Ayer se conmemoraron los 300 años de la caída de Barcelona en la guerra de sucesión de 1714. Y se llevó a cabo la manifestación pacífica más grande de la historia de Catalunya y, dicen, de Europa.
La policía calculó la asistencia total en 1.800.000 personas. Catalunya tiene 7.500.000 habitantes. Es decir que el 24% de la población, casi 1 de cada 4 habitantes estaba en la manifestación.
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12.9.14
1.8.14
Después de la tempestad
Algunos ya saben, otros no; han sido unos meses de locura que recién ahora empieza a aflojar. Locura y felicidad, pues después de languidecer por demasiado tiempo en la frígida Alemania, hemos vuelto a Barcelona.
28.12.13
Cómo no engordar en Nochebuena
No sé si fue frío, un virus, una bacteria o la maldición del oso polar.
La cuestión que la madrugada del 24 me la pasé vomitando (adiós, mi guisito de lentejas!) y descompuesta mal. Casi 38 de fiebre. Sí, el subnormal de Juan se trajo un termómetro. Pero bueno, yo me traje el arbolito de navidad con un par de guirnaldas.
La cuestión que la madrugada del 24 me la pasé vomitando (adiós, mi guisito de lentejas!) y descompuesta mal. Casi 38 de fiebre. Sí, el subnormal de Juan se trajo un termómetro. Pero bueno, yo me traje el arbolito de navidad con un par de guirnaldas.
27.12.13
Alta en el Cielo
El otro día cerré el post abruptamente pues, mientras escribia las últimas líneas, apareció un asomo de aurora boreal en una foto no recuerdo si de Nacho o de Juan así que raudamente nos emponchamos y salimos hacia el norte de la isla -donde habíamos estado a la mañana- a ver si lográbamos verla.
23.12.13
Dia 2
Hoy después del desayuno agarramos el auto y fuimos a pasear por ahí, a llenarnos los ojos con el arrebatador paisaje nórdico mientras duraba la tenue luz del día. Fuimos subiendo hacia el norte, bordeando los fiordos. Vimos ballenas a lo lejos, estaban en plan relax. Impresionante cómo se oye la respiración aunque estés a doscientos metros. También pasamos por delante de una granja donde había unos renitos.
Pongo algunas fotos, aunque ni éstas ni mil palabras pueden hacerle justicia a la cruda belleza de estar ahí en directo.
Pongo algunas fotos, aunque ni éstas ni mil palabras pueden hacerle justicia a la cruda belleza de estar ahí en directo.
22.12.13
Llegados al fin del mundo
Hoy fue nuestro primer día en Tromsø, 200 km. al norte del círculo polar ártico. Llegamos ayer a la noche, compramos en el súper y nos instalamos en la cabaña donde pasaremos esta próxima semana.
Nos levantamos a las 8 y algo, era de noche cerrada claro. Sobre las tostadas del desayuno, salamin de reno. Tipo 10 empezó a clarear, hora en que salimos a pasear por la aldea donde estamos, Ersfjordbotn.
19.12.13
Doñana
De Córdoba nos fuimos hacia el Parque Nacional de Doñana, en la desembocadura del Guadalquivir. Doñana es una amplia zona pantanosa que es hogar -permanente o de paso, según- de 360 especies de aves, 37 de mamíferos, 21 de reptiles, 11 de anfibios y más de 900 de plantas.
Nos alojamos en la aldea de El Rocío, que ahí nos enteramos es propiamente
Nos alojamos en la aldea de El Rocío, que ahí nos enteramos es propiamente
14.12.13
Córdoba, España.
Con el cuento de que para llegar a Castaño del Robledo sólo hay dos buses diarios desde Sevilla hasta el pueblito de al lado (5km), a lo largo de los años hemos ido conociendo esta ciudad, y Andalucía, de a cachitos.
Esta vuelta lo planeamos bien, alquilamos un coche y aprovechamos para tachar dos lugares de la lista de pendientes. Primeramente estuvimos en Córdoba.
Esta vuelta lo planeamos bien, alquilamos un coche y aprovechamos para tachar dos lugares de la lista de pendientes. Primeramente estuvimos en Córdoba.
15.9.13
Melancolicoso: revolviendo la cocina.
A raíz de una conversación en un grupo de internet en el que participo, surgieron una serie de posts sobre los objetos de bazar que cada integrante tiene en particular estima. Del repasador del catalanet ya hablé en su momento, pero hay más recuerdos en la cocina de esta cronista.
2.8.13
Los Ñocubitos del 29 versión castaña
El lunes, 29, tocaban ñoquis. Esta vez los hice de castañas. Para esto uso unas castañas que vienen ya peladas y hervidas, son éstas:
Vienen al vacío -con lo que se conservan un buen tiempo y sin heladera. Las hago puré, mi método preferido es con el prensaajos pero se puede usar tenedor, mortero, qué se yo... lo importante es molerlas.
Con este puré de castañas reemplazo la mitad de la harina de los ñoquis. Pongo dos partes de puré de papas, una de harina y una de castañas. Sin huevo. Sal, pimienta.
