El sábado pasado fue la Housewarming Party de una amiga y obviamente me ofrecí a llevarle algo dulce. Entre torta y cupcakes prefirió la primera opción, así que luego de pensar cómo la decoraría (no qué receta iba a hacer, ni qué le iba a poner adentro...) decidí hacerle una casita de pan de Jenjibre, la famosa gingerbread house.
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15.4.14
22.12.13
Llegados al fin del mundo
Hoy fue nuestro primer día en Tromsø, 200 km. al norte del círculo polar ártico. Llegamos ayer a la noche, compramos en el súper y nos instalamos en la cabaña donde pasaremos esta próxima semana.
Nos levantamos a las 8 y algo, era de noche cerrada claro. Sobre las tostadas del desayuno, salamin de reno. Tipo 10 empezó a clarear, hora en que salimos a pasear por la aldea donde estamos, Ersfjordbotn.
2.8.13
Los Ñocubitos del 29 versión castaña
El lunes, 29, tocaban ñoquis. Esta vez los hice de castañas. Para esto uso unas castañas que vienen ya peladas y hervidas, son éstas:
Vienen al vacío -con lo que se conservan un buen tiempo y sin heladera. Las hago puré, mi método preferido es con el prensaajos pero se puede usar tenedor, mortero, qué se yo... lo importante es molerlas.
Con este puré de castañas reemplazo la mitad de la harina de los ñoquis. Pongo dos partes de puré de papas, una de harina y una de castañas. Sin huevo. Sal, pimienta.
Y mezclo hasta formar la masa. Al principio es como que se gruma todo, pero después se compone.
Vienen al vacío -con lo que se conservan un buen tiempo y sin heladera. Las hago puré, mi método preferido es con el prensaajos pero se puede usar tenedor, mortero, qué se yo... lo importante es molerlas.
Con este puré de castañas reemplazo la mitad de la harina de los ñoquis. Pongo dos partes de puré de papas, una de harina y una de castañas. Sin huevo. Sal, pimienta.
Y mezclo hasta formar la masa. Al principio es como que se gruma todo, pero después se compone.
No la amaso, sólo mezclo hasta que formó bien el bollito. Después formo los ñoquis, yo con mi infame método: los ñocubitos.
Se cuecen como cualquier ñoqui, en agua hirviendo con sal hasta que floten. Para la salsa, puse cubitos de bondiola a cocinar a fuegio bajo, para que se derrita la grasita y se frían en ella. Añadí Pfifferlingen y crema (sal, pimienta, tomillo, romero) y dejé reducir. Me gusta acompañar estos ñoquis con salsas de hongos, para complementar el sabor a bosque de las castañas.
26.11.12
26.10.12
Plan B de besugo, bacalao, boga, bonito... ¡bonito!
Confieso que para la torta del cumple de Nacho tenía un plan B. Y es que entre el calor y cierta falta de precisión a la hora de calcular cantidades, no estaba segura de que me fuera a alcanzar la ganache para cubrir los costados como yo quería, o si se sostendría bien una vez colocada. Mi plan B era fratachar los cantos así nomás y cubrirlos con almendras fileteadas. Finalmente no hizo falta y la torta salió como había sido planeada originalmente.
La cuestión es que eso resultó en dos haarrmosos paquetitos de almendras fileteadas que cada vez que abría la alacena me susurraban "¡úsame! ¡haz algo rico conmigo!". Pero yo nunca atinaba a buscar una receta que usara almendras fileteadas en cantidad. Y hete aquí que un día mirando el blog de Coses de Llàbiro encontré una receta de galletitas de almendra. En polvo, eso sí, pero nada que no se solucione con la picadora. Subida al banquito para bajar el azúcar negro de la vieja lata de bizcochos Canale que tengo sobre la alacena, procedí ya que estaba a buscar un moldecito para cortar las galletas. ¿Corazoncito? Hmm medio ñoño... ¿Redondo? Demasiado soso. ¿Estrella? Muy navideño... Y desde el fondo de la lata apareció un moldecito que había olvidado que tenía, y que me dió la excusa perfecta para usar algunas de las láminas de almendra que me sobraron. ¡Pescaditos!
La cuestión es que eso resultó en dos haarrmosos paquetitos de almendras fileteadas que cada vez que abría la alacena me susurraban "¡úsame! ¡haz algo rico conmigo!". Pero yo nunca atinaba a buscar una receta que usara almendras fileteadas en cantidad. Y hete aquí que un día mirando el blog de Coses de Llàbiro encontré una receta de galletitas de almendra. En polvo, eso sí, pero nada que no se solucione con la picadora. Subida al banquito para bajar el azúcar negro de la vieja lata de bizcochos Canale que tengo sobre la alacena, procedí ya que estaba a buscar un moldecito para cortar las galletas. ¿Corazoncito? Hmm medio ñoño... ¿Redondo? Demasiado soso. ¿Estrella? Muy navideño... Y desde el fondo de la lata apareció un moldecito que había olvidado que tenía, y que me dió la excusa perfecta para usar algunas de las láminas de almendra que me sobraron. ¡Pescaditos!
6.7.12
Hakuna patata
Debo desde hace rato el post sobre nuestras comidas en Sudáfrica. Sepan disculpar: son tantas y tan buenas las delicias que comimos, y tan pocas palabras en el diccionario para describirlas. No nos clavamos ni una vez; los precios eran, si no baratos, súper decentes en todos lados; el café ubicuamente bueno, ídem el vino. Los platos eran riquísimos, y las materias primas de calidad (lechuga con gusto a lechuga!)
Si bien mis mediodías en Joburg fueron tranquis, de patio de comidas del megashopping, no se interprete esto como sinónimo de comida chatarra. Entre los varios comederos había uno llamado Fishaways, donde comí altos filets de pescado con ensalada y bebida por unos 7€ - lo que sale un menú grande de Merdónals acá. Y el último almuerzo, justo antes de subir al avión de vuelta, fue una ciabatta de bacon y brie con cebollita caramelizada...
Como ya mencioné en la crónica del safari, los sudafricanos son carnívoros y saben asar. Además, tienen un montón de bichos comestibles que no se consiguen en otros lados y que, obvio, esta cronista no se iba a quedar sin probar. La primera noche comimos en The Butcher's shop, que como su nombre lo indica además de restaurant tienen carnicería. Mientras esperábamos la comida nos trajeron de picadita unas Boerewors, chorizo local, hechas tipo a la pumarola, en rodajitas. Un sabor muy particular y rico. De entrada Nacho se pidió caracoles y yo una ensalada de rúcula y parmesano. La rúcula se ve que era una variedad distinta de la de acá porque sabía diferente, la forma de las hojas tampoco era la misma, pero igual estaba riquísima. Después comimos los dos lo mismo, la carne de caza del día que en esa ocasión fue kudu. Rico, silvestre de verdad, carne fibrosa y sin desangrar. Venía con una especie de Rotkohl (chucrut de repollo colorado, vamos) que le quedaba perfecto, una salsita cremosa de pimienta que no le eché porque no me convenció mucho la combinación, y arroz (Nacho fritas). Lo mejor: El pinotage de la casa, exquisito, muy frutado pero nada dulce, una delicia.
