25.4.13

Llegó la primavera a Frankfurt!

Después de un invierno que no terminaba más (con nevadas fuertes hasta primeros de abril), por fin el calendario se acordó de actualizar.
Me encontré con esto en la vereda de una casa de electrodomésticos.  Esto en Argentina no pasa.


 A veces sacan a pasear los tranvías antiguos. En invierno se bancan mejor las vías congeladas...

 Esta casa está por acá cerca. Es fea pero me encanta. Antes tenía un color más choto que le quedaba mejor. 

¡Y mi balcón floreciéndose!

16.1.13

Madresdelavida (ylarreconchadelalora)

Este es un post que hace mucho tiempo que vengo pensando y escribiendo. Meditando, descubro que los verdaderos exponentes del género que conozco personalmente son muy muy poquitos (graciadió), pero como son tan insufribles, parecen más.  Alguien piense en los niños!

Es innegable que la llegada de un bebé cambia la vida de los padres. Se notará más o menos según la personalidad de los progenitores, lo compatibles o no que fueran sus actividades previas con la vida familiera  (jardinería= bien; ruta del bakalao=mal), la capacidad que tengan para organizarse y adaptarse al cambio de ritmos y, por qué no, la capacidad económica (ya que la de irse dos semanas de vacaciones sólo con un bolsito de mano y parando en un hostel onda dormi... fue). Pero que "un hijo te cambia la vida", te la cambia. El problema es que a algunas personas las hormonas del embarazo (o su efecto rebote, en el caso de los hombres) les pegan peor que el paco.

Yo las llamo Madresdelavidaylarreconchadelalora (Madresdelavida, para abreviar)

Una madre normal está todo el día hablando del bebé, el bebé, el bebé, qué comió el bebé, cuántas veces cagó el bebé, cómo era la caca del bebé, si se despertó de noche, si no, si le sonrió a un perro, si hoy dijo gu en vez de ga, si estornudó, si lo llevó el pediatra, si lo visitó la tía y no le quiso decir gu... Su monólogo puede resultar preocupón (El bebé estornudó, me voy urgente al pediatra no tendrá pulmonía?!) o madre babosa (El bebé estornudó! La carita que puso, pobrecito, me moría de ternura!) según las circunstancias y en parte por la personalidad de la madre. Cuán hinchapelotas resulte, por otro lado, estará determinado por las circunstancias y la personalidad de los oyentes (no es lo mismo la madrina maestra jardinera del infante que el compañero de trabajo clon de Barnie Stinson). En cualquier caso, no hay dudas de que el niño ha pasado a ser su prioridad número uno, dos y así hasta el top ten. Y en lo que a mí respecta, está bien que así sea. Aunque me seque con sus relatos pañalines, yo a la hinchapelotas la rebanco. 

Pero la Madredelavida es diferente. Si para una madre normal el niño es el centro de su microcosmos, para la Madredelavida el haber parido (o cesareado) la convierte a ella en el centro del Universo. El Universo, con sus casi cien mil millones de años luz de diámetro y sus miles de millones de galaxias esparcidas en él. La Madredelavida está convencida de que por haber traido una criatura a este mundo  le han dado un pase de acceso VIP a un nivel de existencia superior. En su nuevo estado de Iluminación, sólo unas pocas otras Madresdelavida merecen su respeto: las otras madres, pobrecitas, hacen lo que pueden, y quienes no han tenido hijos son poco menos que un insecto que no sabe NADA de la vida, aunque en ese momento estén hablando de fútbol, el tiempo o el último modelito de Lady Gaga.

A veces, al principio, la Madredelavida no se distingue mucho de cualquier otra madre monotemática. Pero pronto empieza a mostrar la hilacha. Si una madre normal habla de su bebé, la Madredelavida habla de su bebé. Donde lo importante no es el niño, sino que sea suyo. Y es que ahí está el tema: aunque parezca que esté hablando del niño, la Madredelavida en realidad habla de ella y de lo maravillosa mujer y madre que es. Todo lo que ella dice o hace es ley. La única manera válida de criar un niño es la que elige ella, y cualquier problemita o inconveniente que tenga la madre de al lado con su bebé -le cuesta dormirse, tiene gases, se le paspa mucho el culo- es porque la chirusa ésa lo tiene mucho (o muy poco) en brazos, no le sabe dar la teta o no utiliza la marca correcta de óleo calcáreo. Tiene la respuesta y la acotación para todo y pobre del que dude o disienta. Porque para ella ser Madre es un pase directo a la Verdad Única Universal. Que casualmente coincide con todas sus opiniones, creencias y decisiones.

