Algunos ya saben, otros no; han sido unos meses de locura que recién ahora empieza a aflojar. Locura y felicidad, pues después de languidecer por demasiado tiempo en la frígida Alemania, hemos vuelto a Barcelona.
Mostrando las entradas con la etiqueta Cotidiano. Mostrar todas las entradas
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1.8.14
16.7.13
Paseo matutino
Hoy, como quien dice, me caí de la cama. Me desperté a las 6:30 y, siendo verano, habiendo ya sol, no tenía sentido volver a la cama. Aprovechando la volada, decidí ir a caminar por el bosque.
Un asquete, como verán.
Al llegar al estanque me encontré con esto:
En la foto no se ven todos. Había QUINCE.
También había una tortuga, pero se alejó nadando en cuanto me acerqué.
En lo alto de un árbol junto al estanque hay una simpática escultura de un búho:
Y se oía el repicar de los pájaros carpinteros.
Igual creo que todas las calorías que perdí caminando las recuperé con las frambuesas que me comí.
Al salir del bosque miré, pero no estaba, el Ruso azul que me encontré en una caminata pasada:
Sí había muchas flores silvestres, como éstas:
25.4.13
Llegó la primavera a Frankfurt!
Después de un invierno que no terminaba más (con nevadas fuertes hasta primeros de abril), por fin el calendario se acordó de actualizar.
Me encontré con esto en la vereda de una casa de electrodomésticos. Esto en Argentina no pasa.
A veces sacan a pasear los tranvías antiguos. En invierno se bancan mejor las vías congeladas...
Esta casa está por acá cerca. Es fea pero me encanta. Antes tenía un color más choto que le quedaba mejor.
¡Y mi balcón floreciéndose!
26.11.12
22.3.12
Descubriendo Frankfurt: Jardín de la Paz Celestial
Una de las mejores cosas que tiene vivir en una ciudad grande es que siempre, siempre podés descubrirle algo nuevo. Anteayer al salir del taller literario me fui con la bici hasta el centro, quería pasar por el British Shop a comprar té, que se había acabado (y de paso me llevé una lata de Haggis...). La cuestión que, sin plano y queriendo cortar camino, acabé metiéndome por calles que no conocía, lo que me llevó a un parque por el que sólo había pasado una vez. Y como me convenía, lo crucé. Y al cruzarlo, mirando hacia un lado y otro cómo comienzan a florecer los narcisos y los jacintos, me encontré de repente con un pórtico muy oriental. Até la bici y decidí investigar... ¡Es un jardín chino! Perdón la calidad de las fotos, son del celu...
El Jardín se inauguró en 1989.
Si Lilo y Stitch en vez de Disney fuera de Miyazaki... XD
El Jardín se inauguró en 1989.
Si Lilo y Stitch en vez de Disney fuera de Miyazaki... XD
15.1.12
En Europa no se consigue
Cuando vengo (voy) a Argentina nunca falta alguien que me sugiere, colaborador, si no quiero llevarme yerba o dulce de leche, preocupado porque allá (acá) no consiga o, si le explico que sí, que consigo sin problemas, porque teme que los mentados artículos sean tan caros que para saborear un poquito de terruño tenga que vivir el resto del mes a fideos de oferta.
Lo cierto es que el dulce de leche y la yerba (más vituallas materas), por su indispensabilidad para el argentino desperdigado por el mundo, se consiguen en todos lados. Si no hay en el mercadito latino local, se consiguen en sitios de internet varios; en España los venden hasta en el Carrefour. Tambien se consiguen alfajores, cerveza Quilmes, Rhodesias, polenta mágica, especias para chimi churri y hasta tapas de empanadas Fargo. Los precios, obvio, al cambio son más altos que en Buenos Aires, pero no resultan caros para nada. A 5 pesos y medio el alfajor Havanna, comprarlo a 1 euro cincuenta, cuando una gana en la misma divisa, es una ganga.
Hechas las aclaraciones del caso, el interlocutor desprevenido suele quedarse tranquilo pensando que entonces no hay problema, no hay morriña consumidora, porque consigo de todo. Pero yerba y dulce de leche y ají molido Alicante y tapas de empanadas Fargo no son de todo. El todo incluye cosas que una nunca se imaginó deseando llegar a Buenos Aires para salir a comprarlas, y que cuando manifiesta su deseo de adquirirlas, se encuentra con caras perplejas preguntando "¿loquéééé???". He aquí la lista de compras de mis últimos dos viajes:
Shampú y crema enjuague Capilatis de ortiga
Mi pelo es graso y el capilatis de ortiga es uno de los pocos productos que lo mantiene a raya sin resecarlo ni hacerlo reaccionar con más grasitud. Como además tengo cabello finito y se me enreda mucho, no puedo renunciar a la crema enjuague, y la Capilatis es una de las poquísimas que me puedo echar en cantidad y que no se me engrase más ni me quede el pelo pesado. Un reemplazo europeo bastante bueno es el The Body Shop de ortiga, que sale 11 euros por 300 ml. El Capilatis de medio litro lo pagué 22 pesos.
Pincita de depilar marca Merheje
No me da andar por el mundo comprando pinza tras pinza en busca de la que me saque los pelitos sin cortajearlos. La Merheje cumple, así que deme dos.

Puntitas
Ídem que la pinza Merheje, versión concentrado de silicona para el cabello.
Cera depilatoria
En Alemania sólo hay las tiras esas que se calientan entre las manos (una garcha) y una cerita de sacar con tiras de papel diminutas que para despejarse los sobacos en un apuro va bien pero para nada más sirve. Depilarse en un salón cuesta fortunas (media pierna 40€), con lo cual me depilo en casa, a las puteadas, y que quede como mejor pueda. Obvio, lo primero que hago cada vez que vengo a Baires es irme a La Casa de Ana en Morón a que me saquen todo. En el viaje anterior me compré un fundidor de cera y me salvó la vida. A rellenarlo pues.

Colorante en pasta
Acá se consigue sólo por internet, en negocios para profesionales de la pastelería, a 5 euros el potecito más envío. En cotillón Sandra de Morón los pagué 2 pesos con 50.
Azúcar negro
En Alemania sólo hay rubio, no negro como el de las tortitas negras.
Virulana

No esponja patito, de esa tengo. Virulana de posta, la finita que te hace crujir los dientes de solo tocarla. En Alemania no hay, punto. Hay productos parecidos, esponjitas amarillas con malla plateada y unos bollitos de lana metálica con algún tipo de jabón incorporado. Pero yo tengo la olla Essen, que para conservar siempre impecable hay que frotar luego de cada uso con virulana y jabón blanco de la ropa. El jabón blanco consigo, virulana no. Alguna vez he comprado en España, pero en los dos últimos viajes no encontré, y hace dos meses que no uso la Essen por no tener como dejarla brillosa después. Me llevo dos paquetes de 12 rollitos.
Plasticola®
Cola vinílica, en Alemania, hay de varias marcas, de buena calidad, eso no es problema. El problema es el piquito, idéntico al de la plasticola Rivadavia, que es una mierda pinchada en un palo (el pico, no la cola). Ese diseño se tapa, se pega el pitorro a la rosca, y para poner un puntito de pegamento en una manualidad tenés que perder cinco minutos desencostrando el pico (que una vez limpio cuesta un huevo de poner) para que después encima dosifique mal. En cambio la plasticola-marca-Plasticola tiene un pico que, si te lo olvidaste abierto hace tres días, le rascás la costrita con la uña y ya está, lista para usar.