Las siguientes dos noches comimos en un restaurante africano ubicado frente al primero: Lekgotla. Vamos a ponerlo así: Quiero volver a Joburg y pasarme una semana internada ahí para poder probar todo el resto de la carta. En la primera cena comí un churrasco de springbok, con salsita de vino tinto sobre colchón de espinaca y cebada: hands down una de las cosas más ricas que he comido en mi vida. No puedo ver una gacela sin acordarme de ese plato, por favor. Me hace falta mucha falta no sé tú. De acompañamiento pedí mealie pap (puré de maíz blanco) con chakalaka (una salsa picantona). No me convenció mucho, por ahí si hubiera venido con más chakalaka... pero tampoco era cuestión de embotarme la boca de chili y perderme el festival de sabor que era la carne. Nacho comió curry de cocodrilo, ligeramente agridulce. La segunda noche repetimos la entrada de la primera: langostinos marinados en limón y cardamomo y envueltos en masa kataifi sobre queso feta grillado, una delicia. Después comí Kingklip, pescado típico sudafricano, con una salsita de curry y maní, muy rico. Lo acompañé de samp, maíz blanco cocido tipo arroz blanco, estaba bueno.
Después del safari, cuyas comidas ya cubrí en el relato del mismo, Cape Town nos esperaba con más mimos gastronómicos. El mismo día que llegamos cenamos en un restaurant griego del Waterfront, livianito porque habíamos almorzado tardísimo (Nacho hamburguesa de avestruz y yo ensaladota). compartimos una especie de megacroqueta de cangrejo de entrada, venía con dos cachos de calamar encima y una salsita de vino blanco impresionante. Después, pulpo grillado, un clásico que no puede fallar.
El día siguiente era 29, así que tocaban ñoquis. Casi al lado del griego, el italiano San Marco cumplió el propósito. Nacho comió los suyos con salsa Alfredo, yo con una salsita de cajun chicken deliciosa y picantona. Ahí también tenían ricas tortas, hicimos meriendita un día. A la noche comimos cerca del hostel en Ocean Basquet, una cadena de esas a medio camino entre fastfood y restaurant, pero nos echamos una fuente mixta de pescado y marisco que nos dejó pipones por menos de 20 euros.
El miércoles almorzamos en Groot Constantia, probamos el bobotie, especialidad cape-malay (de los musulmanes del cabo). Es una especie de pastel-de-papa-sin-papa, un relleno de carne picada con especias que en vez de estar cubierto con puré lleva un batido de huevo que cuaja al gratinar. Venía con arroz con almendras y pasas (que fueron debidamente separadas) y daditos de anco. Rico, aunque no para cada día. La cena fue en Beleza, a la vuelta del hostel, un local sin pretensiones mezcla de restaurant bar y boutique vintage, con decoración sesentera de reciclaje -me encantaaa- y una carta sencilla de inspiración portuguesa. Compartimos la entrada, mejillones con salsa de vino blanco. Gigantes esos bichos, nunca había visto unos tan grandes*. Después carne grillada con salsa de vino tinto y puré, la carne muy buena, la salsa rica pero para mi gusto le faltaba cocción.
La última noche decidimos castigarnos como corresponde y nos dirigimos a Arnold's, a una cuadra del hostel, que presentando el volante de propaganda te regalaban una botella de vino. Local sencillo que logra un ambiente cool decorado con dos mangos. Lleno hasta la manija. Pedimos facóquero, y cuando vi el cachocostillar que nos trajeron me sentí una pelotuda por haberle preguntado a la camarera si venía con acompañamiento. Las ricas verduras salteadas quedaron de garpe mientras mondábamos las costillitas sin ningún pudor, carne deliciosa, tiernísima y nada grasienta, regada con pinotage a destajo. Sí, nos comimos a Pumba y lo volvería a hacer.
Por si no nos hubiera bastado, pedimos postre, Nacho cheesecake y yo un dúo de mousse de chocolate que me noqueó. La de chocolate negro esa muy rica; la de chocolate blanco era suprema, cremosa, sabrosa, intensa.
Por supuesto no faltó algún que otro almuerzo de merdónals o kebab; incluso una noche cenamos en el hostel. Pero a quien no se interese por los animales, ni la botánica, ni la historia del apartheid, ni las olas surferas del Cabo, Sudáfrica bien vale un viaje sólo por la comida.
*That's what she said.
Si bien mis mediodías en Joburg fueron tranquis, de patio de comidas del megashopping, no se interprete esto como sinónimo de comida chatarra. Entre los varios comederos había uno llamado Fishaways, donde comí altos filets de pescado con ensalada y bebida por unos 7€ - lo que sale un menú grande de Merdónals acá. Y el último almuerzo, justo antes de subir al avión de vuelta, fue una ciabatta de bacon y brie con cebollita caramelizada...
Como ya mencioné en la crónica del safari, los sudafricanos son carnívoros y saben asar. Además, tienen un montón de bichos comestibles que no se consiguen en otros lados y que, obvio, esta cronista no se iba a quedar sin probar. La primera noche comimos en The Butcher's shop, que como su nombre lo indica además de restaurant tienen carnicería. Mientras esperábamos la comida nos trajeron de picadita unas Boerewors, chorizo local, hechas tipo a la pumarola, en rodajitas. Un sabor muy particular y rico. De entrada Nacho se pidió caracoles y yo una ensalada de rúcula y parmesano. La rúcula se ve que era una variedad distinta de la de acá porque sabía diferente, la forma de las hojas tampoco era la misma, pero igual estaba riquísima. Después comimos los dos lo mismo, la carne de caza del día que en esa ocasión fue kudu. Rico, silvestre de verdad, carne fibrosa y sin desangrar. Venía con una especie de Rotkohl (chucrut de repollo colorado, vamos) que le quedaba perfecto, una salsita cremosa de pimienta que no le eché porque no me convenció mucho la combinación, y arroz (Nacho fritas). Lo mejor: El pinotage de la casa, exquisito, muy frutado pero nada dulce, una delicia.
Las siguientes dos noches comimos en un restaurante africano ubicado frente al primero: Lekgotla. Vamos a ponerlo así: Quiero volver a Joburg y pasarme una semana internada ahí para poder probar todo el resto de la carta. En la primera cena comí un churrasco de springbok, con salsita de vino tinto sobre colchón de espinaca y cebada: hands down una de las cosas más ricas que he comido en mi vida. No puedo ver una gacela sin acordarme de ese plato, por favor. Me hace falta mucha falta no sé tú. De acompañamiento pedí mealie pap (puré de maíz blanco) con chakalaka (una salsa picantona). No me convenció mucho, por ahí si hubiera venido con más chakalaka... pero tampoco era cuestión de embotarme la boca de chili y perderme el festival de sabor que era la carne. Nacho comió curry de cocodrilo, ligeramente agridulce. La segunda noche repetimos la entrada de la primera: langostinos marinados en limón y cardamomo y envueltos en masa kataifi sobre queso feta grillado, una delicia. Después comí Kingklip, pescado típico sudafricano, con una salsita de curry y maní, muy rico. Lo acompañé de samp, maíz blanco cocido tipo arroz blanco, estaba bueno.
