de golpe, fueron los Wuzzles, en el '88. A estos sí los conocía, eran una serie de dibujitos (buena) de Disney que se emitía junto con los Osos Gummy y las Patoaventuras (otras dos grandes series) en el Club de Mickey, conducido por las Trillizas de Oro. También traía stickers de letras. Es el único álbum que no llegué a llenar, a pesar de la posibilidad de pedir las figus por correo... Fue el fin de una etapa. Al año siguiente, cuando salió el álbum de unos tal Popples (unos muñecos que se enrollaban en sí mismos), ya no le veía sentido a esos personajes raros de los que no había oído hablar en mi vida.

Paralelamente mi hermano tuvo sus colecciones de varón: autos, Gobots (que mal llamaban Transformers), Italia '90 y no sé si algún otro, esos son los que recuerdo.
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28.3.10

Melancolicoso: Miscelánico

Hoy traigo dos inclasificables o, si se quiere, dos descolgados para los que no encontré compañeros de rubro o hilos conductores con que agruparlos en cualquier otro domingo.

Este bonito cocodrilo hecho con mostacillas e hilo proviene de las profundidades, no de las cloacas de Nueva York sino del placard de mi abuela. No sé quién lo hizo, o de dónde salió, pero los cocodrilos son animales grandotes y peligrosos -Tarzán los peleaba!- así que me parecía muy cool que mi iaia tuviera uno. Se podrá argüir que esa cabeza parece más de culebra que de cocodrilo. No señor, que digo yo que es un cocodrilo y se acabó. Lo más loco es que si no fuera por los más de 50 años que tiene, podría ser uno de esos colgantitos que una lleva en el móvil.

Esta es una vela y data de cuando mi mamá era chica. En Argentina y en los 80's, las velas de cumpleaños no distiinguían demasiado por su creatividad. Mi mamá siempre me decía lo bellas que eran las velas que había en Barcelona cuando ella era chica. Y yo mucho no le creía, hasta que en algún momento y de lo más profundo de algún armario apareció esto. Fue a parar directo con los tesoros. Y mi mamá diciendo que esta vela, en realidad, no era gran cosa.

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21.3.10

Melancolicoso: En cajita.

Las de hoy son dos cajitas con un muy digno lugar en la caja de los tesoros. Vale aclarar que no todos los objetos presentados en esta sección están físicamente en la caja de los tesoros. Y es que dicha caja es más que un lugar físico, es un estado de gracia.

Esta miniatura solía ser una cajita de música. La tenía mi iaia. Por su tamaño, obvio, no se abría, pero a mí me gustaba sacarle la tapa y observar como se movía el mecanismo al sonar. Lamentablemente no recuerdo la melodía que tocaba, que no era conocida, y a mí me gustaba mucho. Encima de todo, la cajita era de nácar, mi perdición. El mecanismo se rompió dos o tres veces, y la última mi papá ya no la pudo arreglar. Así que se lo saqué y, girándole el piso interior 180 grados (para tapar el agujero de la cuerda), quedó una cajita tipo pastillero. Que nunca usé para guardar nada. Y es que ya tenía más de tesoro que de cajita...

En esta cajita tan barroca, forrada por dentro con un terciopelo que alguna vez deber haber sido blanco o marfil y ahora es color de gos com fuig, mi iaia tenía unas lentejuelas traslúcidas y tornasoladas, del año de maricastaña (desde que tengo uso de razón estaban ahí), que venían enhebradas en un hilo, con lo que en realidad se veían como una vivorita o guirnaldita... Lo recargado de la cajita, la señora en la tapa, el brillo de los objetos que contenía: pocas cosas en el maravilloso placard de mi abuela me parecían tan principescas. La verdad que hoy la miro y es bastante fiera, pero ¿qué es la convención estética frente a la fantasía de una niña? Las lentejuelas las volé, y ahora la cajita está en el alféizar de mi ventana. Adentro guardo mis aros. Es el extraño caso de un tesoro que encontró el camino de vuelta y volvió a cumplir con su función en esta vida.

19.3.10

Insistimos: Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

Todo parece indicar que el Consejo de Ministros aprobará hoy viernes en Sevilla la «Ley de Economía Sostenible», que incluye la conocida como «Ley Sinde», que permitirá el cierre de páginas web en sólo cuatro días. Y todo parece indicar también que lo hará sin modificación alguna a pesar de los informes negativos de distintos órganos consultivos.
Nos sumamos a los blogs que republican hoy el manifiesto conjunto del pasado mes de diciembre ante lo extremadamente grave que nos parecía y nos parece esto, y animamos a todo el mundo a hacer lo mismo:
Eneko/20minutos.es
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red, en España ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
También está disponible en inglés, francés, portugués brasileiro, sueco y catalán, gallego, asturiano, aragonés, euskera.

