Mostrando las entradas con la etiqueta Castillos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Castillos. Mostrar todas las entradas
22.7.09
Poniéndose al día II: Bamberg
Hace dos semanas (27/6) seguimos exprimiendo nuestra tarjeta mágica de los castillos de
Baviera y fuimos con Dani a Bamberg. Bamberg es una agradable ciudad al norte de Baviera, cuyo centro histórico es Patrimonio de la Unesco. En dicho centro destaca el antiguo ayuntamiento, erigido en una isla en medio del río, con paso de carruajes atravesando el edificio, conectado a ambos lados del río con sendos puentes, y con un anexo en balconada que parece que se va a caer. Es también célebre por su cerveza ahumada, de la que Nacho se compró unas botellitas.
Mientras buscábamos donde estacionar acertamos a entrar en la iglesia de la abadía de St. Michael. Aunque el barroco no me gusta, tengo que reconocer que en esta iglesia en particular se luce y mucho. Es una especie de barroco minimalista, si se me permite el oxymoron. Los frescos del techo son súper delicados.
Pero al principio hablé de castillos, y es que en Bamberg hay uno. El edificio es en ele porque está inacabado, lo cual, según nos explicó la guía, resultó una suerte: si se hubiera construido la otra ala, la antigua residencia del príncipe arzobispo -hoy museo de la ciudad- hubiera desaparecido. El palacio residencial de Bamberg es en su mayor parte barroco. Como dije, se trataba de un arzobispado, por lo que la autoridad la ejercia el arzobispo. A su muerte, la arquidiócesis designaba a su sucesor, ya que
evidentemente el obispo, en tanto cura, no tenía hijos. Al menos oficialmente, claro. Luego de la secularización de la ciudad y su anexión a Bavaria en 1802, el palacio se convirtió en una de las residencias de la familia real de Baviera. Más notoriamente, sirvió como residencia permanente en el exilio del rey Otto de Grecia (príncipe de Baviera) luego de su abdicación. Los cuartos ocupados por Otto y su esposa Amelia presentan un estilo clasicista: el rey vivió sus últimos años extrañando horrores una Grecia en la que había pasado prácticamente toda su vida y que sentía mucho más suya que su Baviera natal.
Luego del castillo comimos en un restaurant bien bávaro: Nach codillo con salsita y Semmelkloß (una especie de bola de pasta grandota, como un ñoqui con anabólicos) y Dani y yo nos deleitamos con Jägerschnitzel con Spätzle y rossinyols . Luego tocó paseo por la ciudad y vuelta a casa con paso por el Decathlon de Würzburg, único lugar donde Nach consigue zapatillas de su número a precios populares.
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
20.7.09
Poniéndose al día I: Newschwanstein
Convengamos que tener una sección semanal que puedo programar con antelación no ayuda a mis ataques de fiaca bloguística.
El mes pasado (11-6, para ser más exactos) fuimos al archifamoso castillo de Neuschwanstein. Previo a éste,
visitamos el de Hohenschwangau, que está justo enfrente y es donde Ludwig II -quien luego construiría Neuschwanstein- pasaba sus veranos de niño, junto con su familia, claro. Llegamos a Schwangau (el putopueblo donde stán los castillos en cuestión) el día anterior por la nochecita y dormimos en la carpa, así nos evitábamos tener que madrugar para hacer las excursiones.
Hohenschwangau es una mezcla de estilos. Construido a principios del siglo XIX sobre los cimientos, en ruinas, de un castillo anterior, Maximiliano II quiso recrear un castillo gótico. Sin embargo, de gótico no tiene ni el exterior. Por dentro el estilo corresponde a los de la época: neoclasicismo e imperio, muy discreto -ya que era apenas "la casita de verano"- y, por lo tanto, muy agradable, incluso hoy no es disparatado imaginarse habitando el lugar. La habitación de la reina es en estilo otomano, divina, y no desentonaría en un boutique-hotel . Las fotos adentro no están permitidas, pero pueden verse algunas en la página oficial.
Después de comer rica comidita bávara fuimos a Neuschwanstein, con con
Tani, Nico, Dani y Jia (q no vinieron a Hohenschwangau, vinieron al mediodía). No necesito decir lo maravilloso que es el castillo por fuera: la ubicación inmejorable, sobre un peñasco aislado en la precordillera alpina, y la cuidada estética exterior le dan un aire tan de cuento como atestiguan las innumerables fotos que circulan por todos lados.
Antes de pasar al interior, sin embargo, y para que se entienda mejor a lo que voy, es menester conocer un poco la historia del castillo o, más bien, de su artífice. Ludwig II no tenía todos los patitos en fila. Para simplificar las cosas, basta decir que vivía bastante desconectado de la realidad (me hizo acordar un poco a Michael Jackson en ese sentido), era un solitario empedernido, por no decir ermitaño, gay de armario y megalómano.