Después del safari, cuyas comidas ya cubrí en el relato del mismo, Cape Town nos esperaba con más mimos gastronómicos. El mismo día que llegamos cenamos en un restaurant griego del Waterfront, livianito porque habíamos almorzado tardísimo (Nacho hamburguesa de avestruz y yo ensaladota). compartimos una especie de megacroqueta de cangrejo de entrada, venía con dos cachos de calamar encima y una salsita de vino blanco impresionante. Después, pulpo grillado, un clásico que no puede fallar.
El día siguiente era 29, así que tocaban ñoquis. Casi al lado del griego, el italiano San Marco cumplió el propósito. Nacho comió los suyos con salsa Alfredo, yo con una salsita de cajun chicken deliciosa y picantona. Ahí también tenían ricas tortas, hicimos meriendita un día. A la noche comimos cerca del hostel en Ocean Basquet, una cadena de esas a medio camino entre fastfood y restaurant, pero nos echamos una fuente mixta de pescado y marisco que nos dejó pipones por menos de 20 euros.
El miércoles almorzamos en Groot Constantia, probamos el bobotie, especialidad cape-malay (de los musulmanes del cabo). Es una especie de pastel-de-papa-sin-papa, un relleno de carne picada con especias que en vez de estar cubierto con puré lleva un batido de huevo que cuaja al gratinar. Venía con arroz con almendras y pasas (que fueron debidamente separadas) y daditos de anco. Rico, aunque no para cada día. La cena fue en Beleza, a la vuelta del hostel, un local sin pretensiones mezcla de restaurant bar y boutique vintage, con decoración sesentera de reciclaje -me encantaaa- y una carta sencilla de inspiración portuguesa. Compartimos la entrada, mejillones con salsa de vino blanco. Gigantes esos bichos, nunca había visto unos tan grandes*. Después carne grillada con salsa de vino tinto y puré, la carne muy buena, la salsa rica pero para mi gusto le faltaba cocción.
La última noche decidimos castigarnos como corresponde y nos dirigimos a Arnold's, a una cuadra del hostel, que presentando el volante de propaganda te regalaban una botella de vino. Local sencillo que logra un ambiente cool decorado con dos mangos. Lleno hasta la manija. Pedimos facóquero, y cuando vi el cachocostillar que nos trajeron me sentí una pelotuda por haberle preguntado a la camarera si venía con acompañamiento. Las ricas verduras salteadas quedaron de garpe mientras mondábamos las costillitas sin ningún pudor, carne deliciosa, tiernísima y nada grasienta, regada con pinotage a destajo. Sí, nos comimos a Pumba y lo volvería a hacer.
Por si no nos hubiera bastado, pedimos postre, Nacho cheesecake y yo un dúo de mousse de chocolate que me noqueó. La de chocolate negro esa muy rica; la de chocolate blanco era suprema, cremosa, sabrosa, intensa.Por supuesto no faltó algún que otro almuerzo de merdónals o kebab; incluso una noche cenamos en el hostel. Pero a quien no se interese por los animales, ni la botánica, ni la historia del apartheid, ni las olas surferas del Cabo, Sudáfrica bien vale un viaje sólo por la comida.
*That's what she said.
18.1.12
Rose Cake
Hace unos meses vi una torta increíble en i am baker y decidí que tenía que hacerla (la decoración, no toda). Claro que de sólo ver cualquier receta de buttercream me dan arcadas por las cantidades obscenas de manteca que lleva (como su nombre lo indica), así que en lugar de eso opté por probar con merengue. Después de un poco de investigación terminé usando esta receta de Solopostres.com, que quedó perfecto. También me compré via ebay USA la boquilla exacta para hacer las rosas.
No teniendo una ocasión más pronta, me llevé la boquilla a Baires y se la hice a mi mejor amiga para su cumple :)
No teniendo una ocasión más pronta, me llevé la boquilla a Baires y se la hice a mi mejor amiga para su cumple :)
Bizcochuelo relleno de crema catalana -hecha con las yemas que sobraron del merengue- ;) , humedecido con almíbar y cubierto de merengue cocido.
Para comer hasta quedar como Chiqui!ETA:
La Receta
Ingredientes:
Bizcochuelo:
4 huevos
120 gr de azúcar
120 gr de harina
Almíbar :
250 ml de agua
100 gr de azúcar
2 cdas de vino dulce (jerez, oporto, etc. - optativo)
Relleno:
4 yemas
60 gr de azúcar
2 cdas de maizena (15 gr aprox)
500 ml de leche
1 ramita de canela
cáscara de 1/2 limón
Merengue:
4 claras
3 veces el volumen de las claras, de azúcar (por ej. si las 4 claras nos ocupan media taza, pues taza y media de azúcar)
1 chorrito de jugo de limón
1 cda de azúcar impalpable
Extras:
Un poco de dulce de leche o mermelada
Boquilla de reposteria Wilton 1M o similar
Preparación
Bizcochuelo:
Separar las claras y las yemas. Batir las claras a nieve. Agregar el azúcar y continuar batiendo hasta que esté disuelto. añadir las yamas y batir un poquito ás sólo hasta que éstas se incorporen bien a la mezcla. Tamizar la harina y revolver con cuchara cuidando de que no se formen grumos. Colocar en un molde redondo de 23 cm de diámetro enmantecado y enharinado, hornear a 180 grados hasta que esté cocido.
Almíbar:
Meter el agua y el azúcar en un cazo, se le puede echar un poco de vino dulce para dar sabor. Poner al fuego, revolver un poco para que se disuelva el azúcar y dejar hervir 5 minutos. Es un almíbar muy ligero, no vamos a emborrachar la torta sino simplemente humedecerla un poco para que no resulte seca.
Crema:
Mezclar el azúcar y la maizena en un cazo, añadir las yemas, mezclar un poco, añadir la leche, la rama de canela y la cáscara de limón*. Llevar al fuego revolviendo constantemente hasta que hierva y espese.
Yo utilicé esta crema para aprovechar las yemas que sobraban del merengue, pero la torta se puede rellenar con lo que a una más le guste!
*Pueden ver cómo se corta la cáscara de limón aquí. - OJO, las proporciones que usé para la crema del video son distintas.
Armado y Decoración
Para armar la torta el bizcochuelo, el almíbar y la crema deben haberse enfriado.
Separar la torta en tres capas. Humedecer la primera con almíbar. Cubrir con la crema. Colocar la segunda capa y repetir. Humedecer la tercera capa con al almíbar "del lado de adentro" y cubrir la torta (esto lo hacemos pues no es bueno que la parte de afuera quede húmeda). Untar la torta con una capa muy fina de dulce de leche o mermelada. Esta capa hará de "mortero" para que se pegue mejor el baño de merengue.
El merengue cocido seca bastante rápido, por lo que lo prepararemos justo antes de utilizarlo.
Merengue:
Poner en un bol de acero o enlozado todos los ingredientes. Colocar este bol sobre un cazo con agua, que quede bien encajado en el borde para que no se escape el vapor, pero sin que toque el agua. Llevar el cazo al fuego y comenzar a batir con batidora eléctrica hasta que el merengue haga picos duros. Son unos 20 minutos de batido aproximadamente. Una vez formado el merengue, retirar del fuego y agregar el azúcar impalpable cernido. Seguir batiendo hasta que la mezcla esté casi fría. Si se desea puede colorearse el merengue con colorante vegetal.