Así, cualquier logro que alcancen sus retoños lo considera una consecuencia directa de su impecable método de crianza, y cualquier problema que presenten será culpa de otro (como Dios le da pan al que no tiene dientes, sus hijos suelen ser precoces, más inteligentes que la media, compradores o por lo menos muy lindos). Si los niños de madres normales alcanzan o superan los hitos de los suyos propios, será por pura suerte, si no no se explica como ese mocoso que tomó una semana menos de teta que el suyo, haya aprendido a pedir caca un mes antes. Y es que el egocentrismo recalcitrante de la Madredelavida viene acompañado de la vilificación sistemática de los métodos opuestos o distintos al suyo, que postulará con retórica de libro de autoayuda barata.
Si el bebé duerme en su pieza verá el colecho como una perversión creadora de niños sexualmente confundidos; si el bebé duerme con mamá y papá verá la otra opción como un desalmado acto de abandono.
Si el niño usa pañal hasta los tres años, pensará que el que los dejó antes es porque su madre castradora lo obligó a crecer antes de tiempo; si la nena controló esfínteres a los 18 meses pensará que las otras madres son unas vagas dejadas que están infantilizando a la criatura.
Si lo manda a la guardería, piensa que las otras madres no se preocupan por la socialización de sus hijos. Si no lo manda, piensa que las otras se lo quieren sacar de encima y se pregunta "para qué lo tuvieron".
Si trabaja fuera de casa, mira con desdén a las madres a tiempo completo por retrógradas y mantenidas. Si es ama de casa, mira con desdén a las que trabajan por abandónicas y trepadoras.

Una madre normal atempera su hinchapelotismo con el tiempo y la llegada del segundo hijo. Ya sabe que un estornudo no lo va a matar de pulmonía, ya no le ve lo fascinante a la caca, ya no puede perder tiempo viendo si dijo gu o ga porque el mayor se está trepando a la alacena. En cambio la Madredelavida renueva su egocentrismo nauseabundo con cada nuevo retoño, como si el segundo hijo fuera el óscar a la mejor mamá del mundo, la Visa Gold que le otorga doble crédito de Verdad Universal.

Las Madresdelavida tienen muy poca tolerancia con la realidad cuando no coincide con sus deseos y fantasías. Por eso, si se ve obligada a aceptar una opción o situación que no es la que soñaron -por ej., tener que salir a trabajar porque con un solo sueldo no alcanza, que el niño le salga tartamudo- no dudará en acomodar su discurso para pintar la situación de manera que la haga quedar como una reina: se sacrifica para dar un buen ejemplo a sus hijos del valor del trabajo, que lo que importa es la calidad del tiempo que pasa con ellos y no la cantidad; o se autorretrata como adalid de la lucha por los derechos de los niños tartamudos cundo en realidad sólo se junta con un grupete de madres de chicos con problemas de dicción más graves que el de su retoño (así éste será Chuck Norris por comparación).

Los padresdelavida son más escasos o menos notorios, pero que los hay los hay.

Me encantaría verles las caras a esta gentuza cuando el hijito (o hijita) de marras, con olor a porro penetrado en las rastas, largue los estudios para irse al Bolsón a vender duendes de masilla epoxi; o se convierta en CEO de Neslé y use leche de fórmula hasta para cortar el café; o se apunte en Gran Hermano 28 y tenga sexo bajo las sábanas en directo para todo en país; mientras que el hijo de la atorranta esa de al lado, madre soltera porque el chanta drogón que tenía de chongo se piró en cuanto el evatest dio positivo, ésa que cambiaba de macho -o de hembra- como de camiseta, usaba ropa de adolescente y se hacía un tatoo o pírcing nuevo cada verano; que dejaba a la criatura todo el día -o la noche- sola en el monoambiente o alternando en casa de amigos fumones porque ella estaba "trabajando" de vaya uno a saber qué; que sólo le compraba la ropa en el ejército de salvación o en ferias americanas "porque total en dos meses le queda chico" y que el crío iba siempre hecho una mugre porque "un chico limpio no es un niño feliz"; ese niño, de un modo misterioso, gana una beca de investigación en Harvard y se transforma en el nominado más joven al Nobel de medicina por su contribución a la vacuna contra el sida.

Advertencia: si siente Ud. la necesidad irrefrenable de comentar este post matizando o defendiendo alguna de las actitudes aquí descritas, sépalo: Ud. es una de "ellas".

26.11.12

Tengo un nuevo Blog:

http://iglesiaantihoaxiana.blogspot.com/

Muffins salados de la iaia Julia

En realidad, la receta de la iaia Julia es de pan salado, en molde de budín. Pero como la consigna del mes en Memòries d'una Cuinera eran madalenas, decidí probar la receta en este formato. Y la verdad que quedaron espectaculares.        
Ingredientes:
250 g de harina leudante
3 huevos
130 g de queso rallado
75 cl de vino blanco
75 cl de aceite
100 g de fiambre a trocitos: chorizo colorado, cantimpalo, salame, jamón, panceta (2 variedades a gusto)
50 g de aceitunas picadas o en rodajas (verde o negras, a gusto)
sal y pimienta a gusto

Formar una masa firme con la harina, los huevos, el queso, el aceite y el vino.


Añadir el fiambre y las aceitunas, integrar en la masa  y repartir en los moldecitos. Llevar a horno medio (180ºC) unos 15 minutos o hasta que estén cocidos pero no tostados.



Ideales como tentempié o para el pica-pica.

26.10.12

Plan B de besugo, bacalao, boga, bonito... ¡bonito!