Lo cierto es que el dulce de leche y la yerba (más vituallas materas), por su indispensabilidad para el argentino desperdigado por el mundo, se consiguen en todos lados. Si no hay en el mercadito latino local, se consiguen en sitios de internet varios; en España los venden hasta en el Carrefour. Tambien se consiguen alfajores, cerveza Quilmes, Rhodesias, polenta mágica, especias para chimi churri y hasta tapas de empanadas Fargo. Los precios, obvio, al cambio son más altos que en Buenos Aires, pero no resultan caros para nada. A 5 pesos y medio el alfajor Havanna, comprarlo a 1 euro cincuenta, cuando una gana en la misma divisa, es una ganga.
Hechas las aclaraciones del caso, el interlocutor desprevenido suele quedarse tranquilo pensando que entonces no hay problema, no hay morriña consumidora, porque consigo de todo. Pero yerba y dulce de leche y ají molido Alicante y tapas de empanadas Fargo no son de todo. El todo incluye cosas que una nunca se imaginó deseando llegar a Buenos Aires para salir a comprarlas, y que cuando manifiesta su deseo de adquirirlas, se encuentra con caras perplejas preguntando "¿loquéééé???". He aquí la lista de compras de mis últimos dos viajes:
Shampú y crema enjuague Capilatis de ortiga

Mi pelo es graso y el capilatis de ortiga es uno de los pocos productos que lo mantiene a raya sin resecarlo ni hacerlo reaccionar con más grasitud. Como además tengo cabello finito y se me enreda mucho, no puedo renunciar a la crema enjuague, y la Capilatis es una de las poquísimas que me puedo echar en cantidad y que no se me engrase más ni me quede el pelo pesado. Un reemplazo europeo bastante bueno es el The Body Shop de ortiga, que sale 11 euros por 300 ml. El Capilatis de medio litro lo pagué 22 pesos.
Pincita de depilar marca Merheje
No me da andar por el mundo comprando pinza tras pinza en busca de la que me saque los pelitos sin cortajearlos. La Merheje cumple, así que deme dos.

Puntitas
Ídem que la pinza Merheje, versión concentrado de silicona para el cabello.
Cera depilatoria
En Alemania sólo hay las tiras esas que se calientan entre las manos (una garcha) y una cerita de sacar con tiras de papel diminutas que para despejarse los sobacos en un apuro va bien pero para nada más sirve. Depilarse en un salón cuesta fortunas (media pierna 40€), con lo cual me depilo en casa, a las puteadas, y que quede como mejor pueda. Obvio, lo primero que hago cada vez que vengo a Baires es irme a La Casa de Ana en Morón a que me saquen todo. En el viaje anterior me compré un fundidor de cera y me salvó la vida. A rellenarlo pues.

Colorante en pasta
Acá se consigue sólo por internet, en negocios para profesionales de la pastelería, a 5 euros el potecito más envío. En cotillón Sandra de Morón los pagué 2 pesos con 50.
Azúcar negro
En Alemania sólo hay rubio, no negro como el de las tortitas negras.
Virulana

No esponja patito, de esa tengo. Virulana de posta, la finita que te hace crujir los dientes de solo tocarla. En Alemania no hay, punto. Hay productos parecidos, esponjitas amarillas con malla plateada y unos bollitos de lana metálica con algún tipo de jabón incorporado. Pero yo tengo la olla Essen, que para conservar siempre impecable hay que frotar luego de cada uso con virulana y jabón blanco de la ropa. El jabón blanco consigo, virulana no. Alguna vez he comprado en España, pero en los dos últimos viajes no encontré, y hace dos meses que no uso la Essen por no tener como dejarla brillosa después. Me llevo dos paquetes de 12 rollitos.
Plasticola®
Cola vinílica, en Alemania, hay de varias marcas, de buena calidad, eso no es problema. El problema es el piquito, idéntico al de la plasticola Rivadavia, que es una mierda pinchada en un palo (el pico, no la cola). Ese diseño se tapa, se pega el pitorro a la rosca, y para poner un puntito de pegamento en una manualidad tenés que perder cinco minutos desencostrando el pico (que una vez limpio cuesta un huevo de poner) para que después encima dosifique mal. En cambio la plasticola-marca-Plasticola tiene un pico que, si te lo olvidaste abierto hace tres días, le rascás la costrita con la uña y ya está, lista para usar.
25.10.11
18.10.11
Variadito bávaro
Esta semana aprovechando que Nacho iba al concierto que Kraftwerk daba en München el jueves a la medianoche, por lo que se tomó el viernes libre, paseamos un poquito por Baviera: aparte de la obligada vuelta al perro en la capital visitamos Regensburg, cuyo centro antiguo es patrimonio de la Unesco. Comentarios varios a la escapada:
La Maldición de la Papelería de Nymphenburg:
En el acceso sur al castillo de Nymphenburg hay una papelería muy monona, pero las dos veces que fui estaba cerrada pues era fuera de horario-de-papelería-de-barrio. Esta vez me molesté en ir hasta allá en horario comercial y día de semana. Estaba cerrado, sin cartel alguno a la vista aunque la vidriera estaba iluminada. Me tomé un café y un muffin en una panadería biyuyona de la esquina, pensando que a lo mejor quien atiende tuvo que ir a cagar, que se yo. Pero después de mi merienda seguía cerrada. Misterio.
¿Con qué los alimentan?
También en Nymphenburg, en el canal que discurre entre los accesos, hay aves acuáticas y peces. Esto no es raro, ocurre en todo cuerpo de agua por estos lares. Lo que me dejó patidifusa fue el tamaño de los peces, cada uno de los cuales puede tranquilamente proveer un principal para seis personas. Miren las foto junto a los patos porque es de no creer. No sé que mierda les dan de comer... y no sé si quiero saberlo!
(las fotos no son muy buenas porque las hice con el celu desde arriba del puente, pero los patos son ánades adultos)
El tren de la Muerrrte
Después de nuestra rica cena bayerisch en la tipiquísima Hofbräuhaus, tomamos el S-Bahn de vuelta hacia el hotel, que estaba cerca de donde era el concierto. Y resulta que de las varias líneas que nos acercaban, acertó a pasar una cuya estación cabecera es... Dachau. O sea, no da muy lindo rollo montarse a un tren en cuyo frente brilla un hermoso cartel que pone... Dachau. Digo, Alemania, con tanta culpa colectiva por el holocausto, ¿no podían mover la cabecera una estación?
Morir Feliz
En mi paseo por el centro de München no pude de dejar de pasar (y dejar unos cuantos euros) en Kaut-Bullinger. Esta papelería, a una cuadra de Marienplatz, tiene CINCO niveles, señoras y señores. CINCO: planta baja, dos pisos y dos subsuelos llenos de papelería fina, de oficina, escolar, artística, elementos para manualidades de la más amplia variedad, lapiceras, regalos... En un momento tuve la plena conciencia de que si me caía muerta ahí mismo, habría muerto feliz.
Regensburg = Cute Overload!
No sólo tiene Regensburg un precioso casco antiguo de lo más pintoresco, con excelentes exponentes góticos: también tiene una cantidad importante de negocios supermononos llenos de cosas divinas incluyendo papeles de carta, por supu o no lo estaría comentando. También bares y restaurantes muy coquetos (recomendamos especialmente la pizzeria Da Tino, un hallazgo!). Y para completarla, me crucé con más de un perro hermoso y supersimpático.