Y mezclo hasta formar la masa. Al principio es como que se gruma todo, pero después se compone.
Vienen al vacío -con lo que se conservan un buen tiempo y sin heladera. Las hago puré, mi método preferido es con el prensaajos pero se puede usar tenedor, mortero, qué se yo... lo importante es molerlas.
Con este puré de castañas reemplazo la mitad de la harina de los ñoquis. Pongo dos partes de puré de papas, una de harina y una de castañas. Sin huevo. Sal, pimienta.
Y mezclo hasta formar la masa. Al principio es como que se gruma todo, pero después se compone.
No la amaso, sólo mezclo hasta que formó bien el bollito. Después formo los ñoquis, yo con mi infame método: los ñocubitos.
Se cuecen como cualquier ñoqui, en agua hirviendo con sal hasta que floten. Para la salsa, puse cubitos de bondiola a cocinar a fuegio bajo, para que se derrita la grasita y se frían en ella. Añadí Pfifferlingen y crema (sal, pimienta, tomillo, romero) y dejé reducir. Me gusta acompañar estos ñoquis con salsas de hongos, para complementar el sabor a bosque de las castañas.
16.7.13
Paseo matutino
Hoy, como quien dice, me caí de la cama. Me desperté a las 6:30 y, siendo verano, habiendo ya sol, no tenía sentido volver a la cama. Aprovechando la volada, decidí ir a caminar por el bosque.
Un asquete, como verán.
Al llegar al estanque me encontré con esto:
En la foto no se ven todos. Había QUINCE.
También había una tortuga, pero se alejó nadando en cuanto me acerqué.
En lo alto de un árbol junto al estanque hay una simpática escultura de un búho:
Y se oía el repicar de los pájaros carpinteros.
Igual creo que todas las calorías que perdí caminando las recuperé con las frambuesas que me comí.
Al salir del bosque miré, pero no estaba, el Ruso azul que me encontré en una caminata pasada:
Sí había muchas flores silvestres, como éstas:
25.4.13
Llegó la primavera a Frankfurt!
Después de un invierno que no terminaba más (con nevadas fuertes hasta primeros de abril), por fin el calendario se acordó de actualizar.
Me encontré con esto en la vereda de una casa de electrodomésticos. Esto en Argentina no pasa.
A veces sacan a pasear los tranvías antiguos. En invierno se bancan mejor las vías congeladas...
Esta casa está por acá cerca. Es fea pero me encanta. Antes tenía un color más choto que le quedaba mejor.
¡Y mi balcón floreciéndose!
26.11.12
Muffins salados de la iaia Julia
En realidad, la receta de la iaia Julia es de pan salado, en molde de budín. Pero como la consigna del mes en Memòries d'una Cuinera eran madalenas, decidí probar la receta en este formato. Y la verdad que quedaron espectaculares.
Ingredientes:
250 g de harina leudante
3 huevos
130 g de queso rallado
75 cl de vino blanco
75 cl de aceite
100 g de fiambre a trocitos: chorizo colorado, cantimpalo, salame, jamón, panceta (2 variedades a gusto)
50 g de aceitunas picadas o en rodajas (verde o negras, a gusto)
sal y pimienta a gusto
Formar una masa firme con la harina, los huevos, el queso, el aceite y el vino.
Añadir el fiambre y las aceitunas, integrar en la masa y repartir en los moldecitos. Llevar a horno medio (180ºC) unos 15 minutos o hasta que estén cocidos pero no tostados.
Ideales como tentempié o para el pica-pica.
Ingredientes:
250 g de harina leudante
3 huevos
130 g de queso rallado
75 cl de vino blanco
75 cl de aceite
100 g de fiambre a trocitos: chorizo colorado, cantimpalo, salame, jamón, panceta (2 variedades a gusto)
50 g de aceitunas picadas o en rodajas (verde o negras, a gusto)
sal y pimienta a gusto
Formar una masa firme con la harina, los huevos, el queso, el aceite y el vino.
Añadir el fiambre y las aceitunas, integrar en la masa y repartir en los moldecitos. Llevar a horno medio (180ºC) unos 15 minutos o hasta que estén cocidos pero no tostados.
Ideales como tentempié o para el pica-pica.
22.10.12
La Mercè 2012
Como ya es tradición, fuimos a la fiesta de la Mercè. Llegamos a Barna el viernes a la noche, Nacho se fue directo al ensayo casteller y yo me tomé un bus directo a Tarragona para ver a mi amiga Sonsoles y cambiar papelitos ohne Ende. El sábado a la noche tuve un pantallazo de Santa Tecla, las fiestas de Tarragona, que siempre caen el mismo finde de la Mercè (Ambas santas sólo se llevan un día de calendario). Volví a Barna el domingo a la mañana, a tiempo para espiar la actuacion castellera cada tanto, cuando calculaba que le volvía a tocar a los de Barcelona. En los intervalos, además de dar vueltas, pude ver la hermosísima muestra Pilarín i Barcelona en en Ajuntament. También hice mi acostumbrada visita a Santa Maria del Mar. A la noche vimos los fuegos artificiales en la Barceloneta y comimos unas tapas impresionantes en el bareto de Balboa y Carbonell (las patitas de calamar fritas fueron casi una experiencia religiosa).