El castillo -uno de tres que construyó, sin importarle que se estaba endeudando hasta la médula con dinero público-, p
or empezar, no fue diseñado por un arquitecto sino por un escenógrafo. Así de fuerte era el impulso de Ludwig por refugiarse en un mundo de fanstasía. Además era fan y mecenas de Wagner, y los frescos del castillo reflejan escenas de las historias tradicionales germanas que éste transformara en óperas.
Neuschwanstein quedó inacabado; sólo un par de pisos están terminados y abiertos al público. La decoración, fastuosa, una fantasía neogótica-barroca en mayor parte, con toques bizantinos en la sala del trono, muy recargado. Las paredes recubiertas en madera trabajada, el abigarrado diseño y colorido de revestimientos, frescos y tapices le dan al interior una pesadez y oscuridad -no sólo óptica- que desentona estrepitosamente con el entorno natural que rodea el palacio. No estoy diciendo que el interior sea feo: eso sería incorrecto e injusto. Pero es, pongámosle, como si al entrar en la casita de Heidi una se encontrara con un loft todo vidrio, acero y dicroicas. Y no tiene que ver con un tema de lujo:
Nymphenburg (donde nació Ludwig II) o Sans-Souci son claros ejemplos de que se puede combinar eficientemente un jardín silvestre con suntuosidad regia. Lo que sí está muy lindo son las habitaciones de servicio (que parecen la cabaña de Heidi, jejeje...)
De alguna manera, creo, Neuschwanstein refleja la neurosis de su promotor: un exterior hermoso -dicen las crónicas que Ludwig era muy buen mozo- tras el cual hay un interior oscuro y retorcido.
Las fotos adentro no están permitidas, pero en la web oficial hay un tour virtual.
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
25.3.09
Perdizione fiorentina
Florencia es, en efecto, una perdiciòn para una abnegada coleccionista de papel de carta como servidora. Las Cartolerie abundan a lo largo y a lo ancho de esta bellìsima ciudad a la que arribamos anteayer lunes procedentes de Nàpoli. (Ya gastè un platal, y comprè sòlo lo màs bonito de lo que no es carìsimo de la muerte)
Lo màs lindo de Florencia es la ciudad misma. Como otras ciudades que conservan un buen nùcleo antiguo, da gusto perderse en sus calles angostas y descubrir iglesias, palacios y plazas. El lunes fuimos a la catedral de Sta. Maria dei Fiori, màs conocida por su cùpula, el Duomo, la construcciòn del cual no sòlo es un prodigio de la arquitectura de todos los tiempos (en cuanto a tècnica) sino que està teñida de puterìos totalmente novelescos (Nacho ya los contò) . No subimos ni al duomo ni al campanile, en parte por presupuesto
y en parte pq me dolìa bastante una rodilla (ahora estoy mejor). Sì fuimos al batisterio, cuyo techo de mosaico es un espectàculo.
A la tarde fuimos a una expo en el palazzo Strozzi sobre la historia de la astronomìa, que a Nach le interesaba especialmente porque incluìa bastante material de las aportaciones de Galileo al tema. Estuvo interesante, aunque habìa demasiados astrolabios para mi gusto.
Tambièn admiramos las esculturas de la Loggia dei Lanzi, junto al Palazzo Vecchio, y pasamos por el Ponte Vecchio, aunque es màs lindo visto "de afuera" que "de adentro".
Ayer arrancamos en la galleria degli Uffici, enorme museo donde entre otras obras se encuentra el archifamoso cuadro del Nacimiento de Venus de Boticelli. Nunca entendì què tiene de maravilloso este cuadro (si alguien con conocimiento de arte me lo puede explicar, le agradezco) y verlo en persona confirmò mi (falta de) sentimiento hacia el mismo. No me parece que estè tan bien pintado como otras obras del mismo autor; incluso en una sala adyacente habìa un cuadro representando la Fortaleza, tambièn de Boticelli, que me pareciò muchìsimo mejor. Ademàs, siempre lo vì como mal compuesto, las figuras como recortadas, toscas, no sè. En fin. Lo que me encantò de la galleria fueron los frescos de los techos, una filigrana de motivos grotescos que era una locura.
De Uffici fuimos a la basìlica de la Santa Croce,
donde estàn enterrados varios grossos de la historia italiana, como Galileo, Miguel Angel, Maquiavelo... Hay tambièn un claustro muy agradable. Despuès nos dirigimos al Palazzo Vecchio, una belleza, con unos salones esplèndidos, unos cielorrasos de marqueterìa impresionantes y màs frescos de grotesco.
Los comentarios gastronòmicos lamentablemente escasean en este relato, pues con nuestro ajustado presupuesto nuestra alimentaciòn se compone bàsicamente de pizza. Ayer sin embargo decidimos comer un poquito màs decentemente y yo me pedì ravioles con manteca a la salvia. Estaban deliciosos, bien caseros.