Decoración:
La torta debe estar a temperatura ambiente. Cubrir la torta con una capa fina de merengue. Meter el resto en una manga con boquilla Wilton 1M y hacer las rosas directamente sobre la torta hasta ubrirla por completo. Para hacer una rosa, formar una espiral con la manga desde el centro hacia afuera, superponiendo un poco cada vuelta con la anterior. Aquí hay un ejemplo.
Si no se tiene la boquilla especificada se puede usar una similar de estrella abiera, aunque las rosas no quedan tan espectaculares.
Se puede practicar las rosas sobre un platito, poniendo puré de patatas espeso en la manga.
12.12.11
Galletitas de Navidad 2011
ETA: Amb aquesta receota participo del Memòries d'una Cuinera d'octubre 2012.
Como estoy en estresazo pre viaje, pero no quería dejar de llevar galletitas a mis compañeros de curso (Nacho también llevó a la planta) hice sólo 3 modelos: pino, corazón y estrella, cosa de poder decorarlas rapidito.
Me gustó muchocómo me quedaron las estrellas el año pasado, así que les repetí el decorado, y para los pinos y los corazones elegí un esquema similar, que aunque dejó afuera a varios de los distintos confites y granas que compulsivamente compro a lo largo del año, dio un resultado muy satisfactorio.
Lo que no fue muy satisfactorio es el día lluvioso de mierda que había hoy, que hizo que las condiciones de luz para la foto fueran paupérrimas. Se arregló un poco con photoshop, pero un poco nomás.
Acá en sus bolsitas para regalar a los compis :)
La receta que uso salió publicada hace una punta de años por Blanca Cotta en el suplemento Ollas y Sartenes del diario Clarín, con anotaciones propias varias:
Ingredientes:
Manteca, 200 gr.
Miel, una taza y cuarto
Azúcar negro, 3/4 taza
Harina, 4 tazas
Bicarbonato, 1 cdita. de café, llena
Jenjibre y/o canela y/o clavo molido y/o pimienta y/o la especia q prefieran, 1/2 cucharadita de cada (yo de canela siempre le echo más. There's no such thing as too much cinammon!).
Derretir la manteca junto con la miel y el azúcar. Colocar en un bol. (la receta tiene sus años... yo 1º lo meto en un bol, y al microondas!). Agregar la harina tamizada con el bicarbonato y mezclar. Volcar en la mesa y amasar hasta obtener un bollo de color bronceado de Villa Gesell (sic) Dejarlo un rato en la heladera hasta que se enfríe del todo. (pro tip: llevar a la heladera ya separada en dos o tres bollos envueltos en film). Estirar la masa por partes , del espesor q una guste (recomendado: 3 mm) y cortar con cortapastas. Amasar los recortes y cortar más galletitas. Colocar en placas enmantecadas (yo uso directamente papel para horno o silpat) y cocinar en horno caliente (200ºC) hasta que estén sequitas.
OJO: como llevan mucha miel se queman enseguida, hay q vigilarlas y sacarlas ni bien estén. La primera horneada debería estar lista en 5-10 minutos, las siguientes un poco menos.
Salen 100 galletitas aproximadamente, según forma y tamaño.
Para decorarlas yo uso glasé real, para esta receta hacen falta 2 claras (huevos medianos) y 500 gr de azúcar impalpable, siempre tener azúcar de más a mano por si hace falta. Se le echa también un chorrito de jugo de limón que contribuye a realzar el blancor y acelerar el secado.
Obvio que se pueden decorar con otras cosas, o no decorarlas, son deliciosas de cualquier manera!
En latas bien tapadas se conservan un mes largo, ¡pero jamás duran tanto tiempo!.
Como estoy en estresazo pre viaje, pero no quería dejar de llevar galletitas a mis compañeros de curso (Nacho también llevó a la planta) hice sólo 3 modelos: pino, corazón y estrella, cosa de poder decorarlas rapidito.
Me gustó muchocómo me quedaron las estrellas el año pasado, así que les repetí el decorado, y para los pinos y los corazones elegí un esquema similar, que aunque dejó afuera a varios de los distintos confites y granas que compulsivamente compro a lo largo del año, dio un resultado muy satisfactorio.
Lo que no fue muy satisfactorio es el día lluvioso de mierda que había hoy, que hizo que las condiciones de luz para la foto fueran paupérrimas. Se arregló un poco con photoshop, pero un poco nomás.
Acá en sus bolsitas para regalar a los compis :)
La receta que uso salió publicada hace una punta de años por Blanca Cotta en el suplemento Ollas y Sartenes del diario Clarín, con anotaciones propias varias:
Ingredientes:
Manteca, 200 gr.
Miel, una taza y cuarto
Azúcar negro, 3/4 taza
Harina, 4 tazas
Bicarbonato, 1 cdita. de café, llena
Jenjibre y/o canela y/o clavo molido y/o pimienta y/o la especia q prefieran, 1/2 cucharadita de cada (yo de canela siempre le echo más. There's no such thing as too much cinammon!).
Derretir la manteca junto con la miel y el azúcar. Colocar en un bol. (la receta tiene sus años... yo 1º lo meto en un bol, y al microondas!). Agregar la harina tamizada con el bicarbonato y mezclar. Volcar en la mesa y amasar hasta obtener un bollo de color bronceado de Villa Gesell (sic) Dejarlo un rato en la heladera hasta que se enfríe del todo. (pro tip: llevar a la heladera ya separada en dos o tres bollos envueltos en film). Estirar la masa por partes , del espesor q una guste (recomendado: 3 mm) y cortar con cortapastas. Amasar los recortes y cortar más galletitas. Colocar en placas enmantecadas (yo uso directamente papel para horno o silpat) y cocinar en horno caliente (200ºC) hasta que estén sequitas.
OJO: como llevan mucha miel se queman enseguida, hay q vigilarlas y sacarlas ni bien estén. La primera horneada debería estar lista en 5-10 minutos, las siguientes un poco menos.
Salen 100 galletitas aproximadamente, según forma y tamaño.
Para decorarlas yo uso glasé real, para esta receta hacen falta 2 claras (huevos medianos) y 500 gr de azúcar impalpable, siempre tener azúcar de más a mano por si hace falta. Se le echa también un chorrito de jugo de limón que contribuye a realzar el blancor y acelerar el secado.
Obvio que se pueden decorar con otras cosas, o no decorarlas, son deliciosas de cualquier manera!
En latas bien tapadas se conservan un mes largo, ¡pero jamás duran tanto tiempo!.
10.12.11
Challenge Accepted: Bicycake
I want to eat my bicicake
I want to eat my bike
I want to eat my bicycake
I want to eat it when I like
Y ahora el making of:
La torta fue para el cumpleaños de un amigo, ciclista fanático maaaal.
Los caños son de pionono relleno con Nutella.
Las ruedas de bizcochuelo con rayos de Mikados (una especie de palito dulce bañado en chocolate)
Las ruedas las bañé en chocolate.
