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3.1.26

Japón 2025: Kyūshū (2)

11/12, jueves 
En esta fecha comienzan los dos días más otakus del viaje. Después de pasar por el onsen del hotel y desayunar, partimos para Hita, cuna de Attack on Titan (Shingeki no Kyojin en japonés, en adelante AoT), manganime del que soy fan acérrima. El transbordo en Tōsu fue más largo de lo necesario, para poder tomar el hermosísimo Yufuin no Mori, tren turístico histórico con deco vintage total y vistas panorámicas. Lo glamoroso del viaje me distrajo un poco de la anticipación del destino, pero al llegar a Hita ya se me quedó la cara de feliz cumpleaños para el resto del día.  

Aclaración necesaria para los que no lo conocen, AoT transcurre en un mundo ficticio, con estética y nombres inspirados en la Alemania del siglo XIX; Hita es el hogar de su autor, Isayama Hajime, quien ha prestado su obra la ciudad (más bien pueblo grande) para promocionarlaHay dos museos de AoT, dos estatuas de los personajes principales en distintos lados, un café temático, y paneles con los personajes y merchandising por un montón de lados. Cuando digo merchandising, no digo solo llaveritos, figuras o cualquier cosa que se pueda encontrar en las tiendas friki normales; también artículos como salsa de soja, galletitas o licores elaborados en Hita que utilizan, con permiso, las imágenes del manga, y que sólo se consiguen allí. Un tipo agradecido, Isayama.  

Nomás salir de la estación está la estatua de Levi (mi personaje preferido y husbando principal), y me hice un book, más o menos. Mi idea original era comer en el café de AoT, pero literal solo tenían café y bebidas, así que comimos en un lugar de yakisoba al estilo local (los hacen socarrats, y con beni shoga a discreción, una delicia)arrodilladitos sobre tatami, y nos reímos mucho porque en un momento sale el cocinero con su celu a hacer el comentario que Nacho se parecía a... Jason Statham! Será en la pelada nomás... estos occidentales son todos iguales. Después de comer sí, tomamos el café en el ídem de Shingeki, a las mesas tienen sentados peluches grandotes de los personajes, así que nos sentamos con Levi; compré cosas y me llevé los individuales de recuerdo. También había, como en muchos otros lados del pueblo, sellos de recuerdo con los personajes.   

Hicimos el check-in en el hotel Socia, el hotel extraoficialmente oficial de AoT, que tiene dos vitrinas grandes con una colección impresionante de merchandising, incluyendo 3 dibujos originales de Isayama hechos expresamente para ellos. También ofrecen una habitación temática de AoT, pero no la reservé porque, además de salir el doble que la habitación normal, el merchandising incluido no era mucho de mi gusto (le daba mucha relevancia al protagonista, Eren, quien me cae como el culo)El hotel estaba muy bien aunque la decoración del cuarto no se tocaba desde los 90.  

Tomamos un bus hasta el Anexo del Museo de AoT, en las afueras del núcleo urbano. Hay un video mapping con escenas del manga, bastante bueno, y una expo con paneles de los distintos volúmenes con comentarios de Isayama, también paneles  y una estatua de Levi y otra del Titan carro. En una pared donde la gente deja post-its con sus mensajitos dejé el mío con dibujitos y todoExit through the gift shop. 

El Anexo está propiamente al lado de la planta local de la cervecera Sapporo, así que hicimos el tour gratuito de la fábrica. Al final tienen un bar guapo con vistas al pueblo, Nacho se tomó una cervecita y yo una gaseosa de limón, y seguimos hasta uno de los onsen locales. 


Hita es destino termal desde la era Edo, época en la que estaba bajo el gobierno directo del shogunato. El camino, después de pasar por varias de las muchas madereras del pueblobordea el río Takase, una zona preciosa que me recordó mucho a las Sierras de Córdoba, con casas chulas, piletas naturales, bosquecillos, muy muy lindo. Cuando llegamos al onsen fuimos derecho al rotenburo (baño termal al aire libre), un sueño. Piletas de piedra, en un jardín añoso con enredaderas trepando por los árboles,  Budas y lámparas de piedra cubiertas de musgo 

Volvimos al pueblo caminando, porque no pasaba el bus hasta veinte minutos después (bienvenidos al campo) y cenamos temprano en un yakiniku que pasamos. El lugar a primera vista echaba un poco pa’trás, por la luz chota de tubo fluorescente, decoración nula y que, tan temprano, éramos los primeros, pero había hambre. Comimos carne wagyu (la prefectura de Oita produce uno de los mejores wagyu de Japón), lengua, tripa gorda y corazón, todo riquísimo. En Kyūshū se come bastante motsu (achuras). De nuevo, menú solo en japonés, mesa baja con tatami, dueño viejito dicharachero con secuelas de ACV o similar. La gente que cruzamos yendo y viniendo por la calle también saludaba: quien diga que los japoneses son ortivas no ha venido al campo.

12/12, viernes 

Nos despertamos retemprano así que después de desayunar hicimos tiempo hasta la hora de salir para el dique de OyamaHabíamos contratado un servicio de taxi que te lleva a los lugares imprescindibles de AoT. No era barato pero la comodidad, frente a un bus que tiene solo 4 servicios por día, bien lo valió. El chofer no hablaba más que japonés, pero tiró de traductor para darnos los datos básicos. Igual con nuestro pobre japonés nos arreglamos bastante bien. Oyama es una pequeña localidad perteneciente al municipio de Hita; en este lugar se crió Isayama. El dique, con su pared encajada entre las montañas que encajonan el río Akaishi, fue inspiración para los muros que rodean el mundo de AoT, y por eso frente al dique se colocó una estatua de los personajes principales, Eren, Mikasa y Armin, mirando al dique cual si fuera el Muro María del manga.