Hoy arrancamos con caminata temprana hasta la loma del— eh... hasta Piazzale Michelangelo, del otro lado del Arno, subiendo la cuesta, desde donde se tiene una hermosa vista de la ciudad. Un poco màs arriba està la iglesia de San Miniato al Monte, que vale la pena cada escalòn. Es una basìlica romànica del siglo 11, con unos policromados hermosos y una cripta preciosa. Bajamos y pasamos por la iglesia de Santa Felicità, dimos una vuelta por el barrio y fuimos a la Capilla Brancacci, en la Iglesia del Carmine. Està muy bien, pero por la fama que tiene me imaginaba algo mucho mejor (me quedo con San Miniato).
Comimos nuestra pizza para llevar en la explanada del Palazzo Pitti, el cual visitamos luego de este espartano almuerzo. La entrada es bastane salada, pero teniendo en cuenta el lujo que uno se encuentra adentro no està tan desubicada de precio. Lo que sì nos pareciò una desubicaciòn total fue que a las 13:45 cierran la mitad de las salas de la galerìa de arte moderno. Por què? No lo sabemos, no nos interesa, nos parece un timo teniendo en cuenta que el museo cierra recièn a las 19, y no te cobran menos despuès de esa hora. A mì la bronca sòlo se me pasò un poco despuès de que enganchàramos una visita guiada al baño de la duquesa, que contaba con la novedad de tener canillas de agua frìa y agua caliente, allà en el siglo 18. Me gustaron especialmente las naturalezas muertas -un gènero que generalmente no me gusta- de una tal Giovanna
Garzoni, pintora del siglo 17. Son preciosas, podrìan pasar perfectamente por un dibujo moderno. Tambièn habìa un par de Tentaciones de San Antonio, siempre tan fascinantes.
A la tarde hicimos doble merienda. Es que en un pub irlandès atendidos por japoneses cerca del ponte de la Trinità habìa capuccino y porciòn de bizcochuelo por 2,50, pero previo a esto, nos habìamos tomado un helado. Nacho se decantò por limòn y mora, siempre discreto, èl, pero yo quise probar gustos nuevos, asì que me pedì merengue y rosa. El merengue me delira, y esto tenìa màs de merengue que de helado asì que yo feliz. El de rosa era muy rico, delicado, pero junto con el de merengue formaban una combinaciòn explosiva. Boccatto di cardinale!
(Clic para agrandar las fotos)
17.3.09
La princesa en Ansbach
El sábado sacamos a relucir nuestra tarjeta mágica de visitar castillitos y fuimos a Ansbach, acá cerquita. Es una de esas ciudades, como Heilbronn, de las que sólo conocíamos la estación de tren, combinando para ir a Munich.
Primeramente Mi Amado Esposo y nunca mejor dicho, me dejó retozar en una tienda divina que vende exclusivamente materiales para scrapbooking. Me hubiera llevado todo de puro lindo, pero me conformé con un par de accesorios tipo letraset y un cacharro para colocar remachitos.
Luego de la tienda ésta fuimos a comer algo, aunque no estábamos particularmente hambrientos, porque ya era mediodía y si no, íbamos a estarlo mucho a la salida del castillo, y a una hora donde no seria tan facil encontrar un almuerzo decente. Entremos en un restaurantito lindo y comimos el plato del día, fideos moñitos con una salsita de espinaca, jamón y huevo duro, muy ricos y abundosos por poca plata.
Y entonces sí, fuimos al Palacio Residencial. Tuvimos suerte porque en el horario de la visita quiada que nos tocó, la 1 pm, éramos sólo nosotros y otra pareja (mayores), con lo que pudimos hacer todo el recorrido con tranquilidad e incluso viendo algunas cositas, como los pasadizos de la servidumbre, que no creo q muestren cuando el grupo es de 15 ó 20 monos.
El palacio no es, por supuesto, ni el de Würzburg ni el de München, pero está muy bien. Mayormente es estilo rococó, con algunas salas redecoradas en neoclásico. Detalles que a una le pareces sacrílegos como pintar de blanco los dorados a la hoja, para los entonces habitantes del palacio era simplemente cuestión de estar a la moda en tendencias de decoración sin gastar demasiado, ya que en los últimos tiempos estaban endeudados hasta el tuétano. Afortunadamente, tales aberraciones no alcanzaron más que unas pocas habitaciones, pues en 1791 la marca de Ansbach quedó sin herederos, se anexó a Prusia y cerraron el castillo, muchos de cuyos muebles fueron llevados a la Residencia de Munich. Lamentablemente, el salón de fiestas estaba siendo restaurado y no lo pudimos apreciar en su esplendor.
Igual que los otros palacios rococó que hemos visto, las molduras son maravillosas. De este palacio destaco una antecámara repleta de florcitas doradas de papel maché (como lo leen) y las coloridas pero discretas flores del cielorraso de la galería de cuadros. El tapizado rojo de la sala de audiencias del margrave se mantiene, increíblemente, sin rastro alguno de decoloración, incluso con la tela desintegrándose en algún rincón.
Una de las antecámaras de la margravina es de estuco rosa, ¡princesita total! Otra estaba tapizada en verde manzana, divino. Y los flecos del baldaquino de la margravina eran una belleza total.