Y el resto lo cubrí de fondant. El plato y el asiento son de bizcochuelo relleno de nutella y recubierto en fondant. El plato tiene un bodoque de fondant a modo de eje del pedal, este último hecho con un trocito de Mikado y un cachito de bizcochuelo forrado en fondant (de fondant solo era muy pesado). Por último puse sendos bodoques de fondant en el eje de las ruedas y pinté con colorante vegetal.
I want to eat my bike
I want to eat my bicycake
I want to eat it when I like
Y ahora el making of:
La torta fue para el cumpleaños de un amigo, ciclista fanático maaaal.
Los caños son de pionono relleno con Nutella.
Las ruedas de bizcochuelo con rayos de Mikados (una especie de palito dulce bañado en chocolate)
Las ruedas las bañé en chocolate.
Y el resto lo cubrí de fondant. El plato y el asiento son de bizcochuelo relleno de nutella y recubierto en fondant. El plato tiene un bodoque de fondant a modo de eje del pedal, este último hecho con un trocito de Mikado y un cachito de bizcochuelo forrado en fondant (de fondant solo era muy pesado). Por último puse sendos bodoques de fondant en el eje de las ruedas y pinté con colorante vegetal.
18.11.11
Tres platitos por 8 euros!!!
Así como en Catalunya es tradición comer escudella i carn d'olla en Navidad o crema cremada para Sant Josep, aquí también hay ciertos platos relacionados con ciertas festividades. Y para San Martín (11.11) es el ganso. La típica es comerlo con repollo morado y Knödeln (una especie de maxiñocones tamaño ciruela, pueden ser de papa, sémola, o miga de pan, con o sin agregados de carne, verdura, queso, etc.). Como en todos lados ahora se vende ganso, compré una pechuga, congelada, de poco menos de un kilo por 8 euritos (estaba 10 y pico el kilo). Me rindió un montón.
Las dos medias pechugas las hice al horno con zapallitos, honguitos y piñones:
En el juguito que quedó de eso, desgrasado, remojé un par de hongos secos, ligué tipo bechamel y quedó alta salsa para los fideos:
Y el hueso de la pechuga lo herví y en ese caldo hice sopa de verduras:
Ricor!
Las dos medias pechugas las hice al horno con zapallitos, honguitos y piñones:
En el juguito que quedó de eso, desgrasado, remojé un par de hongos secos, ligué tipo bechamel y quedó alta salsa para los fideos:
Y el hueso de la pechuga lo herví y en ese caldo hice sopa de verduras:
Ricor!
24.10.11
La comida NO entra por los ojos
A principios de mes fuimos a Hamburgo. Una de las cosas que hicimos, a insistencia mía, que hacia mucho que tenía ganas, fue ir a cenar a un restaurant a oscuras.
Al llegar, en el lobby iluminado, elegimos el menú que queríamos. Hay 6 menúes disponibles: vegetariano, de quesos, pollo, cordero, pescado, o sorpresa, en versión 4 pasos (sopa, entrada, principal y postre) o 3 (con sopa o postre). Pero uno no sabe qué va a comer. Los menúes contienen apenas descripciones vagas de cada plato. Por ejemplo, el menú que elegimos nosotros (cordero, yo con postre y Nacho con sopa) dice:
Quiero hacer hincapié en la negrura total. Seamos realistas, en nuestra vida diaria casi nunca hay negrura total. Incluso si nos levantamos en medio de la noche con ganas de hacer pis, la luz se cuela por todos lados: los agujeritos de la persiana (aunque sea una noche sin luna en la calle hay luz); los números del radio-reloj; las lucecitas de stand-by de cuanto aparato electrónico hay en casa: compu, TV, equipo de música; las lucecitas testigo de zapatillas e incluso de algunos interruptores de luz; la llamita del tiro balanceado o del termotanque. Lucecitas que aunque tal vez no sirven para aclarar mucho el panorama, pero sí ayudan, y mucho, a ubicarse en la oscuridad. Acá no. Acá no hay una puta chispa de claridad, cero, nada, 100% os-cu-ro.
Mozo nos indicó donde estaban los cubiertos y al ratito nos trajo la bebida, ya en vaso. Al principio apoyás las manitos sobre la mesa y vas reptando con los dedos hacia los cubiertos y hacia el vaso, agarrando siempre de abajo para no volcarlo. La mesa era de madera, le calculé unos 80 cm de lado a juzgar por la distancia a la quedaban nuestras manos. Las sillas, metal y plástico. Nunca sabremos si el conjunto se veía como la cantina de un club de barrio o como un restaurant de diseño modernoso y yuppie. Teníamos un individual plástico, sobre éste los cubiertos y la servilleta, de papel. Vaso arriba a la derecha como es de suponer. Cero elementos "decorativos", lo cual dadas las características de la propuesta no sólo es de esperar, sino de agradecer.
Al ratito vino la sopa de Nacho y la canastita de pan. Yo también la probé, y para no hacer enchastre, coloqué una rodajita de pan debajo de mi cuchara, así me llevé varias cucharadas de sopa desde el plato de Mi Amado Esposo hasta mi boca de manera exitosa. La sopa era picantita y no sabíamos bien si de papa, zapallo o qué. Después vino la entrada, una ensalada. No la sirven toda mezclada sino con los elementos separados. Aquí tengo que hacer mi única crítica negativa para con la comida, que hubo un poco mucho agridulce para mi gusto. La ensalada tenía lechuga, tomate, aceitunas (se las pasé a Nacho como de costumbre), panceta (para alegría de Nacho), pepino, manzana y algo que no sabía si era durazno o ciruela. (y creo que algo más pero no recuerdo) La vinagreta era bastante dulzona y con un picor que me recordaba al wasabi, pero sin gusto a wasabi. Una es buena y trata de usar los cubiertos, pero es inevitable terminar metiendo los dedos de lleno en el plato, ventaja de que lo ciego sea el restaurante y no una misma.
El plato principal fue lo mejor de la comida: el cordero estaba asado en su punto justo, tiernísimo, muy muy rico. Vino acompañado de un puré aderezado con algo demasiado dulzón para mi gusto (igual comí bastante) y un salteado de zapallitos con piñones que estaba espectacular, una combinación que nunca se me había ocurrido y queda muy pero muy bien. Al final me trajeron el postre, un helado que por el sabor ácido primero pensé que era pomelo, pero me faltaba el amargor, así que sin saber mucho decidí que era maracuyá. Venía bañado con una salsa que primero pensé que era frutilla pero en un segundo paladeo me di cuenta de que era frambuesa, y al lado habia un trozo de brownie y unas almendritas garrapiñadas, muy rico (salvo el helado que hubiera preferido un sabormás dulce). Del tamaño de las porciones puedo decir que salimos satisfechos sin sentirnos pesados.
Durante la comida nos reímos mucho, entre los intentos por adivinar ingredientes, encontrar la comida con los cubiertos (Nacho decidió pinchar el cordero por el centro y comerlo tipo chupetín) o llenar el plato de dedos. En otros momentos nos callábamos y tratábamos de darnos una idea de lo que pasaba alrededor nuestro: quiénes ocupaban las mesas vecinas, cuán grande y de qué forma era el salón, dónde quedaba la cocina. Me encantaría poder ver el lugar con luz, o un plano, para ver cuánto le acertamos, ya que al rato de estar a oscuras me di cuenta de cuánto más precisamente podía identificar la procedencia de un ruido. Después venía la charla obligatoria intercambiando las impresiones recibidas: "Los de la mesa de al lado se fueron, ¿no? ¿Las minitas de acá atrás son tres o cuatro?". Charlamos más que en una comida visible.