14.3.10

Melancolicoso: Claro como el cristal

O el vidrio, que para este caso es lo mismo pero no queda tan shock-punch para el título. Hoy presento mi debilidad kitsch: los animalitos de vidrio. No, no los biyuyescos objetos de colección de Swarovski (esos también, pero antes de tener ninguno necesito una vitrina y la señora que me lo limpie) sino los clásicos y sesentosos muñequitos de vidrio de colores. Me encantan. No sé si por animalitos, por sesentosos o por qué, pero me encantan. Si no me compro más de los que tengo es porque me faltan la vitrina y la señora que me los limpie.

En los dos extremos, sendos colgantitos de torta de quince no sé de quién pero sos una ídola; sobre la lupita, dos blancas palomitas. La de arriba la encontré un día semienterrada en el jardín de casa, un Misterio de la Vida total. El perrito marrón era de mi mamá, tiene una patita rota; el resto me los compré en la feria hippy de Morón.

En segundo lugar, siguiendo con la materia prima que nos ocupa, presento mis bolitas (evitemos el chiste fácil...). Las marroncitas cualifican como uno de mis tesoros más antiguos, ya jugaba con ellas en el Pasaje, no tanto a las bolitas precisamente sino a admirarlas como las gemas que eran. Durante años -hasta que mi hermanito empezó a jugar con sus propias canicas- fueron las únicas que conocí. Si mal no recuerdo creo que habían sido de mi tío. En un determinado momento, además de las clásicas bolitas con firulete de color en el medio, mi hermano se agenció un par que eran tornasoladas, y se las requisé.

7.3.10

Melancolicoso: La pequeña Nerd

 No, la pequeña nerd del título no soy yo. Es mi madre. La pequeña nerd prefería los libros a las muñecas, era fan de Tarzán y Sandokan (a falta de Luke Skywalker, y World of Warcraft, supongo...) y jamás creyó en los Reyes Magos, entre otras frikadas (¿será que el frikismo es genético?). Mi madre fue a escuela religiosa, como todo infante en la España de Franco, y a pesar de haber sido siempre ateísta-agnóstica, se lo pasó bomba en el cole. La congregación que lo dirigía había sabido ser de clausura, pero la malaria después de la guerra civil había obligado a las monjitas a buscarse la vida de forma más mundana, y abrieron el colegio. Esa apertura al mundo parece que, además, les había abierto la cabeza, y la enseñanza que impartían estaba muy lejos de la cosa opresiva, culposa, represiva y demás lindezas clásicas de otros establecimientos confesionales. Con frases que se grabaron en su mente como "Para ser un buen cristiano hay que conocer la historia de los judíos" y "Los que no conocen a Dios, si son buenos se van al cielo igual", mi madre estaba muy contenta de haber estudiado con las "monjas subversivas".
Subversivas, pero de nivel. Era costumbre, no sé si general pero al menos en el Colegio de las Hermanas Carmelitas de la Caridad sí, dedicar un cuadernito a "souvenir" del curso. Es decir, si Ud. señor papá, Sra. mamá, no tiene ganas de guardar los 8 cuadernos llenos de pelotudeces que su hija hizo en el año, pero a la vez le da pena no guardar un recuerdo de su evolución académica, ¡no se preocupe! En un único cuadernito, extra prolijo para la ocasión, va a encontrar un muestrario de las cosas que las niñitas aprendieron durante el curso.
El cuadernito tiene unas cuantas páginas, yo acá posteo un par para que sirvan de muestra-de-la-muestra. Más allá algún comentario particular a las fotos per se, estoy 99,7% segura de que hoy en día ningún niñito/a al finalizar 2do grado (la fecha en el cuadernito no deja lugar a dudas) es capaz de producir algo semejante.


 Tapa. La pequeña Nerd ya domina técnicas de scrapbooking.

 
Portada en pequeñanerd.ttf

 
 Presentación. El estilo grandilocuente clásico de la época es mortal. Pago por oir esto leído por Casero.

 
 ¡Se le trafucó un renglón! ¡The Horror, the Horror!

 
En el hermoso clima político imperante, las tiernas criaturitas eran obligadas a escribir aberraciones como ésta. Me llama la atención que la bandera no tiene la banda central más ancha, como debería ser. ¿Inocencia de niño o vista gorda de monjitas subversivas?


Ptas.800 = € 4,81 JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!!

~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~