El taxi nos esperó 20 minutos para poder subir y hacer el tonto la foto con la estatua y de ahí nos llevó al Museo, que está prácticamente al lado pero por la geografía son 10 minutos en coche. El lugar muy lindo, lamentablemente no nos daban los tiempos para hacer la visita al dique propiamente, nos dieron un folletito con las especificaciones técnicas y cómo funciona, que seguro es interesantísimo, pero  todo en japonés.

El museo de AoT tiene curiosidades como el escritorio de Isayama, diseñado por su papá especialmente para dibujar mangay construido en Hita; la edición gigantesca de AoT, que ostenta el récord Guinness del manga más grande publicado (70,3 x 100 cm), y cantidad de originales de Isayama, algunos con comentarios, tanto de paneles del manga como dibujos conmemorativosNo tiene giftshop propiamente, pero delante hay una agrotienda donde tienen merchandising y donde me compré el umeshu (vino de ciruela) de AoT, hecho en Oyama mismo por una vinería buena, además de varias otras cosas. Ahí adelante también hay una hamburguesería y una heladería, ambas con temática AoT, pero era temprano y estaban cerradas, así que tomamos un café de un puestito, hicimos fotos graciosas en un fotomatón ad hoc y ya nos pasó a buscar el taxi.



De vuelta en el pueblo, dejamos las compras en el hotel y comimos en un restaurante al lado del río. En este no había tatami, pero todo era en japonés y en la entrada tenían una colección divina de muñecas Hina. El menú del día era un pescado local, el ayu, llamado sweet fish en inglés. Tardó en salir pero estaba muy rico. Como todo menú japonés, venía con arroz, sopa de miso y encurtidos. 

Después de comer visitamos el museo de carrozas yamaboko, típicas de Kyūshū, que cada año desfilan en el festival Gion, en julio, y son Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. La viejita que vendía las entradas se metió adentro, motu propio, para hacernos una foto donde saliéramos los dos juntos. La gente de este pueblo es realmente macanuda. Saliendo del museo, en una sola cuadra se juntaban un santuario sintoísta con un pino de ramas larguísimas dispuestas en horizontal que daban vuelta la esquina del jardín, y tres templos budistas tres, el último con un precioso jardincito japonés. Me da que el budismo de estos lares debe ser de alguna secta distinta a la de Honshū, porque los templos son distintos, no son como los de Sinto pero con un Buda” que vimos en Kanto y Kansai,  son cerrados y en ninguno, salvo el de Nagasaki que ya conté, tenían goshuin ni tiendiecita; si tengo que poner un paralelismo, sería como las iglesias protestantes frente a las católicas. 



Andando llegamos a la parte antigua de HitaMamedamachi. Conserva bastantes casas de las era Edo, Taijo Showa. Destacan los restos de una escuela fundada por un tal Hirose Tanso en los últimos años de la era Edo, donde también hay paneles con  los personajes de AoT tirando datos de esta Academia, que se ve era muy prestigiosa y atraía a la crème de la crème de Japón. También hay marcados otros edificios que fueron de familias importantes de la zona, y tiendas de productos locales, de entre los que distinguen las sandalias geta (tipo ojota con base de madera), producto del cual Hita es referente. Yendo un poco más allá, subimos al parque que está donde se alzaba el castillo, del que no queda nada, pero había lindas vistas desde arriba y un santuario decadente pero agradable. 


El highlight total de la tarde, sin embargo, fue el Museo de muñecas Hina. Las muñecas Hina representan miembros de la corte de la era Heian (794-1185) y se colocan en las casas para el festival de las niñas, el 3 de marzo. El set básico son dos, que vendrían a ser el emperador y la emperatriz pero, como si de un pesebre nuestro se tratara, un set completo de muñecas Hina tiene de 5 a 7 escalones, un montón de personajes, y según la calidad y confección de las figuras puede costar miles de dólares. El museo ode marras funciona en la parte de atrás de una tienda de salsa de soja. O sea. Yo me imaginaba algo como el museito de Arita, un par de habitaciones con muñecas viejas juntando polvo, pero no señor. Adentro había una colección apabullante de muñecas Hina de todas las épocas y estilos, con accesorios, algunas más sencillas, otras de valor incalculable; había literalmente miles, una cantidad de belleza junta tal que se me caían las lágrimas en un síndrome de Stendhal muy lejos de Florencia.  













Bajando del castillo, merendamos en un café de nombre Alaska, chiquito, sencillo y agradable. El dueño nos regaló dos origami y me prestó un cargador, porque mi móvil estaba al 20 %, lo dicholinda gente. Cenamos en un ramen a la vuelta de la estación, Nacho tonkotsu de Hita y yo ramen de yuzu, con tofu y hongos enoki, picantito (tal vez un poco mucho para la cantidad de comida): 1.700 ¥ en total, una bicoca (11 dólares). Terminamos en el onsen del hotel, y esta sesión de escritura. Los caminos de los Kami son misteriosos, y debo decir, que llegamos a esta ciudad-pueblo por Attack on Titan, por la frikada, pero esa frikada nos regaló la oportunidad de conocer el Japón más auténtico, y vivir momentos que no los vas a tener en las zonas turísticas. En dos días acá no vimos ningún otro occidental, nos arreglamos con nuestro poco japonés y Google Translate, y experimentamos el omotenashi mas puro y sincero 

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