La Maldición de la Papelería de Nymphenburg:
En el acceso sur al castillo de Nymphenburg hay una papelería muy monona, pero las dos veces que fui estaba cerrada pues era fuera de horario-de-papelería-de-barrio. Esta vez me molesté en ir hasta allá en horario comercial y día de semana. Estaba cerrado, sin cartel alguno a la vista aunque la vidriera estaba iluminada. Me tomé un café y un muffin en una panadería biyuyona de la esquina, pensando que a lo mejor quien atiende tuvo que ir a cagar, que se yo. Pero después de mi merienda seguía cerrada. Misterio.
¿Con qué los alimentan?
También en Nymphenburg, en el canal que discurre entre los accesos, hay aves acuáticas y peces. Esto no es raro, ocurre en todo cuerpo de agua por estos lares. Lo que me dejó patidifusa fue el tamaño de los peces, cada uno de los cuales puede tranquilamente proveer un principal para seis personas. Miren las foto junto a los patos porque es de no creer. No sé que mierda les dan de comer... y no sé si quiero saberlo!
(las fotos no son muy buenas porque las hice con el celu desde arriba del puente, pero los patos son ánades adultos)
El tren de la Muerrrte
Después de nuestra rica cena bayerisch en la tipiquísima Hofbräuhaus, tomamos el S-Bahn de vuelta hacia el hotel, que estaba cerca de donde era el concierto. Y resulta que de las varias líneas que nos acercaban, acertó a pasar una cuya estación cabecera es... Dachau. O sea, no da muy lindo rollo montarse a un tren en cuyo frente brilla un hermoso cartel que pone... Dachau. Digo, Alemania, con tanta culpa colectiva por el holocausto, ¿no podían mover la cabecera una estación?
Morir Feliz
En mi paseo por el centro de München no pude de dejar de pasar (y dejar unos cuantos euros) en Kaut-Bullinger. Esta papelería, a una cuadra de Marienplatz, tiene CINCO niveles, señoras y señores. CINCO: planta baja, dos pisos y dos subsuelos llenos de papelería fina, de oficina, escolar, artística, elementos para manualidades de la más amplia variedad, lapiceras, regalos... En un momento tuve la plena conciencia de que si me caía muerta ahí mismo, habría muerto feliz.
Regensburg = Cute Overload!
No sólo tiene Regensburg un precioso casco antiguo de lo más pintoresco, con excelentes exponentes góticos: también tiene una cantidad importante de negocios supermononos llenos de cosas divinas incluyendo papeles de carta, por supu o no lo estaría comentando. También bares y restaurantes muy coquetos (recomendamos especialmente la pizzeria Da Tino, un hallazgo!). Y para completarla, me crucé con más de un perro hermoso y supersimpático.
27.9.11
Teh Qte! Teh Qte! = Frankfurt Fauna
Hoy al ir al taller literario tuve la inmensa suerte de salir de la parada del tranvía por el extremo opuesto al que lo hago normalmente, porque me quería comprar un muffin para tener en el recreo. Y al doblar la esquina no va que me encuentro... ¡una ardillita! ¡Juntando comida para el invierno!
Para mayor fortuna tenía yo encima una bolsita de piñones que se me pusieron viejos y esta mañana pensé "en vez de tirarlos, me los llevo y a la vuelta se los doy a los patos en el río". Lamentablemente, mister Mc Squirrelson no se dejó seducir por mi persecución piñonera y luego de cruzar un par de veces la calle lo perdí de vista.Así que luego del taller, con los piñones que me quedaban, seguí con mi plan original y me apropincué al Alte Brücke, que viene a ser el hot spot donde se juntan todos los palmípedos de la ciudad. Patos no vi, a los gansos no les copó mucho el bocado, ¡pero a los cisnes les encantó!
Y para completar el muestreo, llegando a Südbahnhof me encontré un cuervo comiéndose unas sobras de fideos.
Para mayor fortuna tenía yo encima una bolsita de piñones que se me pusieron viejos y esta mañana pensé "en vez de tirarlos, me los llevo y a la vuelta se los doy a los patos en el río". Lamentablemente, mister Mc Squirrelson no se dejó seducir por mi persecución piñonera y luego de cruzar un par de veces la calle lo perdí de vista.Así que luego del taller, con los piñones que me quedaban, seguí con mi plan original y me apropincué al Alte Brücke, que viene a ser el hot spot donde se juntan todos los palmípedos de la ciudad. Patos no vi, a los gansos no les copó mucho el bocado, ¡pero a los cisnes les encantó!
Y para completar el muestreo, llegando a Südbahnhof me encontré un cuervo comiéndose unas sobras de fideos.
20.9.11
La Odisea del Dirndl
Este es el post, señor, señora como dicen los vendedores del Sarmiento, con el que Ud. podrá enseñarle a sus hijos y a sus nietos el valor del ahorro y la constancia.
El año pasado en Volksfest me propuse, y así declaré mis intenciones ante los presentes (quienes debido a la alcoholemia no sé si lo recuerden) que "el año que viene vengo en Dirndl". El Dirndl es el "vestidito típico de campesina bávara" y aunque Crailsheim caiga técnicamente en Baden-Württenberg, son muchas y muchos los que en las fiestas del pueblo presumen de look Oktoberfest. Así como los Lederhosen son de lo más matapasiones que puede haber, el Dirndl es lo contrario: de corte impecable, el traje le queda bien a toda fémina tenga el cuerpo que tenga. Tal vez por esto muchas chicas jóvenes visten Dirndls que de tan modernos son aputonados (de minifalda, con brillitos, colores chillones) que en opinión de quien escribe resultan más bien la versión tienda de disfraces o, peor, sex-shop del Once de lo que debería ser un hermoso traje regional.
Y un hermoso traje regional no se consigue a precio de sex-shop del Once. El Dirndl es caro, y desembolsar cien euros -mínimo- de golpe para un vestido que se usará dos noches al año era como un poco mucho. Así que decidí ahorrar: todas las monedas chiquitas, de veinte centavos o menos, serían separadas y juntadas de poquito para comprarme mi Dirndl. Del 1º de octubre al 31 de agosto, si juntaba un promedio de treinta centavos diarios, tendría cien euros para comprarme mi Dirndl a tiempo para la Volksfest de este año, que tuvo lugar el pasado finde, 16 al 19 de septiembre. Así que transformé una latita de manises en alcancía, le puse un hermoso cartelito rosa con la leyenda "Dirndl Fund" y ahí fui vaciando mi monedero de las monedas designadas cada día. Mi Amado Esposo colaboró con gusto, ya que las monedas chiquitas le molestan.
Afortunadamente en Europa no hay la escasez de monedas de Buenos Aires, pero el hecho de tener una lata llena de cash a mano, aunque sea calderilla, te puede sacar de un apuro, y mantener el nivel de ahorro exigió algunas concesiones: por ej., a la mañana temprano cuando tomo el colectivo para ir al trabajo el chofer suele no tener cambio (las incoherencias del transporte público de Frankfurt merecen, más que un post aparte, un kilo de goma-2) con lo cual tengo que tener los cuarenta centavos de los €2,40 para darle, monedas que en realidad tendrían que haber ido a los ahorros. Lo que hacía entonces era poner en la alcancía una moneda de cincuenta a cambio de las dos de veinte que sacaba o dejaba de poner. Otra, yendo de vacaciones no podía estar separando moneditas aquí y allá, no hubiera sido práctico. Entonces a la vuelta directamente metía treinta centavos multiplicado por los días de ausencia. Así, a la vuelta de las dos semanas en Italia y Grecia metí cuatro con cincuenta. Y obvio que si sacaba monedas de la latita para algo, después reponía el importe aunque fuera en otra denominación, y si había que redondear, siempre hacia arriba. Por eso, al final del plazo estipulado, de los cien euros, 32,50 estaban en billetes y monedas "grandes". El resto, la sugerente suma de €69,69, eran las moneditas chicas:
¿Cuántas moneditas hay en casi 70 euros? Casi mil. Y pesan como un recién nacido:
(Como dato de color, el mínimo de monedas para alcanzar 70 euros son 35 de 2 euros, que juntas pesan 297,5 gramos; el máximo serían 7000 monedas de 1c, con un peso total de 16,1 kilos).