Una car
acterística interesante del palacio es que la mayoría de trabajos artesanales, muebles, etc. fueron hechos en Ansbach mismo o en pueblos vecinos. Esto incluye, por ejemplo, los más de
2.800 azulejos del comedor diario, todos distintos.
~ Las fotos de interiores son de Wikipedia. Recuerde: Haciendo clic se agrandan! ~
5.11.08
La Princesa en su hábitat natural II
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
El finde siguiente a Würzburg, o sea 25 y 26 de octubre, fuimos a Munich. Munich es la capital de
Baviera y, como era de esperar, nos proveyó de varias ocasiones para seguir amortizando nuestra tarjeta mágica.
Arrancamos el sábado en el Nymphenburg Schloss. Era el palacio de verano del príncipe elector Fernando María, quien lo mandó construircomo regalo para su señora, Adelaida Enriqueta de Savoya (no me van a negar que es un nombre maraviyyyoso) en ocasión del nacimiento de su primer hijo varón, y por lo tanto
heredero. Está en las afueras de Munich, a 10 minutos de tranvía. El palacio es de estilo rococó, con algunas salas que más tarde se acondicionaron en estilo imperio. Se entra por un salón precioso, con vistas al jardín anterior y posterior, doble altura, muy diáfano (mi cara de feliz cumpleaños de la foto se repite en todas cuanto salgo). Siguen varias antecámaras y habitaciones, aunque ninguna como el primer salón. En una de esas habitaciones nació el rey Luis II de Baviera, quien luego construiría Neuschwanstein (a donde iremos ni bien podamos). Otra, muy original, es la Galería de las bellezas. Mandada a hacer por el rey Luis I de Baviera. Al muchacho le gustaban las chichises, y mandaba retratar a las mujeres más bellas que conocía. En esa época, se relacionaba la belleza con la virtud, por lo que se suponía que las lindas eran buenas.
No todas las retratadas eran damas nobles: algunas eran simples plebeyas, que el rey se cruzaba en sus paseos por la ciudad. Viendo la colección completa (que originalmente no estaba en este palacio) es posible formarse una buena idea de cuál era el tipo que agradaba al rey.
Saliendo del palacio y dentro de los impresionantes jardines, que se extienden por varias hectáreas, está Amalienburg. Este palacete hacía las veces de "cabaña de cazadores" y fue un regalo del príncipe elector Carlos VII (nieto de Fdo. Ma.) para su esposa.
El palacete es sencillito, mas sólo en número de habitaciones: tiene un salón de espejos increíble, con decorados en estuco color plata sobre fondo celeste que le da un acabado finísimo. También tiene una cocina preciosa, alicatada con azulejos de diseño chinois, pero en delicado azul estilo Delft, y piso de terracota. Contra las paredes interiores se ubican los fogones, de material.
Las otras paredes tienen grandes ventanas al parque. La zona ajardinada está restringida a la explanada frente y justo detrás del palacio Nymphenburg; en el resto de terreno la vegetación es agreste, aunque eso sí, con canalcitos y laguitos y puentecitos barrocos. Y patitos y gansitos y cisnitos, claro. Una mononitud.
Luego del tour tocó vueltita por el centro, cena y bar con amigos y pernocte en casa de los mismos. Al día siguiente nos levantamos relativamente temprano para ir al Palacio Residencial de Munich, ubicado en el centro
de la ciudad. El palacio en cuestión es enorme. Se comenzó a construir en el S. 14 y se fue ampliando en etapas hasta el 19, con lo cual la seguidilla inacabable de habitaciones (130, las que están abbiertas al público) presenta muchos estilos distintos, aunque predominan el barroco y renacentista. Me llamó la atención el dormitorio de estado, habitación ricamente engalanada en estilo rococó donde, en realidad, no dormía nadie.
Su función era ser enseñado a los visitantes como muestra de la opulencia real. No fueron tan lejos en este sentido como en Francia, donde el rey se levantaba y se acostaba en presencia de la corte e invitados de honor. Otro "highlight", así, con comillas, es el primer patio, el patio de la gruta, un aborto una aberración composición de conchillas y caracoles que me retrotrajo al traumático recuerdo de la Grottensaal del Neue Palais de Berlín.
Del hall de entrada, por una gruesa puerta blindada se accede al Tesoro.
Allí se exhibe una impresionante colección de joyas y objetos valiosos. Los objetos litúrgicos los pasamos de largo, los juegos de tocador son primorosos, aunque hemos visto otros. Lo que es fascinante es un Sant Jordi totalmente trabajado en piedras, un laburo de hormiga tremendo, todo chiquititito, un nivel de detalle apabullante. Lo que más me gustó, sin embargo, fueron las coronas, obviously. Había un montón, de distintas épocas y estilos. A modo de muestra, una medieval, una gótica y una (presumo) de la época napoleónica.