El lunes acompañé a Nacho a la plaça de la Mercè para los pilares de honor y la cercavila hasta plaça St. Jaume, con gegants incluidos. Paseé por el Gòtic y el Born, compré fiambres artesanales, visité la antigua sinagoga, y aunque parezca mentira a estas alturas, descubrí un par de rincones nuevos. Al final del segundo día tenía las plantas de los pies ampolladas, y la verdad, me daba scheißegal.
(click en las fotos para agrandar)
El lunes acompañé a Nacho a la plaça de la Mercè para los pilares de honor y la cercavila hasta plaça St. Jaume, con gegants incluidos. Paseé por el Gòtic y el Born, compré fiambres artesanales, visité la antigua sinagoga, y aunque parezca mentira a estas alturas, descubrí un par de rincones nuevos. Al final del segundo día tenía las plantas de los pies ampolladas, y la verdad, me daba scheißegal.
(click en las fotos para agrandar)
El gegant del Pi, ara balla, ara balla
El gegant del Pi, ara balla pel camí
El gegant del Pi, ara balla pel camí
El gegant de la ciutat, ara balla, ara balla
El gegant de la ciutat, ara balla pel terrat.
El gegant de la ciutat, ara balla pel terrat.
I'm the mother of dragons!!!
Muy buena función de marionetas en la plaça St. Felip Neri
Una balanza original en el Museu de les Idees.
Parenting para niños con pasta de anxaneta
Primera vez que paso por delante de esta belleza de edificio.
9.6.12
Cape Town III
El viernes hicimos una excursión de día completo al Cabo de Buena Esperanza. Como quien dice, la punta del mapa. En realidad, el extremo sur de África no es el Cabo, sino cabo Agulhas, un poco más al sudoeste, pero durante muchos años, los de las grandes travesías, se creyó que era Buena Esperanza. Total, que le quedó la fama.
Justo donde empieza la playa, una pareja de avestruces. Mientras el guía acomodaba las bicis de nuevo en el trailer, emprendimos la caminata que va desde el Cabo de Buena Esperanza hasta la Punta del Cabo (sí, son puntos distintos, y acá todo, todo lleva el nombre "cabo" adosado). Un sendero increíble que va bordeando la costa por la cima del acantilado, en el que las olas rompen con violencia y mucha espuma. Sobre las rocas está plagado de dassies (wiki dice que en castellano es damán, pero no me gusta), un bichito tamaño conejo grande, pero con orejitas pequeñas, con los cuales tuve que ejercer estricto control de mis impulsos estrujativos, ya que los muy panchos no se asustaban para nada de nosotros. Más adelante en la senda vimos un puercoespín muerto :( Pero la cereza del postre, al doblar en una curva, fue un eland que estaba pastando en toda su majestuosidad. Con el segundo aliento llegamos al faro antiguo, en lo más alto del acantilado: casi 300 metros sobre el nivel del mar.
Curiosamente, esta altura lo hacía poco eficiente, ya que la niebla solía comprometer la visibilidad. Más abajo se encuentra el faro nuevo, pero no tuvimos tiempo -ni energías-para ir. Las vistas durante todo este recorrido, repito, son impresionantemente bellas.
Pero además el Cabo es parte del Parque Nacional de Table Mountain, tierra de fynbos -la riquísima vegetación típica del Cabo y hogar de muchos animales, incluyendo el pingüino del cabo y la ballena franca, que se reproduce en estas costas como en la Patagonia.
Salimos a la mañana por la ruta panorámica que da a la playa. En la combi éramos 10, además del guía, y salvo él y nosotros, todos los demás eran yanquis, una pareja de mediana edad y el resto estudiantes que estaban en Cape Town por no se qué congreso o qué monga; por suerte todos gente normal. Paramos primero en Hout Bay, parece que es un pueblito muy peculiar pero la verdad que en el plan excursión de combi no valió mucho la pena la parada, ya que nadie queria hacer la excursión en barquito a la isla de los lobos marinos (que hubiera sido lo suyo si hubiera estado incluida en nuestro tour pero no era el caso).
De ahí fuimos a la pingüinera de Boulders Beach. Los pingüinos del Cabo son chiquititos, apenas me deben pasar de la rodilla. La pingüinera está en aguas de la Armada: al adjudicarse el ejército ese trecho de costa como base, quedó vedada la pesca; y los pingüinos, ante la resultante abundancia de alimento, decidieron instalarse. 
Seguimos un poco más al sur. Por el camino vimos un par de babuinos, y por suerte no vimos ninguno más. Es que estos monos son un problema cuando aprenden que la gente puede ser una fuente de "golosinas": roban carteras, bolsos y similares, atracan tachos de basura, se meten en casas y restaurantes, e incluso saben abrir puertas de autos. No destacan por su buen carácter, tienen colmillos grandes y son especialmente corpulentos debido a su alimentación rica en proteínas: son la única colonia de babuinos que baja a la playa regularmente para juntar mariscos. Por el parque patrullan guardas cuyo trabajo es mantener a los micos alejados de los lugares frecuentados por la gente, y aun así, por todos lados hay carteles de advertencia. Paramos para montar en bici -veníamos remolcándolas en un trailer a tal efecto. Así que siguió una bicicleteada de unos 6 km, casi todo en bajadita o plano, por las rutas capenses, admirando el paisaje, hasta el centro de visitantes de Buffelsfontein. Allí almorzamos en plan picnic, y después volvimos a agarrar las bicis hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza propiamente.