Confieso que para la torta del cumple de Nacho tenía un plan B. Y es que entre el calor y cierta falta de precisión a la hora de calcular cantidades, no estaba segura de que me fuera a alcanzar la ganache para cubrir los costados como yo quería, o si se sostendría bien una vez colocada. Mi plan B era fratachar los cantos así nomás y cubrirlos con almendras fileteadas. Finalmente no hizo falta y la torta salió como había sido planeada originalmente.
La cuestión es que eso resultó en dos haarrmosos paquetitos de almendras fileteadas que cada vez que abría la alacena me susurraban "¡úsame! ¡haz algo rico conmigo!". Pero yo nunca atinaba a buscar una receta que usara almendras fileteadas en cantidad. Y hete aquí que un día mirando el blog de Coses de Llàbiro encontré una receta de galletitas de almendra. En polvo, eso sí,  pero nada que no se solucione con la picadora. Subida al banquito para bajar el azúcar negro de la vieja lata de bizcochos Canale que tengo sobre la alacena, procedí ya que estaba a buscar un moldecito para cortar las galletas. ¿Corazoncito? Hmm medio ñoño... ¿Redondo? Demasiado soso. ¿Estrella? Muy navideño... Y desde el fondo de la lata apareció un moldecito que había olvidado que tenía, y que me dió la excusa perfecta para usar algunas de las láminas de almendra que me sobraron. ¡Pescaditos!

23.10.12

Totorotorta

Este año después de las Festes de la Mercè empalmamos con tour español de visitas familiares. Entre la parada de Valencia y la de Castaño del Robledo, pasamos por Madrid a festejar el cumpleaños de Iván y, obviamente, la torta la preparé yo. De acá de Alemania me llevé la misma crema de decorar de la vez pasada, más pomitos de glaseado sabor chocolate, más los colorantes pertinentes, mangas descartables, y las golosinas del caso.
El diseño elegido fue Totoro, personaje delicioso si los hay.  Después de devanarme los sesos durante un buen tiempo, finalmente la ejecución de la torta no demandó ningún esfuerzo sobrehumano.
Usé un bizcochuelo rectangular común y corriente. Después de dejarlo enfriar completamente, rellenarlo de dulce de leche y dejarlo reposar de nuevo hasta el dia siguiente, lo recorté en forma de Totoro, y de los cachos que saqué hice las orejitas, que pegué con más dulce de leche. Después simplemente cubrí con la crema de decorar en los colores pertinentes y dibujé los rasgos de la cara con glaseado de chocolate. Los bigotes y las garras son de Mikados, y con Ferreros Rondnoir hice las bolitas de hollín. Con el estrés de preparar la fiesta (porque además ayudé con los souvenires de las bolsitas) me olvidé de ponerle la blonda, pero igual quedó bien. Los M&M alrededor fueron un agregado last minute y ayudó a darle color (además fue un excelente buffer zone infantil ya que los nenes se dedicaron a robar M&Ms en lugar de meter dedos en la torta).






(click en las fotos para agrandar)

22.10.12

La Mercè 2012

Como ya es tradición, fuimos a la fiesta de la Mercè. Llegamos a Barna el viernes a la noche, Nacho se fue directo al ensayo casteller y yo me tomé un bus directo a Tarragona para ver a mi amiga Sonsoles y cambiar papelitos ohne Ende. El sábado a la noche tuve un pantallazo de Santa Tecla, las fiestas de Tarragona, que siempre caen el mismo finde de la Mercè (Ambas santas sólo se llevan un día de calendario). Volví a Barna el domingo a la mañana, a tiempo para espiar la actuacion castellera cada tanto, cuando calculaba que le volvía a tocar a los de Barcelona. En los intervalos, además de dar vueltas, pude ver la hermosísima muestra Pilarín i Barcelona en en Ajuntament. También hice mi acostumbrada visita a Santa Maria del Mar. A la noche vimos los fuegos artificiales en la Barceloneta y comimos unas tapas impresionantes en el bareto de Balboa y Carbonell (las patitas de calamar fritas fueron casi una experiencia religiosa).
El lunes acompañé a Nacho a la plaça de la Mercè para los pilares de honor y la cercavila hasta plaça St. Jaume, con gegants incluidos. Paseé por el Gòtic y el Born, compré fiambres artesanales, visité la antigua sinagoga, y aunque parezca mentira a estas alturas, descubrí un par de rincones nuevos. Al final del segundo día tenía las plantas de los pies ampolladas, y la verdad, me daba scheißegal.

(click en las fotos para agrandar)


El gegant del Pi, ara balla, ara balla
El gegant del Pi, ara balla pel camí

El gegant de la ciutat, ara balla, ara balla
El gegant de la ciutat, ara balla pel terrat.



I'm the mother of dragons!!!

Muy buena función de marionetas en la plaça St. Felip Neri

Una balanza original en el Museu de les Idees.

 
Parenting para niños con pasta de anxaneta

Primera vez que paso por delante de esta belleza de edificio. 

19.9.12

Este año, normalita

Este año no estaba con grandes inspiraciones para la torta de cumpleaños de Nacho. Así que fue tranqui, bizcochuelo común y ganache de chocolate por adentro, por arriba y por los costados (amo la ganache). Los adornitos son comprados, y la escultura abstracta sobre la torta una forma artera de disimular un defecto en la cubierta. La inscripción es de glaseado sabor chocolate blanco.