Durante los días previos a la fecha límite ya fui mirando opciones. Fuera de Baviera no es fácil conseguir un Dirndl bueno bonito y barato. Acá en Frankfurt sólo tenían en un C&A (lejos la mayor y mejor selección); en una tiendita del apartado barrio de Griesheim a la que me fui un día en bici (pocos y caros); en una tienda de ropa chetoide acá en el centro (pocos, caros y feos) y en Galería Kaufhof (el equivalente alemán del Corte Inglés; precios similares a C&A, menos variedad con lo cual menos cosas lindas). En Internet había más modelos y precios pero por las diferencias no sólo de tamaño sino de forma con las alemanas, me daba cosa comprar algo allí sin probármelo, con el riesgo de tener que cambiarlo y no tener Dirndl para la fecha que lo necesitaba. Una changuita realizada en la última semana de agosto me permitió aumentar el presupuesto inicial para conseguir algo más bonito.
Pero al irme de shopping los primeros días de septiembre, de mi talle quedaba poco y nada. Probé varios modelos y marcas pero más allá de ciertas diferencias de corte una cosa era clara en todos los casos: el 34 me iba chico y el 38 grande. Inútil buscar algo que no fuera en 36. Para más inri, en una de mis excursiones preliminares me había enamorado de un Dirndl rojo de C&A, así que más difícil todavía encontrar algo con las pocas opciones que tenía. Pregunté en C&A si el que yo quería no lo tendrían en otra sucursal, aunque no fuera en Frankfurt: pero la chica de servicio al cliente me respondió que estaba agotado en todas las tiendas. Me sugirió buscarlo en la tienda online, pero tampoco allí quedaba nada en 36, por más que revolví a conciencia hast el último vestido dejado a la salida del probador y hasta perseguí a una por media tienda con la esperanza de que soltara un Dirndl talle 36 que había agarrado y que al día de hoy espero que le haya quedado horrible. Incluso me fui hasta una casa especializada en Darmstadt, pero tenían poco y carísimo. Y es que más allá de las intenciones, si me voy a comprar un vestido de más de cien euros lo lógico es que me compre uno que me encante, no uno que zafa. Y me gustaban un par, pero no me encantaba ninguno.
Toda la alegoría que pensaba poner en el blog sobre el valor del ahorro y la mar en coche se derrumbaba y parecia recordarme mi origen sudaca en la triste ironía de esforzarte para conseguir algo y no ver nunca la recompensa. Pensé que tal vez llegando a Crailsheim habría más variedad, pero no le di más vueltas al asunto y metí en el bolso la ropa sufrida de rigor para poguear, bebida en mano, sobre los bancos de la carpa.
Así, ni bien llegada al Putopueblo, me eché un minitour -valga la redundancia- por las tiendas de la calle principal. En Woha no había nada de nada, pero bueno. Más me extrañó no ver un solo ejemplo de Trachten en la biyuyesca TC Buckenmaier que siempre se erigen como el referente de la moda crailsheimeña. Así que veinte metros más allá de nuevo estaba en C&A volviendo a ver el hermoso Dirndl rojo que NO había en mi talle... Y entonces Dios me iluminó. Uno de los Dirndl rojos lo tenía el maniquí. La etiqueta no se veía, estaba metida hacia adentro, pero sabiendo muy bien a estas alturas de dónde estaba agarrada, me acerqué y tiré de ella despacito... ¡era un 36! Me acerqué al mostrador con mi mejor sonrisa y moditos y rogándole a los santos que no se me pusieran en modo Rottenmeier y le digo (en alemán, claro) "A ver si me puede ayudar... quisiera uno de los Dirndl que tienen, pero el único en mi talle lo tiene puesto el maniquí". Y ni corta ni perezosa la mina da voces a su compañera cual gitana de feria: "Fulanen! Dirndl von der Puppe!" Y la fulanen sin inmutarse entró a desmembrar el maniquí ahí mismo para darme el Dirndl. No había llegado yo a la caja que ya lo estaba vistiendo con otro.
No sé cuántas veces y con cuántos vielen y herzlichen les repetí Danke a una y a otra. Y esa noche, y la siguiente, me sentí diosa total.
El año pasado en Volksfest me propuse, y así declaré mis intenciones ante los presentes (quienes debido a la alcoholemia no sé si lo recuerden) que "el año que viene vengo en Dirndl". El Dirndl es el "vestidito típico de campesina bávara" y aunque Crailsheim caiga técnicamente en Baden-Württenberg, son muchas y muchos los que en las fiestas del pueblo presumen de look Oktoberfest. Así como los Lederhosen son de lo más matapasiones que puede haber, el Dirndl es lo contrario: de corte impecable, el traje le queda bien a toda fémina tenga el cuerpo que tenga. Tal vez por esto muchas chicas jóvenes visten Dirndls que de tan modernos son aputonados (de minifalda, con brillitos, colores chillones) que en opinión de quien escribe resultan más bien la versión tienda de disfraces o, peor, sex-shop del Once de lo que debería ser un hermoso traje regional.
Y un hermoso traje regional no se consigue a precio de sex-shop del Once. El Dirndl es caro, y desembolsar cien euros -mínimo- de golpe para un vestido que se usará dos noches al año era como un poco mucho. Así que decidí ahorrar: todas las monedas chiquitas, de veinte centavos o menos, serían separadas y juntadas de poquito para comprarme mi Dirndl. Del 1º de octubre al 31 de agosto, si juntaba un promedio de treinta centavos diarios, tendría cien euros para comprarme mi Dirndl a tiempo para la Volksfest de este año, que tuvo lugar el pasado finde, 16 al 19 de septiembre. Así que transformé una latita de manises en alcancía, le puse un hermoso cartelito rosa con la leyenda "Dirndl Fund" y ahí fui vaciando mi monedero de las monedas designadas cada día. Mi Amado Esposo colaboró con gusto, ya que las monedas chiquitas le molestan.