Llegamos al hostel cansados pero como era la última noche fuimos a comer afuera, a un restaurant cercano donde presentando su volante publicitario te regalaban una botella de vino - un pinotage divino. A pesar de que las porciones eran gigantes, fuimos lo bastante cerdos para pedir postre.
La mañana del sábado fuimos hasta el mercado vecinal de Woodstock, un rejunte moderno de negocios boho-chic, artesanías finas para la casa, mercado de productores locales y puestitos de comida gourmet. Nacho se comió una ciabatta de bresaola, parmesano y rúcula; yo me compré un jarabe de rosas. Volvimos al centro, caminamos hasta el hostel atravesando los Company Gardens donde grandes y chicos por igual alimentaban a las ardillas y las palomas, juntamos las cosas y nos fuimos al aeropuerto para emprender el regreso al verano alemán, que nos recibiría con 10 grados menos que el invierno africano.
Cape Town's the place for me
Cape Town I love you so
Durban is pretty, and so is Joburg city
but it's Cape Town a place for me
and how its climate suits me to a tee
Bloemfontein and Mafikeng
all is nice as anything,
but Cape Town's the place for me
(Instant Juancho's Hit que sonaba en el bus turístico).
Cape Town I love you so
Durban is pretty, and so is Joburg city
but it's Cape Town a place for me
and how its climate suits me to a tee
Bloemfontein and Mafikeng
all is nice as anything,
but Cape Town's the place for me
(Instant Juancho's Hit que sonaba en el bus turístico).
8.6.12
Cape Town II
El ticket del bus turístico que habíamos comprado era de dos días, por lo que el miércoles lo aprovechamos a full. Cape Town está encajada entre las frías aguas del Atlántico sur y Table Mountain, un macizo de cima plana -de ahí el nombre- de casi 1100 metros de altura. Detrás de Table Mountain, que hace de barrera a las nubes y el viento que vienen del oeste, las precipitaciones son 4 veces más abundantes que en la ciudad, y la vegetación es exhuberante. Un poco más atrás aún, comienza Constantia, la más antigua de las regiones vitivinícolas de Sudáfrica. Ese era nuestro objetivo.
Primeramente bajamos del bus en los jardines botánicos de Kirstenbosch. Fundado en 1913, fue el primer jardín botánico del mundo creado con el objetivo exclusivo de preservar la flora única del cabo y, hasta el día de hoy, sólo alberga especies aborígenes. Sólo unas pocas hectáreas están ajardinadas: el resto es el paisaje natural de la zona. Paseamos un buen rato, admirando todo tipo de plantas y desasnándonos de cuántas especies habituales de los jardines y balcones argentos tienen su cuna aquí: agapantos, planta de la moneda, del dólar, malvones, pelargonium, calas, aloes, calanchoe, éricas, ave del paraíso, flor de cuero, lacito de amor, y esas son sólo las que me acuerdo ahora. Me mataron las aloes y cactus arborescentes. Podríamos (al menos yo) habernos pasado todo el día ahí, pero las bodegas nos esperaban, así que volvimos a montarnos al bus y nos fuimos rumbo a Groot Constantia
Groot Constantia fue el primer viñedo de Sudáfrica, establecido en 1685, y viene produciendo vinos desde entonces. Lamentablemente la casa museo estaba cerrada, pero luego de almorzar en uno de los dos restaurantes de la viña hicimos la visita guiada a la bodega que finalizó con una degustación de vinos. No compramos ninguno: el 60% de la producción de Groot Constantia se exporta a Alemania. Su vino más famoso, de postre, el Grand Constantia, era sensación en las cortes y el jet-set europeo de los siglos 18 y 19. Se dejó de fabricar con la famosa plaga de filoxera, pero hace unos años volvieron a producirlo.
El recorrido del bus turístico es circular y siempre en el mismo sentino, por lo que a la salida de la bodega tuvimos que pasar por las varias localidades playeras del conurbano capense. Sólo nos bajamos en una, Camps Bay. La playa divina, ancha, con arenas blancas y pendiente suave. Lo malo: que el agua del Atlántico es fría con ganas, en verano más que en invierno ya que recibe la corriente antártica. Las olas son poderosas, así que la costa del Cabo es un paraíso para los surfers, eso sí, con riguroso traje de neoprene.