Adosado al palacio se encuentra el teatro Cuvilliés, llamado así por el arquitecto que lo diseñó y que también fue responsable del Amalienburg y de varias habitaciones del palacio. El teatro fue destruido en la 2da guerra (aunque gran parte del equipamiento fue puesto a salvo antes) y durante muchos años quedó en ruinas, pero recientemente lo restauraron y este año se volvió a abrir al
público como teatro con la presentación de Idomeneo, que se estrenó en este mismo teatro en 1781.
De ahí nos fuimos caminando hasta la Pinakotek der Moderne, que visitamos previo almuerzo en un restaurantito simpático justo enfrente. Tiene una colección muy completita de arte moderno con nuestros amigos habituales (Picasso, Miró, Gris, Klee, et al); varios ladris infaltables en estos museos, y una sección de diseño industrial bastante decente. A una cuadra está la Alte Pinakotek, con cuadros de los siglos XIV a XVIII. Lamentablemente, varias salas de pintores flamencos estaban cerradas por reformas, pero igual estuvo interesante. Salteamos (igual ya no nos daba el cuero) la Neue Pinakotek, dedicada al S. XIX, que mucho no nos entusiasma. Tras la merienda en un coqueto café art nouveau frente al Museo, emprendimos la vuelta al pueblo.
Allí se exhibe una impresionante colección de joyas y objetos valiosos. Los objetos litúrgicos los pasamos de largo, los juegos de tocador son primorosos, aunque hemos visto otros. Lo que es fascinante es un Sant Jordi totalmente trabajado en piedras, un laburo de hormiga tremendo, todo chiquititito, un nivel de detalle apabullante. Lo que más me gustó, sin embargo, fueron las coronas, obviously. Había un montón, de distintas épocas y estilos. A modo de muestra, una medieval, una gótica y una (presumo) de la época napoleónica.
Adosado al palacio se encuentra el teatro Cuvilliés, llamado así por el arquitecto que lo diseñó y que también fue responsable del Amalienburg y de varias habitaciones del palacio. El teatro fue destruido en la 2da guerra (aunque gran parte del equipamiento fue puesto a salvo antes) y durante muchos años quedó en ruinas, pero recientemente lo restauraron y este año se volvió a abrir al 2.11.08
La Princesa en su hábitat natural I
Hace un par de semanas fuimos a Würzburg. Ya habíamos estado el año pasado, pero esta vez íbamos a ver el palacio, que es patrimonio de la Unesco. Como de costumbre, fui encomendada con la tarea de buscar horarios y precios, y es ahí cuando me enteré de la existencia de algo maravisshhoso: el pase anual de los Palacios de Bavaria. Por la módica suma de 65 Euros entre los dos, podremos visitar todos los palacios estatales de Bavaria, durante un año, las veces que queramos!
Empezamos por supuesto con la Würzburger Residenz. El palacio es en estilo rococó, totalmente principesco. Gran parte fue reconstruida despés de la 2da guerra, en que la ciudad fue bombardeada maaal. Por suerte lograron rescatar muchas cosas
que habían desmontado, justamente, previendo que les podía caer un cuetazo, pero de todas maneras el daño fue considerable. Destaca la escalinata de acceso al primer piso, una bestialidad digna de que Cenicienta pierda en ella el zapatito. Las molduras son absolutamente espectaculares, mayormente asimétricas, con formas que recuerdan olas rompiendo, relieves súper artísticos y hasta falsas cortinas, todas de estuco, "colgando" de algunos techos. El salón imperial estaba en proceso de reforma, por lo que de él sólo vimos unos cuantos andamios y, eso sí, las arañas en primer plano, pq las habían descolgado y estaban en sendas vitrinas a nivel de piso. La otra perla es el salón de los espejos, que viene a ser a este palacio lo que el dormitorio caribeño al de Sans Souci: tan fiero que es hermoso. Lo que sí no tiene comparación es el trabajo artesanal contenido en las cuatro paredes de la habitación.
Está TODA cubierta de espejos decorados, un laburo tremendo. Cuando la segunda guerra, ante la imposibilidad de desmontar la sala (pues los espejos estaban cimentados a la pared) no tuvieron mejor idea que taparlos construyendo una especie de gran cajón de madera. Fue peor el remedio que la enfermedad: el bombardeo incendió la madera, que ardió a tal temperatura que derritió la totalidad de los espejos. La reconstrucción de esta habitación duró casi una década, con un costo de 3 millones de Euros (de un total de 20 millones invertidos en la Residenz completa).
Otra sala muy bonita y sumamente original es el Grünlackiertes Zimmer. Originalmente estaba pintada de plateado con barniz verde por encima, lo que le daba un color verde metalizado, alegre y cálido. El trabajo de marquetería del parquet de este cuarto es impresionante .
Después de pasear un poquito por los jardines del palacio, y de almorzar, fuimos al Castillo
. Sí, porque Würzburg tiene palacio, en el centro de la ciudad, y castillo fortificado, en una colina cruzando el río Main por un puente divino con estatuas al estilo del Puente Carlos, de Praga. A los patios del castillo se accede libremente, pero adentro del edificio propiamente no habíamos estado, pues se entra pagando... o con nuestra tarjeta maravillosa, claro. El castillo es más antiguo que la Residenz y por lo tanto más despojado, igual es hermoso. Desde la colina, en las laderas de la cual se cultiva la vid, se tiene una hermosa vista de toda la ciudad.