Afortunadamente en Europa no hay la escasez de monedas de Buenos Aires, pero el hecho de tener una lata llena de cash a mano, aunque sea calderilla, te puede sacar de un apuro, y mantener el nivel de ahorro exigió algunas concesiones: por ej., a la mañana temprano cuando tomo el colectivo para ir al trabajo el chofer suele no tener cambio (las incoherencias del transporte público de Frankfurt merecen, más que un post aparte, un kilo de goma-2) con lo cual tengo que tener los cuarenta centavos de los €2,40 para darle, monedas que en realidad tendrían que haber ido a los ahorros. Lo que hacía entonces era poner en la alcancía una moneda de cincuenta a cambio de las dos de veinte que sacaba o dejaba de poner. Otra, yendo de vacaciones no podía estar separando moneditas aquí y allá, no hubiera sido práctico. Entonces a la vuelta directamente metía treinta centavos multiplicado por los días de ausencia. Así, a la vuelta de las dos semanas en Italia y Grecia metí cuatro con cincuenta. Y obvio que si sacaba monedas de la latita para algo, después reponía el importe aunque fuera en otra denominación, y si había que redondear, siempre hacia arriba. Por eso, al final del plazo estipulado, de los cien euros, 32,50 estaban en billetes y monedas "grandes". El resto, la sugerente suma de €69,69, eran las moneditas chicas:
¿Cuántas moneditas hay en casi 70 euros? Casi mil. Y pesan como un recién nacido:
| Valor | Unidades | Importe | Peso en gr |
| 0,20 | 150,00 | 30,00 | 861,00 |
| 0,10 | 226,00 | 22,60 | 926,60 |
| 0,05 | 247,00 | 12,35 | 968,24 |
| 0,02 | 158,00 | 3,16 | 483,48 |
| 0,01 | 158,00 | 1,58 | 363,40 |
| Total | 939,00 | 69,69 | 3602,72 |
Durante los días previos a la fecha límite ya fui mirando opciones. Fuera de Baviera no es fácil conseguir un Dirndl bueno bonito y barato. Acá en Frankfurt sólo tenían en un C&A (lejos la mayor y mejor selección); en una tiendita del apartado barrio de Griesheim a la que me fui un día en bici (pocos y caros); en una tienda de ropa chetoide acá en el centro (pocos, caros y feos) y en Galería Kaufhof (el equivalente alemán del Corte Inglés; precios similares a C&A, menos variedad con lo cual menos cosas lindas). En Internet había más modelos y precios pero por las diferencias no sólo de tamaño sino de forma con las alemanas, me daba cosa comprar algo allí sin probármelo, con el riesgo de tener que cambiarlo y no tener Dirndl para la fecha que lo necesitaba. Una changuita realizada en la última semana de agosto me permitió aumentar el presupuesto inicial para conseguir algo más bonito.
Pero al irme de shopping los primeros días de septiembre, de mi talle quedaba poco y nada. Probé varios modelos y marcas pero más allá de ciertas diferencias de corte una cosa era clara en todos los casos: el 34 me iba chico y el 38 grande. Inútil buscar algo que no fuera en 36. Para más inri, en una de mis excursiones preliminares me había enamorado de un Dirndl rojo de C&A, así que más difícil todavía encontrar algo con las pocas opciones que tenía. Pregunté en C&A si el que yo quería no lo tendrían en otra sucursal, aunque no fuera en Frankfurt: pero la chica de servicio al cliente me respondió que estaba agotado en todas las tiendas. Me sugirió buscarlo en la tienda online, pero tampoco allí quedaba nada en 36, por más que revolví a conciencia hast el último vestido dejado a la salida del probador y hasta perseguí a una por media tienda con la esperanza de que soltara un Dirndl talle 36 que había agarrado y que al día de hoy espero que le haya quedado horrible. Incluso me fui hasta una casa especializada en Darmstadt, pero tenían poco y carísimo. Y es que más allá de las intenciones, si me voy a comprar un vestido de más de cien euros lo lógico es que me compre uno que me encante, no uno que zafa. Y me gustaban un par, pero no me encantaba ninguno.
Toda la alegoría que pensaba poner en el blog sobre el valor del ahorro y la mar en coche se derrumbaba y parecia recordarme mi origen sudaca en la triste ironía de esforzarte para conseguir algo y no ver nunca la recompensa. Pensé que tal vez llegando a Crailsheim habría más variedad, pero no le di más vueltas al asunto y metí en el bolso la ropa sufrida de rigor para poguear, bebida en mano, sobre los bancos de la carpa.
Así, ni bien llegada al Putopueblo, me eché un minitour -valga la redundancia- por las tiendas de la calle principal. En Woha no había nada de nada, pero bueno. Más me extrañó no ver un solo ejemplo de Trachten en la biyuyesca TC Buckenmaier que siempre se erigen como el referente de la moda crailsheimeña. Así que veinte metros más allá de nuevo estaba en C&A volviendo a ver el hermoso Dirndl rojo que NO había en mi talle... Y entonces Dios me iluminó. Uno de los Dirndl rojos lo tenía el maniquí. La etiqueta no se veía, estaba metida hacia adentro, pero sabiendo muy bien a estas alturas de dónde estaba agarrada, me acerqué y tiré de ella despacito... ¡era un 36! Me acerqué al mostrador con mi mejor sonrisa y moditos y rogándole a los santos que no se me pusieran en modo Rottenmeier y le digo (en alemán, claro) "A ver si me puede ayudar... quisiera uno de los Dirndl que tienen, pero el único en mi talle lo tiene puesto el maniquí". Y ni corta ni perezosa la mina da voces a su compañera cual gitana de feria: "Fulanen! Dirndl von der Puppe!" Y la fulanen sin inmutarse entró a desmembrar el maniquí ahí mismo para darme el Dirndl. No había llegado yo a la caja que ya lo estaba vistiendo con otro.
No sé cuántas veces y con cuántos vielen y herzlichen les repetí Danke a una y a otra. Y esa noche, y la siguiente, me sentí diosa total.
24.6.11
Minijob
Desde hace tres meses tengo un trabajito, y nunca mejor dicho, pues entra en la categoría laboral de de los llamados Minijobs (por el pueblo; el nombre oficial es el ligeramente más cacofónico geringfügige Beschäftigung). El minijob es un régimen laboral especial, por el cual el trabajador gana no más de 400 euros por mes (por lo que también se los conoce como 400-euro-jobs), por lo cual son trabajos a tiempo parcial o por horas (la paga por hora queda a discreción del empleador: lo importante es que el empleado no supere los 400 euros de sueldo por mes, si no hacienda te da con un caño). Lo que gana el trabajador es brutto für netto, es decir, la plata que recibe no tiene retenciones ni de jubilación, ni de seguro de salud, ni de nada. Obvio que tampoco le va a reportar ni una obra social ni una futura jubilación, pero es que no es el objetivo de este tipo de trabajos, tampoco, sino más bien "hacerse unos pesitos extra". El minijob tampoco se detalla en la declaración de impuestos (ya que el empleado no pagó ningún impuesto sobre éste). Al empleador, por otro lado, le sale muy barato pues los impuestos que paga por un trabajador en régimen de minijob son mucho menos que si le pagara la misma plata con un contrato "normal", al punto que según cómo le puede convenir más tener tres empleados rotando a 400 euros cada uno que tener uno solo y pagarle 1200. Una persona puede tener un minijob además de su trabajo habitual o, si no tiene un empleo "normal", tantos minijobs como quiera siempre y cuando la suma de lo que gane en todos ellos no supere el tope de 400 por mes. Dado el perverso sistema impositivo alemán*, además, para una que es casada en algunos casos conviene más un trabajito de estos que uno "de verdad".
*Recomiendo mucho los dos artículos enlazados, lo explican tal cual.