El jueves, por fin, fuimos a Robben Island. El viaje, en un barquito antiguo, dura casi una hora. Primeramente te llevan en un micro a recorrer un poco la isla. Pasamos por la casita donde estuvo detenido uno d elos tantos presos políticos del Apartheid (no me acuerdo los nombres, sori: la política no es lo mío), la iglesia, la cárcel para presos comunes, con mucha menos seguridad que la de los activistas; y por la cantera donde los hacían picar piedra y que era el único lugar donde los presos podían charlar entre ellos con cierta libertad. Todo esto sin bajar del micro. Después llegamos a la cárcel propiamente, y allí un ex preso nos dio el tour. Tenía un acento muy fuerte y me perdí de bastantes cosas, pero huelga decir que no la pasaban bien. Las celdas de los presos políticos eran más chicas que los caniles donde guardaban los perros, y no tenían ni cama, apenas una estera y cuatro mantitas. Cape Town está en la misma latitud que Buenos Aires, así que en invierno se cagaban de frío mal.
Previo a la isla, como el barquito salía al mediodía, pasamos por la antigua municipalidad, que alberga una colección de arte holandés de los siglos 17-18. Estuvo discreta pero bien para ocupar la mañana.
Previo a la isla, como el barquito salía al mediodía, pasamos por la antigua municipalidad, que alberga una colección de arte holandés de los siglos 17-18. Estuvo discreta pero bien para ocupar la mañana.
"My dear," said [Mrs. Jennings to Elinor], entering,
"I have just recollected that I have some of the finest
old Constantia wine in the house that ever was tasted,
so I have brought a glass of it for your sister. My poor
husband! how fond he was of it! Whenever he had a touch
of his old colicky gout, he said it did him more good than
anything else in the world. Do take it to your sister."
Jane Austen, Sense and Sensibility, ch. 30
"I have just recollected that I have some of the finest
old Constantia wine in the house that ever was tasted,
so I have brought a glass of it for your sister. My poor
husband! how fond he was of it! Whenever he had a touch
of his old colicky gout, he said it did him more good than
anything else in the world. Do take it to your sister."
Jane Austen, Sense and Sensibility, ch. 30
5.6.12
Cape Town I
Al dia siguiente de terminar el safari volamos a Cape Town. Ya desde el taxi que nos llevó del aeropuerto al hostel se veía una ciudad de aspecto mucho más welcoming que Joburg: más chica, más diáfana, edificios más bajos, más verde, con mar. Una impresión del todo subjetiva, hago la salvedad, ya que de Joburg poco y nada pude ver.
El hostel donde estuvimos, divino. Camas robustas, de tronco, cuchetas en L ideales para quien viaja de a 2, por el lugar extra que da para guardar -o desparramar- pertenencias; cocina amplia y super equipada para cocinarse si uno quiere; salón con sofás, tele, compu, mesa larga, dvds, revistas, libros; un patio hermoso (que por ser invierno no tuvimos ocasión de usar) con jazmines del Paraguay, un árbol de palta, un jacarandá, un banano, y muchas otras plantas en macetas, sobre todo crasas y aloes (es inacabable la variedad de aloes que hay en África). Todo nuevo, lindo, de buen gusto, limpísimo.
Una vez instalados y almorzados dedicamos la tarde a caminar por la ciudad. El centro histórico me encantó: junto a las construcciones más antiguas, de estilo holandés, se erigen un montón de edificios art decó. En la calle principal, Long St., hay negocios de ropa alternativos, vintage, tiendas de deportes playeros, de música, librerías de viejo, pubs, hostels, anticuarios. Al final de la calle está la zona de megahoteles, el CTICC (Cape Town International Convention Centre) y el acceso al Victoria & Alfred Waterfront, la versión local de Puerto Madero. En los antiguos muelles, dársenas y bodegas se alinean shoppings, restaurantes, amarraderos de yates, hoteles de lujo. Dimos vueltas y cenamos en una de las terracitas, en un restaurant griego, liviano porque habíamos almorzado tarde. Tomamos un taxi de vuelta al hostel. Después nos enteraríamos, y comprobaríamos, que acá también se usa el piripipí.
Al día siguiente amaneció nublado, choto, frío. Queríamos ir a Robben Island (donde estuvo preso Mandela, hoy museo) pero al llegar al Waterfront ya se había largado a llover y nos informaron que estaba suspendido el ferry. Sin posibilidad de hacer otros paseos al aire libre, decidimos comprar un boleto para el bus turístico -el clásico rojo de dos pisos que anda por toda ciudad turística que se precie- y aprovechar el recorrido por todas las atracciones locales, en una ciudad donde el transporte público no abunda. Empezamos por visitar el acuario "Two Oceans". Ya sabrán mis Hordas de Fans que estos lugares me provocan sentimientos muy encontrados, mi corazón tironeado entre mi amor por los animales y el sufrimiento de verlos encerrados, pero el acuario estaba al toque, bajo techo, y teníamos 10 Rand (1 Euro) de descuento en la entrada con el boleto del bus. Los tanques mostraban ecosistemas del Atlántico y del Índico. Me gustó un tanque con peces varios donde indicaba el estatus de las dictintas especies con respecto a la pesca: cuáles se pueden comer con tranquilidad y cuáles se encuentran en estado vulnerable o amenazadas y, por lo tanto, no deberían aparecer en el comercio ni en los restaurantes. Parece que seguiré mucho tiempo sin probar abalones. Como era 29, almorzamos ñoquis en un restaurant italiano del Waterfront, con sendos billetes de 20 Rands bajo el plato.