Antes de emprender la vuelta tomamos la leche en un barcito muy fifí al lado del puente.
NOTA: Como en el interior del palacio no estaba permitido hacer fotos, las que ilustran esta entrada están sacadas de distintas web. De la de la habitación de espejos y la hab. laqueda se accede a sendos tours virtuales, así que si quieren "recorrer" el castillo, sólo hay que clicar en la imagen.
que habían desmontado, justamente, previendo que les podía caer un cuetazo, pero de todas maneras el daño fue considerable. Destaca la escalinata de acceso al primer piso, una bestialidad digna de que Cenicienta pierda en ella el zapatito. Las molduras son absolutamente espectaculares, mayormente asimétricas, con formas que recuerdan olas rompiendo, relieves súper artísticos y hasta falsas cortinas, todas de estuco, "colgando" de algunos techos. El salón imperial estaba en proceso de reforma, por lo que de él sólo vimos unos cuantos andamios y, eso sí, las arañas en primer plano, pq las habían descolgado y estaban en sendas vitrinas a nivel de piso. La otra perla es el salón de los espejos, que viene a ser a este palacio lo que el dormitorio caribeño al de Sans Souci: tan fiero que es hermoso. Lo que sí no tiene comparación es el trabajo artesanal contenido en las cuatro paredes de la habitación.
Está TODA cubierta de espejos decorados, un laburo tremendo. Cuando la segunda guerra, ante la imposibilidad de desmontar la sala (pues los espejos estaban cimentados a la pared) no tuvieron mejor idea que taparlos construyendo una especie de gran cajón de madera. Fue peor el remedio que la enfermedad: el bombardeo incendió la madera, que ardió a tal temperatura que derritió la totalidad de los espejos. La reconstrucción de esta habitación duró casi una década, con un costo de 3 millones de Euros (de un total de 20 millones invertidos en la Residenz completa).
Otra sala muy bonita y sumamente original es el Grünlackiertes Zimmer. Originalmente estaba pintada de plateado con barniz verde por encima, lo que le daba un color verde metalizado, alegre y cálido. El trabajo de marquetería del parquet de este cuarto es impresionante .
Después de pasear un poquito por los jardines del palacio, y de almorzar, fuimos al Castillo2.6.08
Poniéndose al Día IV - Every Girl is a Princess
Al día siguiente nos fuimos a Potsdam, capital del estado de Brandenburg (Si Berlin= Cap. Fed => Brandenburg= Pcia. de Buenos Aires => Potsdam=La Plata). Allí solía tener su residencia el rey de Prusia, y éste tenía toda la torta, así que cuando un palacio le quedaba chico directamente se construía otro.
Yo, que soy una princesa, podría haberlos visto todos y cada uno, pero como iba con Mi Amado Esposo, tuve que elegir entre él y el reino (¿el trono, o María?) , así que sólo vimos un par. Arrancamos en Sans Souci, el palacio de verano. Todo en estilo Rococó, un despliegue de dorados y firifláis que me faltaban sólo los zapatitos de cristal. No encontré fotos en la web, pero la habitación estilo "caribeño" es de una extravagancia tal, que no pude menos que amarla. Dicen que en ella pernoctó Voltaire.
Tras visitar la cocina, impresionante, diviiina con una de las primeras cocinas económicas gigantesca y moldes varios de hacer pasteles, visitamos los edificios aledaños. Como el bruto palacio se ve que en seguida les quedó pequeño, el rey se hizo hacer otro palacete al lado para albergar su colección de cuadros (nada excepcional); y otro palacete más para guardar sus naranjos en invierno para protegerlos de las heladas - que luego reconvirtieron en palacio de huéspedes (parece que en un arranque de plebeyez, al rey le encantaba tener frutales en sus jardines y autoproveerse de fruta, aunque conforme a su real condición, dicha inclinación incluía invernaderos donde crecían hasta bananos y el mencionado palacete-orangerie).
De ahí nos fuimos caminando hasta el Neues Palast, o sea el palacio nuevo. Parecía cerca pero nos tiramos un buen rato. En el camino vimos la casa china, un coqueto salón de té donde seguramente les prepararía la infusión el chef chino que tenían contratado a ése sólo efecto. La razón por la que el Neues Palast, desde la distancia, nos parecía cercano, no era otra que el tamaño gigantesco del mismo. Tan grandioso, que en la vereda de enfrente construyeron dos palacios más a modo de dependencias de servicio (hoy sede de la Universidad de Potsdam). El palacio divino también, mayormente rococó que era el estilo preferido del rey, pero con transiciones al Neoclásico que era el estilo de moda cuando lo construyeron. Como este palacio se usó hasta fines del S. XIX, incluye modernitudes tales como baños, un ascensor, y timbres para llamar al servicio: "Jakob! Das Kind hat Durst und es gibt keine Orangen!".