Postularse a un trabajo acá no es moco de pavo. Por internet siempre se simplifican bastante las cosas, pero básicamente es todo un ceremonial. Nada de mandar el CV en un sobre y ya. El CV tiene que ir en una carpetita de presentación tipo dossier, acompañado de la carta de presentación (hasta acá vamos más o menos bien) y... ¡los certificados! Muy importante. Certificados de cualquier estudio que hayas hecho "de la secundaria p'acá"; de cursos de idiomas; y de trabajo, que acá cada vez que dejás un trabajo te hacen un Arbeitszeugnis, una cartita diciendo que fulanita trabajó aquí y se desempeñó bien y le deseamos alles Gute en su vida profesional. Por suerte tenía el de las clases de español que di en la Volkshochschule de Crailsheim y además conseguí sendos Zeugnise de dos de mis antiguos empleos. No importa que no sean en alemán, ellos aman los certificados.
Y luego la foto, que mucha ley antidiscriminación pero al final en todos lados se cuecen habas: aunque legalmente no te pueden exigir un CV con foto, todos saben que si querés tener una buena chance, más vale que le pongas foto al CV. ¡Pero nada de pegarle una foto carnet! ¡Nooo, que eso sería muy fácil! La foto, para no quedar como un pelagatos, tiene que ser profesional, tipo retrato. Obvio que una foto así no es barata, como muy mínimo puede salir 30-40 euros en plan cutre; una Bewerbungsfoto como la gente no baja de 80-100 euros. Lo cual no es poco, y si una está buscando un trabajo en el cual le van a pagar como mucho 400 mangos, peor encima. Por suerte atiné a ir a una feria de estas de búsqueda de empleo que cada tanto se hacen en algún sitio y donde tras hacer dos horas de cola conseguí mi foto gratis.
En la categoría de minijobs no hay demasiada variedad de puestos, y éstos tampoco son la gran cosa, claro: mucho call center, mucho laburo de cocina/finde/turno noche, mucha venta. El transporte público acá es carísimo, así que no podía estar fuera de Frankfurt, tampoco, si no sería trabajar para pagar el colectivo. Como mi alemán mejora pero todavía está lejos de ser fluido, y además acá para casi todo te piden la correspondiente Ausbildung (curso de formación profesional), para trabajo de oficina como que no daba, así que la búsqueda fue con amplitud de miras.
Mandé un primer CV del cual no me llamaron. Unas semanas más tarde vi un aviso interesante y mandé otro CV, a un hotel de 4*. De ahí me llamaron para una entrevista, y unos días después me confirmaron el puesto. Se trata de auxiliar en la sección de restaurant o de eventos. Cada semana recibo por email los horarios de la semana siguiente donde les hace falta personal de refuerzo, y en qué sector. Yo respondo pidiendo los turnos en que me interesa/me va bien trabajar esa semana, me los confirman, voy y trabajo.
Mayormente (casi exclusivamente) trabajo en el restaurant, ya que me gusta mucho más que la parte de eventos. Como los turnos los elijo yo, tengo esa ventaja. ¿Y qué hago? Varias cosas. La principal es levantar platos de los huéspedes que desayunan en el buffet, tarea que incluye volver a poner la mesa una vez que el huésped se retira así como preparar y servir cafeses si quieren algo mejor que el café de filtro que viene por default, y pedir huevos en sus distintas variedades a la cocina si quieren algo distinto a los huevos revueltos o hervidos que vienen por default. Parte importante de esta tarea también es llevar las bandejas llenas de platos y cubiertos sucios a la Waschküche y dejarlos apilados por tipo para que los lavacopas los puedan lavar (la mayoría se lava en un megalavavajillas, que opera el lavacopas), así como deshechar cada tipo de residuo en el tacho correspondiente. Si toca buffet, en lugar de atender a los huéspedes mi tarea es cuidar que no falten vasos, platos, bebidas para que la gente se sirva (de la reposición de comida se encargan los cocineros). Luego están las tareas derivadas que según el día, la hora y lo que diga el jefe pueden ser: preparar el café de filtro en megacafeteras de 10 litros; lavar éstas y los termos de café una vez se terminó el servicio; desarmar y limpiar el buffet de jugos; limpiar el buffet de frescos y dejarlo listo para el día siguiente; limpiar y poner las mesas para el siguiente servicio, que puede ser el almuerzo o el desayuno del día siguiente; dejar preparadas las tazas y vasos para el desayuno siguiente; repasar vasos y copas, cubiertos también pero ahora pusieron una máquina que los hace, así que sólo clasificarlos;
preparar los cubiertos para el desayuno,que van en un bolsillito hecho con la misma servilleta;
doblar las servilletas en bolsillito. Un par de veces me tocó repartir atenciones en las habitaciones: las suites de negocios son divinas.
Si es un día que hago jornada completa como en el comedor del hotel, en general está bien la comida, aunque siempre es mejor que te toque ir a almorzar temprano; después de las 12 casi no hay ensalada.
En fin, no es el trabajo de mi vida, pero está bien y la gente es macanuda.Total, que cuando empecé a escribir este post era por algo totalmente distinto, pero me di cuenta que sin un background del laburo en sí no tenía mucho sentido, y al final después de toda esta cháchara no tiene sentido que escriba lo que originalmente pensaba. Otro día será.
*Recomiendo mucho los dos artículos enlazados, lo explican tal cual.
Postularse a un trabajo acá no es moco de pavo. Por internet siempre se simplifican bastante las cosas, pero básicamente es todo un ceremonial. Nada de mandar el CV en un sobre y ya. El CV tiene que ir en una carpetita de presentación tipo dossier, acompañado de la carta de presentación (hasta acá vamos más o menos bien) y... ¡los certificados! Muy importante. Certificados de cualquier estudio que hayas hecho "de la secundaria p'acá"; de cursos de idiomas; y de trabajo, que acá cada vez que dejás un trabajo te hacen un Arbeitszeugnis, una cartita diciendo que fulanita trabajó aquí y se desempeñó bien y le deseamos alles Gute en su vida profesional. Por suerte tenía el de las clases de español que di en la Volkshochschule de Crailsheim y además conseguí sendos Zeugnise de dos de mis antiguos empleos. No importa que no sean en alemán, ellos aman los certificados.
Y luego la foto, que mucha ley antidiscriminación pero al final en todos lados se cuecen habas: aunque legalmente no te pueden exigir un CV con foto, todos saben que si querés tener una buena chance, más vale que le pongas foto al CV. ¡Pero nada de pegarle una foto carnet! ¡Nooo, que eso sería muy fácil! La foto, para no quedar como un pelagatos, tiene que ser profesional, tipo retrato. Obvio que una foto así no es barata, como muy mínimo puede salir 30-40 euros en plan cutre; una Bewerbungsfoto como la gente no baja de 80-100 euros. Lo cual no es poco, y si una está buscando un trabajo en el cual le van a pagar como mucho 400 mangos, peor encima. Por suerte atiné a ir a una feria de estas de búsqueda de empleo que cada tanto se hacen en algún sitio y donde tras hacer dos horas de cola conseguí mi foto gratis.
En la categoría de minijobs no hay demasiada variedad de puestos, y éstos tampoco son la gran cosa, claro: mucho call center, mucho laburo de cocina/finde/turno noche, mucha venta. El transporte público acá es carísimo, así que no podía estar fuera de Frankfurt, tampoco, si no sería trabajar para pagar el colectivo. Como mi alemán mejora pero todavía está lejos de ser fluido, y además acá para casi todo te piden la correspondiente Ausbildung (curso de formación profesional), para trabajo de oficina como que no daba, así que la búsqueda fue con amplitud de miras.