6.7.12

Melktert

Igloo Cooking celebra su primer año de vida con un concurso, y dado la premisa del mismo no podía perderme de participar.
Viajar a África fue mi sueño desde que tengo memoria. Por África me refiero al África negra, subsaharianas, por el simple hecho de que allí estaban todos los animales que me robaban el corazón en los documentales y en las pelis de Tarzán: elefantes, leones, hipopótamos, jirafas... No me alcanzaba el zoo, yo quería ir a la selva.
Y hace poco menos de dos meses logré cumplir ese sueño. Pasamos cuatro días maravillosos en el Parque Kruger, en Sudáfrica. El clima en mayo era ideal, mañanas frescas y días soleados pero no demasiado calurosos. No sólo pudimos ver todo tipo de animales; además fuimos testigos de varios momentos únicos, como el leopardo comiendo su presa sobre la copa de un árbol al amanecer; la hiena que les robó un despojo de impala a un grupo de buitres, con dos chacales a la saga; y el momento preciso en que una pareja de leones, ejem, fabricaba leoncitos.
En la galería de nuestro bungalow, viendo salir miles de estrellas y oyendo los sonidos de la naturaleza, cenamos comida casera sudafricana preparada por nuestro guía. La primera noche cerró con un postre exquisito: Melktert (tarta de leche, en afrikaans). Un sabor apto para todo público, facilícima de hacer e ideal para sacarnos de un apuro, pues no lleva ningún ingrediente que una no tenga normalmente en casa. Aquí está:
Ingredientes:
3 cucharadas de manteca (mantequilla) derretida
1 taza de azúcar
3 huevos
1 taza de harina
1 cucharadita de polvo Royal
1 pizca de sal
1 cucharadita de esencia de vainilla
4 tazas de leche
1 cucharada de azúcar con canela

Preparación:
Mezclamos la manteca con el azúcar. Agregamos las yemas y batimos con batidora hasta que esponjen

Agregamos la harina tamizada con el Royal y la sal e incorporamos bien.

 Añadimos la leche y la vainilla y mezclamos.

Nos van a quedar estos grumos horrorosos. No se asusten, vamos bien.

Agregamos las claras batidas a nieve bien duras y mezclamos con movimientos envolventes.

No mejora mucho, ¿verdad?

Colocamos en un molde engrasado y espolvoreamos con el azúcar y canela. Llevamos a horno precalentado a 190ºC por 25 minutos; pasado ese tiempo bajamos el horno a 160ºC por otros 25 a 30 minutos, hasta que el centro no se bambolee si agitamos un poco el molde.

¡Y ya está! Los grumos se habrán depositado en el fondo del molde, formando la base de la tarta, y sobre esta base tendremos una crema suave y deliciosa. Se puede comer tibia o fría.