Al salir del comedor para pagar nos mostraron una pizarra con lo que realmente habíamos comido. Le acertamos a casi todo. La sopa misteriosa era de pepino, el picante de la ensalada era gengibre (de ahí mis recuerdos de restaurant chino) y el dulce banana. Mi indecisión entre durazno y ciruela tenía por sencilla explicación que había un poco de ambos. Y el puré era dulce porque era de batata, no de papa. Le acerté al maracuyá, aunque no distinguí el café que dice que tenía el brownie.
Me encantó la experiencia, lástima que sea tan caro (unos 50-60 euros por persona, mínimo) y que no esté disponible en todos lados.
Al llegar, en el lobby iluminado, elegimos el menú que queríamos. Hay 6 menúes disponibles: vegetariano, de quesos, pollo, cordero, pescado, o sorpresa, en versión 4 pasos (sopa, entrada, principal y postre) o 3 (con sopa o postre). Pero uno no sabe qué va a comer. Los menúes contienen apenas descripciones vagas de cada plato. Por ejemplo, el menú que elegimos nosotros (cordero, yo con postre y Nacho con sopa) dice:
Un vez elegido el menú y habiendo ido al baño, ya que éste está en el lobby y no era cuestión de interrumpir la experiencia en el medio, apareció nuestro mozo ciego y nos condujo al salón comedor. Primero entrás a un cuartito intermedio, iluminado mortecinamente. Nacho puso su mano en el hombro del mozo (que era casi tan alto como él), yo puse la mía en la cintura de Nacho, el mozo apagó la luz y en medio de la negrura total nos condujo en fila a nuestra mesa.Con cuchara:
Un italiano picante y una española soleada van juntos a bañarse, que el agua está hirviendo.
Para abrir boca:
A la sombra de los árboles se recuesta sobre el suave verde y sueña con verse fina y sabrosa.
Para quedar pipón:
Jóvenes dorados y hadas verdes hacen honor a la delicada promesa.
Conclusión dulce:
Pasión fría como el hielo encuentra dulce seducción.
Quiero hacer hincapié en la negrura total. Seamos realistas, en nuestra vida diaria casi nunca hay negrura total. Incluso si nos levantamos en medio de la noche con ganas de hacer pis, la luz se cuela por todos lados: los agujeritos de la persiana (aunque sea una noche sin luna en la calle hay luz); los números del radio-reloj; las lucecitas de stand-by de cuanto aparato electrónico hay en casa: compu, TV, equipo de música; las lucecitas testigo de zapatillas e incluso de algunos interruptores de luz; la llamita del tiro balanceado o del termotanque. Lucecitas que aunque tal vez no sirven para aclarar mucho el panorama, pero sí ayudan, y mucho, a ubicarse en la oscuridad. Acá no. Acá no hay una puta chispa de claridad, cero, nada, 100% os-cu-ro.
Mozo nos indicó donde estaban los cubiertos y al ratito nos trajo la bebida, ya en vaso. Al principio apoyás las manitos sobre la mesa y vas reptando con los dedos hacia los cubiertos y hacia el vaso, agarrando siempre de abajo para no volcarlo. La mesa era de madera, le calculé unos 80 cm de lado a juzgar por la distancia a la quedaban nuestras manos. Las sillas, metal y plástico. Nunca sabremos si el conjunto se veía como la cantina de un club de barrio o como un restaurant de diseño modernoso y yuppie. Teníamos un individual plástico, sobre éste los cubiertos y la servilleta, de papel. Vaso arriba a la derecha como es de suponer. Cero elementos "decorativos", lo cual dadas las características de la propuesta no sólo es de esperar, sino de agradecer.
Al ratito vino la sopa de Nacho y la canastita de pan. Yo también la probé, y para no hacer enchastre, coloqué una rodajita de pan debajo de mi cuchara, así me llevé varias cucharadas de sopa desde el plato de Mi Amado Esposo hasta mi boca de manera exitosa. La sopa era picantita y no sabíamos bien si de papa, zapallo o qué. Después vino la entrada, una ensalada. No la sirven toda mezclada sino con los elementos separados. Aquí tengo que hacer mi única crítica negativa para con la comida, que hubo un poco mucho agridulce para mi gusto. La ensalada tenía lechuga, tomate, aceitunas (se las pasé a Nacho como de costumbre), panceta (para alegría de Nacho), pepino, manzana y algo que no sabía si era durazno o ciruela. (y creo que algo más pero no recuerdo) La vinagreta era bastante dulzona y con un picor que me recordaba al wasabi, pero sin gusto a wasabi. Una es buena y trata de usar los cubiertos, pero es inevitable terminar metiendo los dedos de lleno en el plato, ventaja de que lo ciego sea el restaurante y no una misma.
El plato principal fue lo mejor de la comida: el cordero estaba asado en su punto justo, tiernísimo, muy muy rico. Vino acompañado de un puré aderezado con algo demasiado dulzón para mi gusto (igual comí bastante) y un salteado de zapallitos con piñones que estaba espectacular, una combinación que nunca se me había ocurrido y queda muy pero muy bien. Al final me trajeron el postre, un helado que por el sabor ácido primero pensé que era pomelo, pero me faltaba el amargor, así que sin saber mucho decidí que era maracuyá. Venía bañado con una salsa que primero pensé que era frutilla pero en un segundo paladeo me di cuenta de que era frambuesa, y al lado habia un trozo de brownie y unas almendritas garrapiñadas, muy rico (salvo el helado que hubiera preferido un sabor
Durante la comida nos reímos mucho, entre los intentos por adivinar ingredientes, encontrar la comida con los cubiertos (Nacho decidió pinchar el cordero por el centro y comerlo tipo chupetín) o llenar el plato de dedos. En otros momentos nos callábamos y tratábamos de darnos una idea de lo que pasaba alrededor nuestro: quiénes ocupaban las mesas vecinas, cuán grande y de qué forma era el salón, dónde quedaba la cocina. Me encantaría poder ver el lugar con luz, o un plano, para ver cuánto le acertamos, ya que al rato de estar a oscuras me di cuenta de cuánto más precisamente podía identificar la procedencia de un ruido. Después venía la charla obligatoria intercambiando las impresiones recibidas: "Los de la mesa de al lado se fueron, ¿no? ¿Las minitas de acá atrás son tres o cuatro?". Charlamos más que en una comida visible.
Al salir del comedor para pagar nos mostraron una pizarra con lo que realmente habíamos comido. Le acertamos a casi todo. La sopa misteriosa era de pepino, el picante de la ensalada era gengibre (de ahí mis recuerdos de restaurant chino) y el dulce banana. Mi indecisión entre durazno y ciruela tenía por sencilla explicación que había un poco de ambos. Y el puré era dulce porque era de batata, no de papa. Le acerté al maracuyá, aunque no distinguí el café que dice que tenía el brownie.