Mandé un primer CV del cual no me llamaron. Unas semanas más tarde vi un aviso interesante y mandé otro CV, a un hotel de 4*. De ahí me llamaron para una entrevista, y unos días después me confirmaron el puesto. Se trata de auxiliar en la sección de restaurant o de eventos. Cada semana recibo por email los horarios de la semana siguiente donde les hace falta personal de refuerzo, y en qué sector. Yo respondo pidiendo los turnos en que me interesa/me va bien trabajar esa semana, me los confirman, voy y trabajo.
Mayormente (casi exclusivamente) trabajo en el restaurant, ya que me gusta mucho más que la parte de eventos. Como los turnos los elijo yo, tengo esa ventaja. ¿Y qué hago? Varias cosas. La principal es levantar platos de los huéspedes que desayunan en el buffet, tarea que incluye volver a poner la mesa una vez que el huésped se retira así como preparar y servir cafeses si quieren algo mejor que el café de filtro que viene por default, y pedir huevos en sus distintas variedades a la cocina si quieren algo distinto a los huevos revueltos o hervidos que vienen por default. Parte importante de esta tarea también es llevar las bandejas llenas de platos y cubiertos sucios a la Waschküche y dejarlos apilados por tipo para que los lavacopas los puedan lavar (la mayoría se lava en un megalavavajillas, que opera el lavacopas), así como deshechar cada tipo de residuo en el tacho correspondiente. Si toca buffet, en lugar de atender a los huéspedes mi tarea es cuidar que no falten vasos, platos, bebidas para que la gente se sirva (de la reposición de comida se encargan los cocineros). Luego están las tareas derivadas que según el día, la hora y lo que diga el jefe pueden ser: preparar el café de filtro en megacafeteras de 10 litros; lavar éstas y los termos de café una vez se terminó el servicio; desarmar y limpiar el buffet de jugos; limpiar el buffet de frescos y dejarlo listo para el día siguiente; limpiar y poner las mesas para el siguiente servicio, que puede ser el almuerzo o el desayuno del día siguiente; dejar preparadas las tazas y vasos para el desayuno siguiente; repasar vasos y copas, cubiertos también pero ahora pusieron una máquina que los hace, así que sólo clasificarlos;
preparar los cubiertos para el desayuno,que van en un bolsillito hecho con la misma servilleta;
Si es un día que hago jornada completa como en el comedor del hotel, en general está bien la comida, aunque siempre es mejor que te toque ir a almorzar temprano; después de las 12 casi no hay ensalada.
En fin, no es el trabajo de mi vida, pero está bien y la gente es macanuda.Total, que cuando empecé a escribir este post era por algo totalmente distinto, pero me di cuenta que sin un background del laburo en sí no tenía mucho sentido, y al final después de toda esta cháchara no tiene sentido que escriba lo que originalmente pensaba. Otro día será.
25.2.11
Primer mundo
Primero la buena noticia: conseguí un trabajito!
Para lo cual tuve que tramitar la Lohnsteuerkarte (como quien dice el CUIL).
Me fui esta mañana a la dependencia pertinente y, como no había encontrado los requisitos en la web, me llevé todo lo que consideré que eventualmente me podrían llegar a pedir:
-Pasaporte
-Permiso de residencia y trabajo
-Certificado de domicilio
-Lohnsteuerkarte de Nacho (ya que la categoría impositiva está ligada al estado civil)
-Certificado de matrimonio
-Fotos carnet
Llené el formulario de solicitud y esperé mi turno en una sala con mesitas, ventanas al jardín y planta.
Entregué el formulario a un muchacho que no estaba nada mal y salí 3 minutos más tarde con mi Lohnsteurkarte en mano.
No me pidieron NADA.
Para lo cual tuve que tramitar la Lohnsteuerkarte (como quien dice el CUIL).
Me fui esta mañana a la dependencia pertinente y, como no había encontrado los requisitos en la web, me llevé todo lo que consideré que eventualmente me podrían llegar a pedir:
-Pasaporte
-Permiso de residencia y trabajo
-Certificado de domicilio
-Lohnsteuerkarte de Nacho (ya que la categoría impositiva está ligada al estado civil)
-Certificado de matrimonio
-Fotos carnet
Llené el formulario de solicitud y esperé mi turno en una sala con mesitas, ventanas al jardín y planta.
Entregué el formulario a un muchacho que no estaba nada mal y salí 3 minutos más tarde con mi Lohnsteurkarte en mano.
No me pidieron NADA.
2.12.10
Balcón nevado
La sombra blancuzca sobre la puerta-ventana que parece sucio no es sucio, es un remolino de nieve que venía azotando el balcón.
La nieve sobre la mesa da una buena idea de cuánto cayó.
La nieve sobre la mesa da una buena idea de cuánto cayó.
23.8.10
21.8.10
18.8.10
Ciclo de Cocina Creativa
Hay veces que, a la hora de comer, una tiene que apañarse con lo que puede. Y no hablo, graciadió, de tiempos de guerra, postguerra, hambruna, vacas flacas o invasión extraterrestre. Tampoco, lamentablemente, de cámping.
En mi (nuestro) caso particular, hay por lo menos uno, cuando no dos o tres, momentos así por año, típicamente antes de un viaje más o menos largo (7 días o más), momento en que la heladera tiene que quedar liberada de todo alimento que no pueda conservarse fresco por ese período. O sea, salvo condimentos, manteca, mermelada, alcohol y un par de boludeces precocidas en el freezer para la primera comida de la vuelta, todo lo demás, como dicen acá, muss raus! La otra típica es después de una festichanga importante donde haya sobrado mucha comida que hay-que-consumir, aunque en ese caso hay más changüí.
Es en esos momentos que se impone el viejo dicho de si hay miseria que no se note y, para disimular, he dado a esos momentos el (sin embargo) apropiado nombre de "Cocina Creativa". Y es que hay veces que hay que devanarse los sesos para sacar algo rico de la plétora de requechos, sobre todo cuando una no puede permitirse añadir ciertos ingredientes, o sea: si me falta, puedo comprar un tomate, pero no por ejemplo una taza de leche, o un huevo, o media plantita de lechuga.
El último ciclo de cocina creativa se alargó alrededor de un mes o un poco más. Comenzó todavía en Crailsheim, con el casi total vaciamiento de la heladera y la mayor consumición posible de lo que estaba en las alacenas para mudarse con menos bultos. En el medio, Nach que estaba sólo de dos a cuatro días por semana, de los cuales capaz que hacíamos alguna comida afuera, con lo cual los cálculos de compra se me podian ir fácilmente al joraca. Esta etapa incluyó highlights como las tres refecciones seguidas que me pasé comiendo paty, porque había que terminar la caja; la mega ensalada bávara de papas, porque había que terminar las papas y la cebolla; el revuelto de espinaca, la penúltima cebolla, el último tomate y la última lata de sardinas, un descubrimiento que pienso reproducir en el futuro (no sólo quedó buenísimo, es una bomba de nutrición!).
Esa primera etapa, por lo menos, tenía el consuelo de la infraestructura. Pero la cocina nos la instalaron recién a los 13 días de habernos mudado¹, con lo que si bien podía comprar toda la comida que quisiera, ¿dónde me la metía? La cocina (ambiente) llena de los bultos que serían las alacenas, bultos que llenaban también el pasillo y parte del comedor. Salvo por la heladera y el microondas, era como estar de cámping, pero con estrés añadido: cuidando de no salpicar el piso del baño al lavar los platos; cuidando que no se ensucien/chinguen los módulos que serían las alacenas; sin lugar; no queriendo desparramar nada porque la precariedad tenía ya fecha de vencimiento.