De allí fuimos con el bus hasta el centro, caminamos por la arbolada Government Avenue, en realidad un paseo peatonal bordeando los Company Gardens y lleno de ardillas -europeas- que comieron chocolate de mi mano. Y no cualquiera, ¿eh? Lindt 70% que me había venido con el espresso de media mañana en el Waterfront y me había guardado para después.
Visitamos a continuación el Museo Nacional de Arte. Había una exposición de dibujos de una tal Barbara Tyrrell, ilustradora y diseñadora de modas que allá por los años 30 se largó a recorrer Sudáfrica en una primitiva combi retratando los varios atuendos de las distintas etnias, y siguió en esa labor hasta que le dio el cuero. La expo celebra el 100º cumpleaños de la artista. En un ala contigua había una retrospectiva de un Peter Clarke, pintor y poeta nacido en 1929. Me gustaron más sus primeros trabajos, sin embargo los más nuevos distaban mucho de ser ladris. En la sala central había una serie de pinturas y esculturas contemporáneas, algunas mejores y algunas no tanto pero todas calificaban de arte. La última ala, sin embargo, no escapó a la incongruencia y albergaba una olvidable videoinstalación.
Volvimos a tomar el bus y nos bajamos en el Castillo de Buena Esperanza. En realidad es una ciudadela, el edificio más antiguo de Sudáfrica, construido en 1666 por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. No entramos -ya estaba cerrado y además es museo militar, not our cup of tea- pero lo admiramos de afuera y nos volvimos al hostel caminando.
El hostel donde estuvimos, divino. Camas robustas, de tronco, cuchetas en L ideales para quien viaja de a 2, por el lugar extra que da para guardar -o desparramar- pertenencias; cocina amplia y super equipada para cocinarse si uno quiere; salón con sofás, tele, compu, mesa larga, dvds, revistas, libros; un patio hermoso (que por ser invierno no tuvimos ocasión de usar) con jazmines del Paraguay, un árbol de palta, un jacarandá, un banano, y muchas otras plantas en macetas, sobre todo crasas y aloes (es inacabable la variedad de aloes que hay en África). Todo nuevo, lindo, de buen gusto, limpísimo.
Una vez instalados y almorzados dedicamos la tarde a caminar por la ciudad. El centro histórico me encantó: junto a las construcciones más antiguas, de estilo holandés, se erigen un montón de edificios art decó. En la calle principal, Long St., hay negocios de ropa alternativos, vintage, tiendas de deportes playeros, de música, librerías de viejo, pubs, hostels, anticuarios. Al final de la calle está la zona de megahoteles, el CTICC (Cape Town International Convention Centre) y el acceso al Victoria & Alfred Waterfront, la versión local de Puerto Madero. En los antiguos muelles, dársenas y bodegas se alinean shoppings, restaurantes, amarraderos de yates, hoteles de lujo. Dimos vueltas y cenamos en una de las terracitas, en un restaurant griego, liviano porque habíamos almorzado tarde. Tomamos un taxi de vuelta al hostel. Después nos enteraríamos, y comprobaríamos, que acá también se usa el piripipí.
Al día siguiente amaneció nublado, choto, frío. Queríamos ir a Robben Island (donde estuvo preso Mandela, hoy museo) pero al llegar al Waterfront ya se había largado a llover y nos informaron que estaba suspendido el ferry. Sin posibilidad de hacer otros paseos al aire libre, decidimos comprar un boleto para el bus turístico -el clásico rojo de dos pisos que anda por toda ciudad turística que se precie- y aprovechar el recorrido por todas las atracciones locales, en una ciudad donde el transporte público no abunda. Empezamos por visitar el acuario "Two Oceans". Ya sabrán mis Hordas de Fans que estos lugares me provocan sentimientos muy encontrados, mi corazón tironeado entre mi amor por los animales y el sufrimiento de verlos encerrados, pero el acuario estaba al toque, bajo techo, y teníamos 10 Rand (1 Euro) de descuento en la entrada con el boleto del bus. Los tanques mostraban ecosistemas del Atlántico y del Índico. Me gustó un tanque con peces varios donde indicaba el estatus de las dictintas especies con respecto a la pesca: cuáles se pueden comer con tranquilidad y cuáles se encuentran en estado vulnerable o amenazadas y, por lo tanto, no deberían aparecer en el comercio ni en los restaurantes. Parece que seguiré mucho tiempo sin probar abalones. Como era 29, almorzamos ñoquis en un restaurant italiano del Waterfront, con sendos billetes de 20 Rands bajo el plato.
De allí fuimos con el bus hasta el centro, caminamos por la arbolada Government Avenue, en realidad un paseo peatonal bordeando los Company Gardens y lleno de ardillas -europeas- que comieron chocolate de mi mano. Y no cualquiera, ¿eh? Lindt 70% que me había venido con el espresso de media mañana en el Waterfront y me había guardado para después.