Me encantó la experiencia, lástima que sea tan caro (unos 50-60 euros por persona, mínimo) y que no esté disponible en todos lados.
2.9.11
La torta más nerd
Fue para el cumple de Nacho, que festejamos el viernes pasado:
No lo subí antes porque estaba editando el making-of!
Y si no sabe qué es un astrolabio, UEPG*
UPDATE: la torta en el blog de donde saqué el molde: astrolabeproject
*Use El Puto Google
Bizcochuelo 1-2-3-4 de vainilla relleno de dulce de leche al chocolate y almíbar al jerez,
cubierto de ganache de chocolate con leche, decorado con
astrolabio de pastillaje y confites dorados.
cubierto de ganache de chocolate con leche, decorado con
astrolabio de pastillaje y confites dorados.
No lo subí antes porque estaba editando el making-of!
Y si no sabe qué es un astrolabio, UEPG*
UPDATE: la torta en el blog de donde saqué el molde: astrolabeproject
*Use El Puto Google
6.7.11
Los ñocubitos del 29 - versión junio 2011
Estos son los ñocubitos del pasado 29/6. Los hice de zanahoria, y luego les puse:
- una nada de crema de leche como par que no queden muy secos
- mezcla de 3 quesos rallados gruesos: emmental, gruyère y Bergkäse
- cantidad de ciboulette
¡Quedaron espectaculares! (en la foto no se ven tan lindos pq son los que sobraron y recalenté al día siguiente para almorzar)
- una nada de crema de leche como par que no queden muy secos
- mezcla de 3 quesos rallados gruesos: emmental, gruyère y Bergkäse
- cantidad de ciboulette
¡Quedaron espectaculares! (en la foto no se ven tan lindos pq son los que sobraron y recalenté al día siguiente para almorzar)
26.6.11
Este post no rompe el orden cronológico...
...Ya que cuando una vive en un bucle temporal, el pasado y el futuro son relativos, y el orden cronológico una mera convención.
Así que esta es la desinspirada torta de mi 28º cumpleaños de este año:
Así que esta es la desinspirada torta de mi 28º cumpleaños de este año:
Chiffon de cacao rellena de dulce de leche con jerez y cubierta con cubretortas
de cajita, estrellitas de colores y confites plateados.
de cajita, estrellitas de colores y confites plateados.
21.4.11
Tani Time
Hace un par de semanas fue el cumpleaños de Tani. Como baila ballet le hice esta torta...
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
Bizcochuelo 1-2-3-4 de coco relleno de dulce de leche
Cubierto con ganache de chocolate blanco y coco rallado
Zapatillas de mazapán y borde de lentejas de chocolate
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
18.12.10
Galletitas Navideñas
Corazones...
Abetos...
Estrellas...
(fugaces)
Gente...
¡Y los ídolos del momento!
¡Justin Bieber y Edward Cullen!
10.10.10
Tucky Tales
Tal como le prometí a Mai en diciembre, luego de nuestro paso por Barcelona para la Mercè y previa escala en Valencia, me fui a Madríz a hacerle la torta de cumpleaños a Iván. De Alemania me llevé un paquete de crema cubre-o-rellena tortas (mitad manteca, mitad leche, mitad mierdasintética, queda bárbara) y colorantes.
Tras la sesión de brainstorming con la madre de la criatura salió que el niño es fan de Tucky Tales, una dulce serie para bebés con más de Caloi en su Tinta que de Cartoon Network.
Tucky es un pajarraco que va por ahí conociendo animales, imitándolos y haciéndose amigo de ellos. Y sí, es una serie para bebés, no pretenderán un argumento peliagudo. La serie no tiene diálogos, salvo el tut-dirut-dirut de Tucky (gastos de doblaje: cero).
Así que la torta fue de Tucky. Y dejo uno de los cortos para que lo conozcan.
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
Tras la sesión de brainstorming con la madre de la criatura salió que el niño es fan de Tucky Tales, una dulce serie para bebés con más de Caloi en su Tinta que de Cartoon Network.
Tucky es un pajarraco que va por ahí conociendo animales, imitándolos y haciéndose amigo de ellos. Y sí, es una serie para bebés, no pretenderán un argumento peliagudo. La serie no tiene diálogos, salvo el tut-dirut-dirut de Tucky (gastos de doblaje: cero).
Así que la torta fue de Tucky. Y dejo uno de los cortos para que lo conozcan.
Torta 1-2-3-4 con relleno de dulce de leche, cobertura de ganache de chocolate blanco (era torta para bebés, hay que mantenerla simple si no los niños no comen, y servidora tampoco).
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
7.9.10
El 21.08.2010 a las 22hs, en Frankfurt, el cielo se veía así:
Como un fondant sobre bizcochuelo de chocolate relleno de dulce de leche, tachonado de dulces estrellas ...
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
~ Recuerde: Haciendo clic sobre las fotos, se agrandan! ~
18.8.10
Ciclo de Cocina Creativa
Hay veces que, a la hora de comer, una tiene que apañarse con lo que puede. Y no hablo, graciadió, de tiempos de guerra, postguerra, hambruna, vacas flacas o invasión extraterrestre. Tampoco, lamentablemente, de cámping.
En mi (nuestro) caso particular, hay por lo menos uno, cuando no dos o tres, momentos así por año, típicamente antes de un viaje más o menos largo (7 días o más), momento en que la heladera tiene que quedar liberada de todo alimento que no pueda conservarse fresco por ese período. O sea, salvo condimentos, manteca, mermelada, alcohol y un par de boludeces precocidas en el freezer para la primera comida de la vuelta, todo lo demás, como dicen acá, muss raus! La otra típica es después de una festichanga importante donde haya sobrado mucha comida que hay-que-consumir, aunque en ese caso hay más changüí.
Es en esos momentos que se impone el viejo dicho de si hay miseria que no se note y, para disimular, he dado a esos momentos el (sin embargo) apropiado nombre de "Cocina Creativa". Y es que hay veces que hay que devanarse los sesos para sacar algo rico de la plétora de requechos, sobre todo cuando una no puede permitirse añadir ciertos ingredientes, o sea: si me falta, puedo comprar un tomate, pero no por ejemplo una taza de leche, o un huevo, o media plantita de lechuga.
El último ciclo de cocina creativa se alargó alrededor de un mes o un poco más. Comenzó todavía en Crailsheim, con el casi total vaciamiento de la heladera y la mayor consumición posible de lo que estaba en las alacenas para mudarse con menos bultos. En el medio, Nach que estaba sólo de dos a cuatro días por semana, de los cuales capaz que hacíamos alguna comida afuera, con lo cual los cálculos de compra se me podian ir fácilmente al joraca. Esta etapa incluyó highlights como las tres refecciones seguidas que me pasé comiendo paty, porque había que terminar la caja; la mega ensalada bávara de papas, porque había que terminar las papas y la cebolla; el revuelto de espinaca, la penúltima cebolla, el último tomate y la última lata de sardinas, un descubrimiento que pienso reproducir en el futuro (no sólo quedó buenísimo, es una bomba de nutrición!).