Hakuna patata

Debo desde hace rato el post sobre nuestras comidas en Sudáfrica. Sepan disculpar: son tantas y tan buenas las delicias que comimos, y tan pocas palabras en el diccionario para describirlas. No nos clavamos ni una vez; los precios eran, si no baratos, súper decentes en todos lados; el café ubicuamente bueno, ídem el vino. Los platos eran riquísimos, y las materias primas de calidad (lechuga con gusto a lechuga!)
Si bien mis mediodías en Joburg fueron tranquis, de patio de comidas del megashopping, no se interprete esto como sinónimo de comida chatarra. Entre los varios comederos había uno llamado Fishaways, donde comí altos filets de pescado con ensalada y bebida por unos 7€ - lo que sale un menú grande de Merdónals acá. Y el último almuerzo, justo antes de subir al avión de vuelta, fue una ciabatta de bacon y brie con cebollita caramelizada...
Como ya mencioné en la crónica del safari, los sudafricanos son carnívoros y saben asar. Además, tienen un montón de bichos comestibles que no se consiguen en otros lados y que, obvio, esta cronista no se iba a quedar sin probar. La primera noche comimos en The Butcher's shop, que como su nombre lo indica además de restaurant tienen carnicería. Mientras esperábamos la comida nos trajeron de picadita unas Boerewors, chorizo local, hechas tipo a la pumarola, en rodajitas. Un sabor muy particular y rico. De entrada Nacho se pidió caracoles y yo una ensalada de rúcula y parmesano. La rúcula se ve que era una variedad distinta de la de acá porque sabía diferente, la forma de las hojas tampoco era la misma, pero igual estaba riquísima.  Después comimos los dos lo mismo, la carne de caza del día que en esa ocasión fue kudu. Rico, silvestre de verdad, carne fibrosa y sin desangrar. Venía con una especie de Rotkohl (chucrut de repollo colorado, vamos) que le quedaba perfecto, una salsita cremosa de pimienta que no le eché porque no me convenció mucho la combinación, y arroz (Nacho fritas). Lo mejor: El pinotage de la casa, exquisito, muy frutado pero nada dulce, una delicia.
Las siguientes dos noches comimos en un restaurante africano ubicado frente al primero: Lekgotla. Vamos a ponerlo así: Quiero volver a Joburg y pasarme una semana internada ahí para poder probar todo el resto de la carta. En la primera cena comí un churrasco de springbok, con salsita de vino tinto sobre colchón de  espinaca y cebada: hands down una de las cosas más ricas que he comido en mi vida. No puedo ver una gacela sin acordarme de ese plato, por favor. Me hace falta mucha falta no sé tú. De acompañamiento pedí mealie pap (puré de maíz blanco) con chakalaka (una salsa picantona). No me convenció mucho, por ahí si hubiera venido con más chakalaka... pero tampoco era cuestión de embotarme la boca de chili y perderme el festival de sabor que era la carne. Nacho comió curry de cocodrilo, ligeramente agridulce. La segunda noche repetimos la entrada de la primera: langostinos marinados en limón y cardamomo y envueltos en masa kataifi sobre queso feta grillado, una delicia. Después comí Kingklip, pescado típico sudafricano, con una salsita de curry y maní, muy rico. Lo acompañé de samp, maíz blanco cocido tipo arroz blanco, estaba bueno.
Después del safari, cuyas comidas ya cubrí en el relato del mismo, Cape Town nos esperaba con más mimos gastronómicos. El mismo día que llegamos cenamos en un restaurant griego del Waterfront, livianito porque habíamos almorzado tardísimo (Nacho hamburguesa de avestruz y yo ensaladota). compartimos una especie de megacroqueta de cangrejo de entrada, venía con dos cachos de calamar encima y una salsita de vino blanco impresionante. Después, pulpo grillado, un clásico que no puede fallar.
El día siguiente era 29, así que tocaban ñoquis. Casi al lado del griego, el italiano San Marco cumplió el propósito. Nacho comió los suyos con salsa Alfredo, yo con una salsita de cajun chicken deliciosa y picantona. Ahí también tenían ricas tortas, hicimos meriendita un día. A la noche comimos cerca del hostel en Ocean Basquet, una cadena de esas a medio camino entre fastfood y restaurant, pero nos echamos una fuente mixta de pescado y marisco que nos dejó pipones por menos de 20 euros.
El miércoles almorzamos en Groot Constantia, probamos el bobotie, especialidad cape-malay (de los musulmanes del cabo). Es una especie de pastel-de-papa-sin-papa, un relleno de carne picada con especias que en vez de estar cubierto con puré lleva un batido de huevo que cuaja al gratinar. Venía con arroz con almendras y pasas (que fueron debidamente separadas) y daditos de anco. Rico, aunque no para cada día. La cena fue en Beleza, a la vuelta del hostel, un local sin pretensiones mezcla de restaurant bar y boutique vintage, con decoración sesentera de reciclaje -me encantaaa- y una carta sencilla de inspiración portuguesa. Compartimos la entrada, mejillones con salsa de vino blanco. Gigantes esos bichos, nunca había visto unos tan grandes*. Después carne grillada con salsa de vino tinto y puré, la carne muy buena, la salsa rica pero para mi gusto le faltaba cocción.
La última noche decidimos castigarnos como corresponde y nos dirigimos a Arnold's, a una cuadra del hostel, que presentando el volante de propaganda te regalaban una botella de vino. Local sencillo que logra un ambiente cool decorado con dos mangos. Lleno hasta la manija. Pedimos facóquero, y cuando vi el cachocostillar que nos trajeron me sentí una pelotuda por haberle preguntado a la camarera si venía con acompañamiento. Las ricas verduras salteadas quedaron de garpe mientras mondábamos las costillitas sin ningún pudor, carne deliciosa, tiernísima y nada grasienta, regada con pinotage a destajo. Sí, nos comimos a Pumba y lo volvería a hacer. Por si no nos hubiera bastado, pedimos postre, Nacho cheesecake y yo un dúo de mousse de chocolate que me noqueó. La de chocolate negro esa muy rica; la de chocolate blanco era suprema, cremosa, sabrosa, intensa.
Por supuesto no faltó algún que otro almuerzo de merdónals o kebab; incluso una noche cenamos en el hostel. Pero a quien no se interese por los animales, ni la botánica, ni la historia del apartheid, ni las olas surferas del Cabo, Sudáfrica bien vale un viaje sólo por la comida.