Visitamos a continuación el Museo Nacional de Arte. Había una exposición de dibujos de una tal Barbara Tyrrell, ilustradora y diseñadora de modas que allá por los años 30 se largó a recorrer Sudáfrica en una primitiva combi retratando los varios atuendos de las distintas etnias, y siguió en esa labor hasta que le dio el cuero. La expo celebra el 100º cumpleaños de la artista. En un ala contigua había una retrospectiva de un Peter Clarke, pintor y poeta nacido en 1929. Me gustaron más sus primeros trabajos, sin embargo los más nuevos distaban mucho de ser ladris. En la sala central había una serie de pinturas y esculturas contemporáneas, algunas mejores y algunas no tanto pero todas calificaban de arte. La última ala, sin embargo, no escapó a la incongruencia y albergaba una olvidable videoinstalación.
Volvimos a tomar el bus y nos bajamos en el Castillo de Buena Esperanza. En realidad es una ciudadela, el edificio más antiguo de Sudáfrica, construido en 1666 por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. No entramos -ya estaba cerrado y además es museo militar, not our cup of tea- pero lo admiramos de afuera y nos volvimos al hostel caminando.
29.5.12
Parque Kruger: días 3 y 4
Día 1 Día 2
Si la víspera estuvo colmada de elefantes y jirafas, éste fue el día de .
la cebra. Desde temprano y durante todo el día fuimos encontrando grupetes También conseguimos un buen avistamiento de una rinoceronte y su cachorro. A estas alturas ya eran pocos los animales "nuevos" que cruzamos, un par de antílopes que no habíamos visto antes -incluyendo ñus- y poco más. Pudimos hacer buenas fotos de las mangostas enanas y de un pájaro precioso, el lilac-breasted roller. el momento simpático
de la mañana vino de la mano de un pajarraco de mierda - literalmente. Los rinocerontes, si bien son solitarios, defecan en "letrinas" comunitarias, formando grandes círculos de bosta desparramados por toda la sabana. Pues bien, en uno de estos excusados había un pájaro, de tamaño similar a una perdiz, muy bonito, todo sea dicho, acluecado en la mierda como si estuviera en un spa.
Picoteaba se ve que bichitos que viven ahí, y de vez en cuando se revolcaba en la bosta seca como si no hubiera mañana, echándosela por el lomo y todo, y tan feliz, él. Un poema.
Después del brunch llegamos a una laguna. Además de los infaltables impalas, y un cocodrilo muy a la distancia, había una hipopótamo nadando ¡con su bebé! El resto de la tarde la pasamos buscando a ver si aparecían los felinos y encontrando de todo menos eso.
Cerca de la entrada del parque había leones, pero estaban escondidos entre la maleza y no se veía nada.
Como era la última noche, cenamos braai, el asado sudafricano. Había salchicha y avestruz. Los sudafricanos son carnívoros, y saben usar una parrilla: el fuego prendido con tiempo para que haga buena brasa, la carne cocida regulando la distancia para que no se arrebate.
Para aprovechar el último día, volvimos a levantarnos tempranísimo. Enseguida de salir encontramos una manada de búfalos,
eran un montón. Seguimos dando vueltas, nos pasaron un tip de leones y hacia allí fuimos, efectivamente había un grupete de varios machos -todos torrando- y una hembra. Y ahora que alguien ponga la hilo musical setentoso, porque el macho que estaba más despierto se acercó a la hembra y la sirvió ahí delante de todo el mundo. Lion porn, oh yeah. Más adelante tuvimos un semi-replay del segundo día: en un árbol estaban los restos de un impala ya comido, y los buitres se las estaban arreglando como podían para morfárselo, amuchándose en las ramas, enredándose en la copa y acechando desde un risco vecino. Apareció una hiena,
tuerta ella, y estuvo dando vueltas, pero lo que quedaba del cadáver estaba muy bien colgado, no parecía que fuera a caer pronto, así que la hiena se volvió a meter monte adentro (aunque calculo que no debe haber ido muy lejos). A todo esto ya se nos había ido la mañana; hicimos el último brunch y emprendimos la vuelta de nuevo para Johannesburgo, desde donde al día siguiente partimos para Ciudad del Cabo.
Si la víspera estuvo colmada de elefantes y jirafas, éste fue el día de .
Después del brunch llegamos a una laguna. Además de los infaltables impalas, y un cocodrilo muy a la distancia, había una hipopótamo nadando ¡con su bebé! El resto de la tarde la pasamos buscando a ver si aparecían los felinos y encontrando de todo menos eso.
Como era la última noche, cenamos braai, el asado sudafricano. Había salchicha y avestruz. Los sudafricanos son carnívoros, y saben usar una parrilla: el fuego prendido con tiempo para que haga buena brasa, la carne cocida regulando la distancia para que no se arrebate.
Para aprovechar el último día, volvimos a levantarnos tempranísimo. Enseguida de salir encontramos una manada de búfalos,
28.5.12
Parque Kruger: día 2
Día 1
Nos levantamos a la hermosísima hora de las 5:45, Simon ya nos esperaba en la galería con café y Southafrican rusks, una galleta dura tipo carquinyoli o cantuccini, hecha con buttermilk, ideal para mojar en el café con leche. Salimos del campamento a las 6 en punto, ni bien habían abierto las puertas, bien emponchados porque la temperatura a esa hora era de menos de 10 grados (incluso hay mantitas en la camioneta para taparse un poco más del viento).