Parte de nuestras comidas fueron mandangas listas para echar al microondas. Sabemos que esto no es una opción muy sana que digamos, así que tratamos de evitarlas. En el súper de acá a tres cuatras tienen una sección muy amplia de comidas preparadas incluyendo salad bar; esta era mi opción para la mayoría de mis almuerzos y la solución para tener ensalada de acompañamiento a la noche sin tener que ponerse a buscar en qué caja quedaron las tablas, los cuchillos, los bols... Un sábado estrenamos la parrilla que nos regalaron en la fiesta de despedida. El resto es cocina de campamento, con el sólo glamour agregado de que el súper siempre tiene más variedad que la proveeduría del cámping.

Las highlights de la etapa dos fueron el chili con carne² que hice un día (el que sobró lo calenté al microondas con mix de verduritas congeladas) y los fideos con tuco rosa de otro: una salchicha que quedó del asado; media lata de tomate triturado que quedó del chili y medio pote de crema que quedó de unos capelletti de otro día.
El final del Ciclo de Cocina Creativa no fue muy claro, la instalación de la cocina cubría sólo lo básico, así que a nosotros nos quedaron tareas como poner los zócalos, puertas, cajones. La instalación fue el mismo día que se casaba Pierre, o bien una semana antes de salir de vacaciones, fecha que por antonomasia marca el comienzo de un CCC estándar.
Y este finde es la fiesta de cumple de Mi Amado Esposo, así que quién sabe la semana que viene tenemos otro CCC con las sobras...
¹Para los que no saben: acá en Alemania existe la reputísima costumbre de alquilar viviendas sin la cocina. No sin el artefacto cocina, no, con el ambiente cocina totalmente pelado, apenas con la conexión de agua y electricidad. En el pasado nos ocupamos de buscar deptos con cocina, pero dado el déficit de viviendas de Frankfurt, frente a los requisitos de garage y balcón, la cocina pasó a segundo plano. El lado bueno es que la diseñé a mi gusto y piacere.
²Ya saldrá la receta, no desesperen...
En mi (nuestro) caso particular, hay por lo menos uno, cuando no dos o tres, momentos así por año, típicamente antes de un viaje más o menos largo (7 días o más), momento en que la heladera tiene que quedar liberada de todo alimento que no pueda conservarse fresco por ese período. O sea, salvo condimentos, manteca, mermelada, alcohol y un par de boludeces precocidas en el freezer para la primera comida de la vuelta, todo lo demás, como dicen acá, muss raus! La otra típica es después de una festichanga importante donde haya sobrado mucha comida que hay-que-consumir, aunque en ese caso hay más changüí.
Es en esos momentos que se impone el viejo dicho de si hay miseria que no se note y, para disimular, he dado a esos momentos el (sin embargo) apropiado nombre de "Cocina Creativa". Y es que hay veces que hay que devanarse los sesos para sacar algo rico de la plétora de requechos, sobre todo cuando una no puede permitirse añadir ciertos ingredientes, o sea: si me falta, puedo comprar un tomate, pero no por ejemplo una taza de leche, o un huevo, o media plantita de lechuga.
El último ciclo de cocina creativa se alargó alrededor de un mes o un poco más. Comenzó todavía en Crailsheim, con el casi total vaciamiento de la heladera y la mayor consumición posible de lo que estaba en las alacenas para mudarse con menos bultos. En el medio, Nach que estaba sólo de dos a cuatro días por semana, de los cuales capaz que hacíamos alguna comida afuera, con lo cual los cálculos de compra se me podian ir fácilmente al joraca. Esta etapa incluyó highlights como las tres refecciones seguidas que me pasé comiendo paty, porque había que terminar la caja; la mega ensalada bávara de papas, porque había que terminar las papas y la cebolla; el revuelto de espinaca, la penúltima cebolla, el último tomate y la última lata de sardinas, un descubrimiento que pienso reproducir en el futuro (no sólo quedó buenísimo, es una bomba de nutrición!).
Esa primera etapa, por lo menos, tenía el consuelo de la infraestructura. Pero la cocina nos la instalaron recién a los 13 días de habernos mudado¹, con lo que si bien podía comprar toda la comida que quisiera, ¿dónde me la metía? La cocina (ambiente) llena de los bultos que serían las alacenas, bultos que llenaban también el pasillo y parte del comedor. Salvo por la heladera y el microondas, era como estar de cámping, pero con estrés añadido: cuidando de no salpicar el piso del baño al lavar los platos; cuidando que no se ensucien/chinguen los módulos que serían las alacenas; sin lugar; no queriendo desparramar nada porque la precariedad tenía ya fecha de vencimiento.
Parte de nuestras comidas fueron mandangas listas para echar al microondas. Sabemos que esto no es una opción muy sana que digamos, así que tratamos de evitarlas. En el súper de acá a tres cuatras tienen una sección muy amplia de comidas preparadas incluyendo salad bar; esta era mi opción para la mayoría de mis almuerzos y la solución para tener ensalada de acompañamiento a la noche sin tener que ponerse a buscar en qué caja quedaron las tablas, los cuchillos, los bols... Un sábado estrenamos la parrilla que nos regalaron en la fiesta de despedida. El resto es cocina de campamento, con el sólo glamour agregado de que el súper siempre tiene más variedad que la proveeduría del cámping.
Las highlights de la etapa dos fueron el chili con carne² que hice un día (el que sobró lo calenté al microondas con mix de verduritas congeladas) y los fideos con tuco rosa de otro: una salchicha que quedó del asado; media lata de tomate triturado que quedó del chili y medio pote de crema que quedó de unos capelletti de otro día.
El final del Ciclo de Cocina Creativa no fue muy claro, la instalación de la cocina cubría sólo lo básico, así que a nosotros nos quedaron tareas como poner los zócalos, puertas, cajones. La instalación fue el mismo día que se casaba Pierre, o bien una semana antes de salir de vacaciones, fecha que por antonomasia marca el comienzo de un CCC estándar.
Y este finde es la fiesta de cumple de Mi Amado Esposo, así que quién sabe la semana que viene tenemos otro CCC con las sobras...
¹Para los que no saben: acá en Alemania existe la reputísima costumbre de alquilar viviendas sin la cocina. No sin el artefacto cocina, no, con el ambiente cocina totalmente pelado, apenas con la conexión de agua y electricidad. En el pasado nos ocupamos de buscar deptos con cocina, pero dado el déficit de viviendas de Frankfurt, frente a los requisitos de garage y balcón, la cocina pasó a segundo plano. El lado bueno es que la diseñé a mi gusto y piacere.
²Ya saldrá la receta, no desesperen...
13.7.10
10.6.10
7.5.10
5.5.10
Bestiario
Hoy en el gimnasio estaba Ojota. Tiene veintitantos, rubión, normal. Pero se va al gimnasio como si fuera al parador de moda de Cariló. Remerita sin mangas (que no musculosa), bermudas tipo combate o surfer y el detalle de las ojotas. No es que llega al gimnasio en ojotas, él hace toda su rutina en ojotas. Una vuelta lo veía sentadito en el banco, frente al espejo, cara de fuerza haciendo pesas y no puedo evitar pensar, se le llega a resbalar la pesa ésa, le revienta el pie, nos tienen que aumentar la cuota a todos para pagar la limpieza del salpicadero de sangre en las paredes, le cortan el dedo y ya no puede usar más ojotas.
Fuera de joda, yo no sé como le permiten.
Fuera de joda, yo no sé como le permiten.
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