9.6.12

Cape Town III

El viernes hicimos una excursión de día completo al Cabo de Buena Esperanza. Como quien dice, la punta del mapa. En realidad, el extremo sur de África no es el Cabo, sino cabo Agulhas, un poco más al sudoeste, pero durante muchos años, los de las grandes travesías, se creyó que era Buena Esperanza. Total, que le quedó la fama.
Pero además el Cabo es parte del Parque Nacional de Table Mountain, tierra de fynbos -la riquísima vegetación típica del Cabo y hogar de muchos animales, incluyendo el pingüino del cabo y la ballena franca, que se reproduce en estas costas como en la Patagonia. 
Salimos a la mañana por la ruta panorámica que da a la playa. En la combi éramos 10, además del guía, y salvo él y nosotros, todos los demás eran yanquis, una pareja de mediana edad y el resto estudiantes que estaban en Cape Town por no se qué congreso o qué monga; por suerte todos gente normal. Paramos primero en Hout Bay, parece que es un pueblito muy peculiar pero la verdad que en el plan excursión de combi no valió mucho la pena la parada, ya que nadie queria hacer la excursión en barquito a la isla de los lobos marinos (que hubiera sido lo suyo si hubiera estado incluida en nuestro tour pero no era el caso). 
De ahí fuimos a la pingüinera de Boulders Beach. Los pingüinos del Cabo son chiquititos, apenas me deben pasar de la rodilla. La pingüinera está en aguas de la Armada: al adjudicarse el ejército ese trecho de costa como base, quedó vedada la pesca; y los pingüinos, ante la resultante abundancia de alimento, decidieron instalarse. 
Seguimos un poco más al sur. Por el camino vimos un par de babuinos, y por suerte no vimos ninguno más. Es que estos monos son un problema cuando aprenden que la gente puede ser una fuente de "golosinas": roban carteras, bolsos y similares, atracan tachos de basura, se meten en casas y restaurantes, e incluso saben abrir puertas de autos. No destacan por su buen carácter, tienen colmillos grandes y son especialmente corpulentos debido a su alimentación rica en proteínas: son la única colonia de babuinos que baja a la playa regularmente para juntar mariscos. Por el parque patrullan guardas cuyo trabajo es mantener a los micos alejados de los lugares frecuentados por la gente, y aun así, por todos lados hay carteles de advertencia. Paramos para montar en bici -veníamos remolcándolas en un trailer a tal efecto. Así que siguió una bicicleteada de unos 6 km, casi todo en bajadita o plano, por las rutas capenses, admirando el paisaje, hasta el centro de visitantes de Buffelsfontein. Allí almorzamos en plan picnic, y después volvimos a agarrar las bicis hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza propiamente. Justo donde empieza la playa, una pareja de avestruces. Mientras el guía acomodaba las bicis de nuevo en el trailer, emprendimos la caminata que va desde el Cabo de Buena Esperanza hasta la Punta del Cabo (sí, son puntos distintos, y acá todo, todo lleva el nombre "cabo" adosado). Un sendero increíble que va bordeando la costa por la cima del acantilado, en el que las olas rompen con violencia y mucha espuma. Sobre las rocas está plagado de dassies (wiki dice que en castellano es damán, pero no me gusta), un bichito tamaño conejo grande, pero con orejitas pequeñas, con los cuales tuve que ejercer estricto control de mis impulsos estrujativos, ya que los muy panchos no se asustaban para nada de nosotros. Más adelante en la senda vimos un puercoespín muerto :( Pero la cereza del postre, al doblar en una curva, fue un eland que estaba pastando en toda su majestuosidad. Con el segundo aliento llegamos al faro antiguo,  en lo más alto del acantilado: casi 300 metros sobre el nivel del mar. Curiosamente, esta altura lo hacía poco eficiente, ya que la niebla solía comprometer la visibilidad. Más abajo se encuentra el faro nuevo, pero no tuvimos tiempo -ni energías-para ir. Las vistas durante todo este recorrido, repito, son impresionantemente bellas. 
Llegamos al hostel cansados pero como era la última noche fuimos a comer afuera, a un restaurant cercano donde presentando su volante publicitario te regalaban una botella de vino - un pinotage divino. A pesar de que las porciones eran gigantes, fuimos lo bastante cerdos para pedir postre.
La mañana del sábado fuimos hasta el mercado vecinal de Woodstock, un rejunte moderno de negocios boho-chic, artesanías finas para la casa, mercado de productores locales y puestitos de comida gourmet. Nacho se comió una ciabatta de bresaola, parmesano y rúcula; yo me compré un jarabe de rosas. Volvimos al centro, caminamos hasta el hostel atravesando los Company Gardens donde grandes y chicos por igual alimentaban a las ardillas y las palomas, juntamos las cosas y nos fuimos al aeropuerto para emprender el regreso al verano alemán, que nos recibiría con 10 grados menos que el invierno africano.

Cape Town's the place for me
Cape Town I love you so
Durban is pretty, and so is Joburg city
but it's Cape Town a place for me
and how its climate suits me to a tee
Bloemfontein and Mafikeng
all is nice as anything,
but Cape Town's the place for me

(Instant Juancho's Hit que sonaba en el bus turístico).