El madrugón rindió sus frutos: en el árbol de la víspera estaba el leopardo -una hembra- desayunándose el impala. Una hora nos quedamos ahí contemplando el espectáculo, que fue viéndose mejor a medida que salía el sol, con ayuda de zooms y binoculares -el árbol debe estar a unos 100 metros del camino-. A medida que iban saliendo otros autos del campamento se iban arrimando, pero pocos se quedaban más de unos pocos minutos, y nosotros, por haber llegado primero, teníamos el mejor punto de vista.
Finalmente, después de haber tirado del árbol los restos de las patas del antílope y reacomodado el resto del fiambre para zamparse la carne que quedaba, el leopardo dio por terminada la comida y se echó a hacer la digestión en otra horqueta, atrás de un tronco por lo que ya no se la vio más. Seguimos camino entonces, parando aquí y allá para ver y fotografiar los animales que íbamos encontrando.
Tipo 11 y media hicimos escala en el área de picnic del campamento de Lower Sabie para hacer el brunch. En Europa pronto habríamos estado rodeados de palomas y gorriones a la espera de alguna sobra.
Acá en cambio nos invadieron los starlings, unos pájaros espectaculares, con plumas de un azul metalizado que sería la envidia del cualquier pavo real y ojos amarillo huevo o naranja -según la especie. A falta de gorriones había weavers, un pajarillo amarillo y gris que hace unos nidos preciosos, como canastitas colgando de los árboles. Había también algún que otro yellow-billed hornbill (Zazu de El Rey León) y un crested barbet,
que parece que las plumas se las hubiera pintado un nene de 5 años. Al final del brunch tenía a los starlings casi comiendo de mi mano, literalmente. Después, mismo programa que a la mañana hasta la hora de volver al campamento.
Lo cierto es que podemos estar agradecidos porque tuvimos mucha mucha suerte con los avistamientos. En menos de 24 horas de haber llegado ya habíamos logrado ver a los "Big Five",
apodo heredado de los tiempos en que los safaris eran con rifles por los animales más difíciles de cazar: leopardo, elefante (además de los del 1º día, vimos otros dos grupos muy de cerca), búfalo (también vimos un par de cerca a la mañana), rinoceronte (entre los arbustos y de culo), y león (una pareja en celo despuésdeco, o despuésdefo para los que me leen desde España). El punto álgido de la tarde fue el festín carroñero en donde, según nos dijeron, un chita había cazado un impala.
Cuando llegamos, el chita había desaparecido hacía rato, pero en su lugar pudimos ver tremendo amuchamiento de buitres dando cuenta de las sobras; los había de tres especies diferentes. Tres chacales se acercaban despacito para reclamar su porción. Y entonces apareció una hiena solitaria, echó a los buitres, agarró el colgajo de impala y se fue cruzando la carretera con el fiambre arrastrando, los chacales
siguiéndola como perritos falderos onda "dale, copate y tirame una costillita", ella con cara de "loco, no me sigan, no les voy a dar náaaa". Además de los mencionados, y sacando los repetidos, vimos cebras, nyalas, duikers, ardillas; más aves, incluyendo el raro southern ground hornbill, que parece el hijo bastardo de un pavo y un tucán, y un búho sosteniendo un algo que había cazado y que no pudimos identificar.
A la noche después de cenar hicimos una recorrida nocturna. Éstas se hacen exclusivamente con los rangers del parque,
por lo que íbamos en un vehículo más grande, con más gente. Lamentablemente, la suerte no acompañó mucho y vimos poca cosa: un par de hienas (la segunda se asustó de la luz y me dio mucha penita), un búfalo, un par de liebres y, como novedad, un par de ginetas. Total, que volvimos recagados de frío y con el madrugón que habíamos pegado, caímos más que rendidos en la cama.
Días 3 y 4
Nos levantamos a la hermosísima hora de las 5:45, Simon ya nos esperaba en la galería con café y Southafrican rusks, una galleta dura tipo carquinyoli o cantuccini, hecha con buttermilk, ideal para mojar en el café con leche. Salimos del campamento a las 6 en punto, ni bien habían abierto las puertas, bien emponchados porque la temperatura a esa hora era de menos de 10 grados (incluso hay mantitas en la camioneta para taparse un poco más del viento).
Tipo 11 y media hicimos escala en el área de picnic del campamento de Lower Sabie para hacer el brunch. En Europa pronto habríamos estado rodeados de palomas y gorriones a la espera de alguna sobra.
Lo cierto es que podemos estar agradecidos porque tuvimos mucha mucha suerte con los avistamientos. En menos de 24 horas de haber llegado ya habíamos logrado ver a los "Big Five",
A la noche después de cenar hicimos una recorrida nocturna. Éstas se hacen exclusivamente con los rangers del parque,
Días 3 y 4
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