Sin embargo, así como el kitsch de la habitación tropical de Sans Souci era entrañable, nada podía prepararme para the horror que supuso ver la perla (negra) del palacio nuevo: la Grottensaal,
o sea, el "salón-gruta". Una pesadilla fantasía barroca cuyas paredes y cúpulas están recubiertas de conchas marinas de todo tipo, tamaño y color, formando motivos conformes al estilo rococó del edificio. Las fotos que encontré en la web (acá a la derecha - adentro no te dejan hacer fotos) no le hacen justicia a lo espantoso del conjunto. El souvenir de caracoles más estrafalario y fiero que haya una visto en los chiringuitos playeros es un huevo de Fabergé en comparación con el decoricidio cometido en esa sala.
Después de tanto Rhocóucou, como decía la audioguía en inglés, nos refrescamos con los diseños racionalistas del museo de la Bauhaus. Chiquito pero cumplidor. Divinos los objetos a la venta, casi tan lejos de nuestro presupuesto como el palacete Rhocóucou propio. De la Bauhaus fuimos caminando hasta Potsdamer Platz, donde vimos nuestros primeros restos del muro. Los de Potsdamer Platz están separaditos, expuestos para el turista. En una calle cercana había un buen trozo de muro "al natural". Por ella habíamos tomado para ir al famoso Checkpoint Charlie, donde visitamos el museo del Muro. En él se muestra y explica con meticuloso detalle la angustia, el anhelo de libertad y los escapes de los ciudadanos de la RDA hacia la parte occidental.
Me quedé con una frase de uno de los grafittis del muro: "Tutti i muri, prima o poi, vengono abatutti"
Reventados regresamos a nuestros propios cuarteles y, en un ataque de estoicismo, nos dignamos ir hasta un Biergarten cercano después de cenar para tomar algo. Dado que estábamos hechos trizas no tuvimos ocasión de detenernos a apreciarlo; pero en esa esquina del Tiergarten, las farolas que alumbran el camino son un museo al aire libre, el de la luz, así que volvimos a la residencia entre lámparas de gas, como en el XIX, como corresponde a una princesa como una.
~ Nota: las imágenes de interiores de museos no son mías, pertenecen a los sitios web a los cuales enlazan.~
Yo, que soy una princesa, podría haberlos visto todos y cada uno, pero como iba con Mi Amado Esposo, tuve que elegir entre él y el reino (¿el trono, o María?) , así que sólo vimos un par. Arrancamos en Sans Souci, el palacio de verano. Todo en estilo Rococó, un despliegue de dorados y firifláis que me faltaban sólo los zapatitos de cristal. No encontré fotos en la web, pero la habitación estilo "caribeño" es de una extravagancia tal, que no pude menos que amarla. Dicen que en ella pernoctó Voltaire.
De ahí nos fuimos caminando hasta el Neues Palast, o sea el palacio nuevo. Parecía cerca pero nos tiramos un buen rato. En el camino vimos la casa china, un coqueto salón de té donde seguramente les prepararía la infusión el chef chino que tenían contratado a ése sólo efecto. La razón por la que el Neues Palast, desde la distancia, nos parecía cercano, no era otra que el tamaño gigantesco del mismo. Tan grandioso, que en la vereda de enfrente construyeron dos palacios más a modo de dependencias de servicio (hoy sede de la Universidad de Potsdam). El palacio divino también, mayormente rococó que era el estilo preferido del rey, pero con transiciones al Neoclásico que era el estilo de moda cuando lo construyeron. Como este palacio se usó hasta fines del S. XIX, incluye modernitudes tales como baños, un ascensor, y timbres para llamar al servicio: "Jakob! Das Kind hat Durst und es gibt keine Orangen!".
Sin embargo, así como el kitsch de la habitación tropical de Sans Souci era entrañable, nada podía prepararme para the horror que supuso ver la perla (negra) del palacio nuevo: la Grottensaal,
Después de tanto Rhocóucou, como decía la audioguía en inglés, nos refrescamos con los diseños racionalistas del museo de la Bauhaus. Chiquito pero cumplidor. Divinos los objetos a la venta, casi tan lejos de nuestro presupuesto como el palacete Rhocóucou propio. De la Bauhaus fuimos caminando hasta Potsdamer Platz, donde vimos nuestros primeros restos del muro. Los de Potsdamer Platz están separaditos, expuestos para el turista. En una calle cercana había un buen trozo de muro "al natural". Por ella habíamos tomado para ir al famoso Checkpoint Charlie, donde visitamos el museo del Muro. En él se muestra y explica con meticuloso detalle la angustia, el anhelo de libertad y los escapes de los ciudadanos de la RDA hacia la parte occidental.
Me quedé con una frase de uno de los grafittis del muro: "Tutti i muri, prima o poi, vengono abatutti"
Reventados regresamos a nuestros propios cuarteles y, en un ataque de estoicismo, nos dignamos ir hasta un Biergarten cercano después de cenar para tomar algo. Dado que estábamos hechos trizas no tuvimos ocasión de detenernos a apreciarlo; pero en esa esquina del Tiergarten, las farolas que alumbran el camino son un museo al aire libre, el de la luz, así que volvimos a la residencia entre lámparas de gas, como en el XIX, como corresponde a una princesa como una.