8.6.12

Cape Town II

El ticket del bus turístico que habíamos comprado era de dos días, por lo que el miércoles lo aprovechamos a full. Cape Town está encajada entre las frías aguas del Atlántico sur y Table Mountain, un macizo de cima plana -de ahí el nombre- de casi 1100 metros de altura. Detrás de Table Mountain, que hace de barrera a las nubes y el viento que vienen del oeste, las precipitaciones son 4 veces más abundantes que en la ciudad, y la vegetación es exhuberante. Un poco más atrás aún, comienza Constantia, la más antigua de las regiones vitivinícolas de Sudáfrica. Ese era nuestro objetivo.
Primeramente bajamos del bus en los jardines botánicos de Kirstenbosch. Fundado en 1913, fue el primer jardín botánico del mundo creado con el objetivo exclusivo de preservar la flora única del cabo y, hasta el día de hoy, sólo alberga especies aborígenes. Sólo unas pocas hectáreas están ajardinadas: el resto es el paisaje natural de la zona. Paseamos un buen rato, admirando todo tipo de plantas y desasnándonos de cuántas especies habituales de los jardines y balcones argentos tienen su cuna aquí: agapantos, planta de la moneda, del dólar, malvones, pelargonium, calas, aloes, calanchoe, éricas, ave del paraíso, flor de cuero, lacito de amor, y esas son sólo las que me acuerdo ahora. Me mataron las aloes y cactus arborescentes. Podríamos (al menos yo) habernos pasado todo el día ahí, pero las bodegas nos esperaban, así que volvimos a montarnos al bus y nos fuimos rumbo a Groot Constantia
Groot Constantia fue el primer viñedo de Sudáfrica, establecido en 1685, y viene produciendo vinos desde entonces. Lamentablemente la casa museo estaba cerrada, pero luego de almorzar en uno de los dos restaurantes de la viña hicimos la visita guiada a la bodega que finalizó con una degustación de vinos. No compramos ninguno: el 60% de la producción de Groot Constantia se exporta a Alemania. Su vino más famoso, de postre, el Grand Constantia, era sensación en las cortes y el jet-set europeo de los siglos 18 y 19. Se dejó de fabricar con la famosa plaga de filoxera, pero hace unos años volvieron a producirlo.
El recorrido del bus turístico es circular y siempre en el mismo sentino, por lo que a la salida de la bodega tuvimos que pasar por las varias localidades playeras del conurbano capense. Sólo nos bajamos en una, Camps Bay. La playa divina, ancha, con arenas blancas y pendiente suave. Lo malo: que el agua del Atlántico es fría con ganas, en verano más que en invierno ya que recibe la corriente antártica. Las olas son poderosas, así que la costa del Cabo es un paraíso para los surfers, eso sí, con riguroso traje de neoprene.
El jueves, por fin, fuimos a Robben Island. El viaje, en un barquito antiguo, dura casi una hora. Primeramente te llevan en un micro a recorrer un poco la isla. Pasamos por la casita donde estuvo detenido uno d elos tantos presos políticos del Apartheid (no me acuerdo los nombres, sori: la política no es lo mío), la iglesia, la cárcel para presos comunes, con mucha menos seguridad que la de los activistas; y por la cantera donde los hacían picar piedra y que era el único lugar donde los presos podían charlar entre ellos con cierta libertad. Todo esto sin bajar del micro. Después llegamos a la cárcel propiamente, y allí un ex preso nos dio el tour. Tenía un acento muy fuerte y me perdí de bastantes cosas, pero huelga decir que no la pasaban bien. Las celdas de los presos políticos eran más chicas que los caniles donde guardaban los perros, y no tenían ni cama, apenas una estera y cuatro mantitas. Cape Town está en la misma latitud que Buenos Aires, así que en invierno se cagaban de frío mal.
Previo a la isla, como el barquito salía al mediodía, pasamos por la antigua municipalidad, que alberga una colección de arte holandés de los siglos 17-18. Estuvo discreta pero bien para ocupar la mañana.


"My dear," said [Mrs. Jennings to Elinor], entering,
"I have just recollected that I have some of the finest
old Constantia wine in the house that ever was tasted,
so I have brought a glass of it for your sister. My poor
 husband! how fond he was of it! Whenever he had a touch
 of his old colicky gout, he said it did him more good than
anything else in the world. Do take it to your sister."
Jane Austen, Sense and Sensibility, ch. 30

5.6.12

Cape Town I

Al dia siguiente de terminar el safari volamos a Cape Town. Ya desde el taxi que nos llevó del aeropuerto al hostel se veía una ciudad de aspecto mucho más welcoming que Joburg: más chica, más diáfana, edificios más bajos, más verde, con mar. Una impresión del todo subjetiva, hago la salvedad, ya que de Joburg poco y nada pude ver.
El hostel donde estuvimos, divino. Camas robustas, de tronco, cuchetas en L ideales para quien viaja de a 2, por el lugar extra que da para guardar -o desparramar- pertenencias; cocina amplia y super equipada para cocinarse si uno quiere; salón con sofás, tele, compu, mesa larga, dvds, revistas, libros; un patio hermoso (que por ser invierno no tuvimos ocasión de usar) con jazmines del Paraguay, un árbol de palta, un jacarandá, un banano, y muchas otras plantas en macetas, sobre todo crasas y aloes (es inacabable la variedad de aloes que hay en África). Todo nuevo, lindo, de buen gusto, limpísimo.
Una vez instalados y almorzados dedicamos la tarde a caminar por la ciudad.  El centro histórico me encantó: junto a las construcciones más antiguas, de estilo holandés, se erigen un montón de edificios art decó. En la calle principal, Long St., hay negocios de ropa alternativos, vintage, tiendas de deportes playeros, de música, librerías de viejo, pubs, hostels, anticuarios. Al final de la calle está la zona de megahoteles, el CTICC (Cape Town International Convention Centre) y el acceso al Victoria & Alfred Waterfront, la versión local de Puerto Madero. En los antiguos muelles, dársenas y bodegas se alinean shoppings, restaurantes, amarraderos de yates, hoteles de lujo. Dimos vueltas y cenamos en una de las terracitas, en un restaurant griego, liviano porque habíamos almorzado tarde. Tomamos un taxi de vuelta al hostel. Después nos enteraríamos, y comprobaríamos, que acá también se usa el piripipí.
Al día siguiente amaneció nublado, choto, frío. Queríamos ir a Robben Island (donde estuvo preso Mandela, hoy museo) pero al llegar al Waterfront ya se había largado a llover y nos informaron que estaba suspendido el ferry. Sin posibilidad de hacer otros paseos al aire libre, decidimos comprar un boleto para el bus turístico -el clásico rojo de dos pisos que anda por toda ciudad turística que se precie- y aprovechar el recorrido por todas las atracciones locales, en una ciudad donde el transporte público no abunda. Empezamos por visitar el acuario "Two Oceans". Ya sabrán mis Hordas de Fans que estos lugares me provocan sentimientos muy encontrados, mi corazón tironeado entre mi amor por los animales y el sufrimiento de verlos encerrados, pero el acuario estaba al toque, bajo techo, y teníamos 10 Rand (1 Euro) de descuento en la entrada con el boleto del bus. Los tanques mostraban ecosistemas del Atlántico y del Índico. Me gustó un tanque con peces varios donde indicaba el estatus de las dictintas especies con respecto a la pesca: cuáles se pueden comer con tranquilidad y cuáles se encuentran en estado vulnerable o amenazadas y, por lo tanto, no deberían aparecer en el comercio ni en los restaurantes. Parece que seguiré mucho tiempo sin probar abalones. Como era 29, almorzamos ñoquis en un restaurant italiano del Waterfront, con sendos billetes de 20 Rands bajo el plato.
De allí fuimos con el bus hasta el centro, caminamos por la arbolada Government Avenue, en realidad un paseo peatonal bordeando los Company Gardens y lleno de ardillas -europeas- que comieron chocolate de mi mano. Y no cualquiera, ¿eh? Lindt 70% que me había venido con el espresso de media mañana en el Waterfront y me había guardado para después.
Visitamos a continuación el Museo Nacional de Arte. Había una exposición de dibujos de una tal Barbara Tyrrell, ilustradora y diseñadora de modas que allá por los años 30 se largó a recorrer Sudáfrica en una primitiva combi retratando los varios atuendos de las distintas etnias, y siguió en esa labor hasta que le dio el cuero. La expo celebra el 100º cumpleaños de la artista. En un ala contigua había una retrospectiva de un Peter Clarke, pintor y poeta nacido en 1929. Me gustaron más sus primeros trabajos, sin embargo los más nuevos distaban mucho de ser ladris. En la sala central había una serie de pinturas y esculturas contemporáneas, algunas mejores y algunas no tanto pero todas calificaban de arte. La última ala, sin embargo, no escapó a la incongruencia y albergaba una olvidable videoinstalación.
Volvimos a tomar el bus y nos bajamos en el Castillo de Buena Esperanza. En realidad es una ciudadela, el edificio más antiguo de Sudáfrica, construido en 1666 por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. No entramos -ya estaba cerrado y además es museo militar, not our cup of tea- pero lo admiramos de afuera y nos volvimos al hostel caminando.