Esa primera etapa, por lo menos, tenía el consuelo de la infraestructura. Pero la cocina nos la instalaron recién a los 13 días de habernos mudado¹, con lo que si bien podía comprar toda la comida que quisiera, ¿dónde me la metía? La cocina (ambiente) llena de los bultos que serían las alacenas, bultos que llenaban también el pasillo y parte del comedor. Salvo por la heladera y el microondas, era como estar de cámping, pero con estrés añadido: cuidando de no salpicar el piso del baño al lavar los platos; cuidando que no se ensucien/chinguen los módulos que serían las alacenas; sin lugar; no queriendo desparramar nada porque la precariedad tenía ya fecha de vencimiento.
Parte de nuestras comidas fueron mandangas listas para echar al microondas. Sabemos que esto no es una opción muy sana que digamos, así que tratamos de evitarlas. En el súper de acá a tres cuatras tienen una sección muy amplia de comidas preparadas incluyendo salad bar; esta era mi opción para la mayoría de mis almuerzos y la solución para tener ensalada de acompañamiento a la noche sin tener que ponerse a buscar en qué caja quedaron las tablas, los cuchillos, los bols... Un sábado estrenamos la parrilla que nos regalaron en la fiesta de despedida. El resto es cocina de campamento, con el sólo glamour agregado de que el súper siempre tiene más variedad que la proveeduría del cámping.

Las highlights de la etapa dos fueron el chili con carne² que hice un día (el que sobró lo calenté al microondas con mix de verduritas congeladas) y los fideos con tuco rosa de otro: una salchicha que quedó del asado; media lata de tomate triturado que quedó del chili y medio pote de crema que quedó de unos capelletti de otro día.
El final del Ciclo de Cocina Creativa no fue muy claro, la instalación de la cocina cubría sólo lo básico, así que a nosotros nos quedaron tareas como poner los zócalos, puertas, cajones. La instalación fue el mismo día que se casaba Pierre, o bien una semana antes de salir de vacaciones, fecha que por antonomasia marca el comienzo de un CCC estándar.
Y este finde es la fiesta de cumple de Mi Amado Esposo, así que quién sabe la semana que viene tenemos otro CCC con las sobras...
¹Para los que no saben: acá en Alemania existe la reputísima costumbre de alquilar viviendas sin la cocina. No sin el artefacto cocina, no, con el ambiente cocina totalmente pelado, apenas con la conexión de agua y electricidad. En el pasado nos ocupamos de buscar deptos con cocina, pero dado el déficit de viviendas de Frankfurt, frente a los requisitos de garage y balcón, la cocina pasó a segundo plano. El lado bueno es que la diseñé a mi gusto y piacere.
²Ya saldrá la receta, no desesperen...
En mi (nuestro) caso particular, hay por lo menos uno, cuando no dos o tres, momentos así por año, típicamente antes de un viaje más o menos largo (7 días o más), momento en que la heladera tiene que quedar liberada de todo alimento que no pueda conservarse fresco por ese período. O sea, salvo condimentos, manteca, mermelada, alcohol y un par de boludeces precocidas en el freezer para la primera comida de la vuelta, todo lo demás, como dicen acá, muss raus! La otra típica es después de una festichanga importante donde haya sobrado mucha comida que hay-que-consumir, aunque en ese caso hay más changüí.
Es en esos momentos que se impone el viejo dicho de si hay miseria que no se note y, para disimular, he dado a esos momentos el (sin embargo) apropiado nombre de "Cocina Creativa". Y es que hay veces que hay que devanarse los sesos para sacar algo rico de la plétora de requechos, sobre todo cuando una no puede permitirse añadir ciertos ingredientes, o sea: si me falta, puedo comprar un tomate, pero no por ejemplo una taza de leche, o un huevo, o media plantita de lechuga.
El último ciclo de cocina creativa se alargó alrededor de un mes o un poco más. Comenzó todavía en Crailsheim, con el casi total vaciamiento de la heladera y la mayor consumición posible de lo que estaba en las alacenas para mudarse con menos bultos. En el medio, Nach que estaba sólo de dos a cuatro días por semana, de los cuales capaz que hacíamos alguna comida afuera, con lo cual los cálculos de compra se me podian ir fácilmente al joraca. Esta etapa incluyó highlights como las tres refecciones seguidas que me pasé comiendo paty, porque había que terminar la caja; la mega ensalada bávara de papas, porque había que terminar las papas y la cebolla; el revuelto de espinaca, la penúltima cebolla, el último tomate y la última lata de sardinas, un descubrimiento que pienso reproducir en el futuro (no sólo quedó buenísimo, es una bomba de nutrición!).
Esa primera etapa, por lo menos, tenía el consuelo de la infraestructura. Pero la cocina nos la instalaron recién a los 13 días de habernos mudado¹, con lo que si bien podía comprar toda la comida que quisiera, ¿dónde me la metía? La cocina (ambiente) llena de los bultos que serían las alacenas, bultos que llenaban también el pasillo y parte del comedor. Salvo por la heladera y el microondas, era como estar de cámping, pero con estrés añadido: cuidando de no salpicar el piso del baño al lavar los platos; cuidando que no se ensucien/chinguen los módulos que serían las alacenas; sin lugar; no queriendo desparramar nada porque la precariedad tenía ya fecha de vencimiento.
Parte de nuestras comidas fueron mandangas listas para echar al microondas. Sabemos que esto no es una opción muy sana que digamos, así que tratamos de evitarlas. En el súper de acá a tres cuatras tienen una sección muy amplia de comidas preparadas incluyendo salad bar; esta era mi opción para la mayoría de mis almuerzos y la solución para tener ensalada de acompañamiento a la noche sin tener que ponerse a buscar en qué caja quedaron las tablas, los cuchillos, los bols... Un sábado estrenamos la parrilla que nos regalaron en la fiesta de despedida. El resto es cocina de campamento, con el sólo glamour agregado de que el súper siempre tiene más variedad que la proveeduría del cámping.
Las highlights de la etapa dos fueron el chili con carne² que hice un día (el que sobró lo calenté al microondas con mix de verduritas congeladas) y los fideos con tuco rosa de otro: una salchicha que quedó del asado; media lata de tomate triturado que quedó del chili y medio pote de crema que quedó de unos capelletti de otro día.
El final del Ciclo de Cocina Creativa no fue muy claro, la instalación de la cocina cubría sólo lo básico, así que a nosotros nos quedaron tareas como poner los zócalos, puertas, cajones. La instalación fue el mismo día que se casaba Pierre, o bien una semana antes de salir de vacaciones, fecha que por antonomasia marca el comienzo de un CCC estándar.
Y este finde es la fiesta de cumple de Mi Amado Esposo, así que quién sabe la semana que viene tenemos otro CCC con las sobras...
¹Para los que no saben: acá en Alemania existe la reputísima costumbre de alquilar viviendas sin la cocina. No sin el artefacto cocina, no, con el ambiente cocina totalmente pelado, apenas con la conexión de agua y electricidad. En el pasado nos ocupamos de buscar deptos con cocina, pero dado el déficit de viviendas de Frankfurt, frente a los requisitos de garage y balcón, la cocina pasó a segundo plano. El lado bueno es que la diseñé a mi gusto y piacere.
²Ya saldrá la receta, no desesperen...
7.5.10
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