~ Nota: las imágenes de interiores de museos no son mías, pertenecen a los sitios web a los cuales enlazan.~
30.1.07
Me enamoré de una puerta
El finde pasado estuvo Vivi, la tia de Nacho, de visita. Llegó el viernes por la tarde y fuimos a cenar junto con la gente de P&G a un restaurant acá en el pueblo de comida típica. Nacho y yo comimos una carnecita de cerdo que venía con salsa de hongos y spätzle, y Vivi una salchicha no-sé-de-cuál (todas tienen sus nombres) con lentejas y spätzle. He descubierto con agrado que acá los hongos son muy populares, los hay de varios tipos y en presentaciones varias.
Fuimos a conocer Nürnberg. La ciudad es preciosa, tiene un centro viejo muy grande y bien conservado (o reconstruido, ya q en la 2a guerra quedó hecho mierda). Fuimos al Kaiserburg -el castillo del emperador- que aúna varios puntos de interés. Primeramente vimos el museo, con una colección de armas y armaduras medievales, estuvo bien. El chabón de la boletería estaba como una cabra y se emperró en vendernos a los tres boleto de estudiante. Si es para ahorrar está bien. A continuación vimos el pozo, que tiene 45 m de profundidad hasta la superficie del agua. Luego tocó el palacio, y ahí es donde nos ensartamos. No porque el lugar no valiera la pena, es precioso, con unos muebles antiguos y unas marqueterías impresionantes, pero la guía... Una vieja cachivache maaaal, léase revoque grueso en el rostro, boina de crochet con aplique de flor sobre cabellos quemados de tinte rojo y El detalle: abrigo de plush imitación leopardo!!! Bueno, la cuestión que la vieja la verdad sabía mucho, aunque yo no le entendiera casi nada pq la visita era en alemán, el problema es que hacía las explicaciones más largas que puteada de tartamudo, un embole total!!! Y estábamos ahí atrapados pq la entrada era sólo con visita guiada. Una tortura, estuvo 1:15 hs. para ver 5 salas, pq la última dilatada explicación que dio, sobre la corona del emperador, fue en un pasillo con un diagrama delante, así q no cuenta. Al abrirse la puerta de salida huimos a ver rápidamente la Torre, desde la que se domina toda la ciudad, y nos fuimos raudos a buscar algo para comer, que a todo esto ya eran más de las 3 así que estábamos famélicos.
Para llegar al Kaiserburg atravesamos todo el centro, nos metimos en tres iglesias: la de San Lorenzo, la de Nuestra Señora y la de San Sebaldo. En esta última es donde nos encontramos con la Mejor Puerta del Mundo, una maravilla escultórica que pareciera estar hecha por un hijo ilegítimo de Subirachs y Tim Burton.
Después fuimos al Germanisches Nationalmuseum, que vimos un poco a los pedos e incompleto pq llegamos sólo una hora antes de cerrar. El viaje de ida y vuelta fue toda una experiencia aparte. Justo ese día jugaban Stuttgart vs. Nürnberg, y el trayecto en ambos sentidos, asardinados entre hinchas borrachos y fiesteros nos retrotrayó impiadosamente a nuestros días de FFCC Sarmiento. Además de lo que ya sabíamos -que la Grasada es universal- ahí descubrimos que los cantitos de fútbol también lo son: la única diferencia era que estaban en alemán, pero las melodías idénticas a las q pueden escucharse en el Camp Nou o el Monumental. Cosa 'e Mandinga. El domingo tocó brunch en el Café Frank -el lugar más top de Crailsheim- para celebrar el cumple de la mujer de un compañero de Nacho, q también llegaron hace poco. Era buffet, así q nos llenamos a reventar. Para terminar de suicidarnos, tarta de arándanos. Yum.
Después fuimos al Germanisches Nationalmuseum, que vimos un poco a los pedos e incompleto pq llegamos sólo una hora antes de cerrar. El viaje de ida y vuelta fue toda una experiencia aparte. Justo ese día jugaban Stuttgart vs. Nürnberg, y el trayecto en ambos sentidos, asardinados entre hinchas borrachos y fiesteros nos retrotrayó impiadosamente a nuestros días de FFCC Sarmiento. Además de lo que ya sabíamos -que la Grasada es universal- ahí descubrimos que los cantitos de fútbol también lo son: la única diferencia era que estaban en alemán, pero las melodías idénticas a las q pueden escucharse en el Camp Nou o el Monumental. Cosa 'e Mandinga. El domingo tocó brunch en el Café Frank -el lugar más top de Crailsheim- para celebrar el cumple de la mujer de un compañero de Nacho, q también llegaron hace poco. Era buffet, así q nos llenamos a reventar. Para terminar de suicidarnos, tarta de arándanos. Yum.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)