29.5.12

Parque Kruger: días 3 y 4

Día 1  Día 2

Si la víspera estuvo colmada de elefantes y jirafas, éste fue el día de .la cebra. Desde temprano y durante todo el día fuimos encontrando grupetes También conseguimos un buen avistamiento de una rinoceronte y su cachorro. A estas alturas ya eran pocos los animales "nuevos" que cruzamos, un par de antílopes que no habíamos visto antes -incluyendo ñus- y poco más. Pudimos hacer buenas fotos de las mangostas enanas y de un pájaro precioso, el lilac-breasted roller. el momento simpático de la mañana vino de la mano de un pajarraco de mierda - literalmente. Los rinocerontes, si bien son solitarios, defecan en "letrinas" comunitarias, formando grandes círculos de bosta desparramados por toda la sabana. Pues bien, en uno de estos excusados había un pájaro, de tamaño similar a una perdiz, muy bonito, todo sea dicho, acluecado en la mierda como si estuviera en un spa. Picoteaba se ve que bichitos que viven ahí, y de vez en cuando se revolcaba en la bosta seca como si no hubiera mañana, echándosela por el lomo y todo, y tan feliz, él. Un poema.
Después del brunch llegamos a una laguna. Además de los infaltables impalas, y un cocodrilo muy a la distancia, había una hipopótamo nadando ¡con su bebé! El resto de la tarde la pasamos buscando a ver si aparecían los felinos y encontrando de todo menos eso. Cerca de la entrada del parque había leones, pero estaban escondidos entre la maleza y no se veía nada.
Como era la última noche, cenamos braai, el asado sudafricano. Había salchicha y avestruz. Los sudafricanos son carnívoros, y saben usar una parrilla: el fuego prendido con tiempo para que haga buena brasa, la carne cocida regulando la distancia para que no se arrebate.
Para aprovechar el último día, volvimos a levantarnos tempranísimo. Enseguida de salir encontramos una manada de búfalos, eran un montón. Seguimos dando vueltas, nos pasaron un tip de leones y hacia allí fuimos, efectivamente había un grupete de varios machos -todos torrando- y una hembra. Y ahora que alguien ponga la hilo musical setentoso, porque el macho que estaba más despierto se acercó a la hembra y la sirvió ahí delante de todo el mundo. Lion porn, oh yeah. Más adelante tuvimos un semi-replay del segundo día: en un árbol estaban los restos de un impala ya comido, y los buitres se las estaban arreglando como podían para morfárselo, amuchándose en las ramas, enredándose en la copa y acechando desde un risco vecino. Apareció una hiena, tuerta ella, y estuvo dando vueltas, pero lo que quedaba del cadáver estaba muy bien colgado, no parecía que fuera a caer pronto, así que la hiena se volvió a meter monte adentro (aunque calculo que no debe haber ido muy lejos). A todo esto ya se nos había ido la mañana; hicimos el último brunch y emprendimos la vuelta de nuevo para Johannesburgo, desde donde al día siguiente partimos para Ciudad del Cabo.